23 Mayo 2004 Seguir en 
A los 25 años, Gael García Bernal derriba fronteras interpretativas y territoriales. Puede cambiar tanto de sexo como de acento, ser drag queen española (en "La mala educación" es la "chica Almodóvar" más atípica) o mito histórico en ciernes (hizo un "Che" Guevara juvenil en "Diarios de motocicleta", de Walter Salles). Lo cierto es que el actor que saltó a la fama con el controvertido filme "Y tu mamá también" se conviertió esta semana en la revelación de Cannes.
Gael habla cuatro idiomas y tritura registros y acentos. Pero va por la vida sin la obsesión de construir una carrera, con discurso propio y dejando al paso una mezcla de ímpetu, dulzura, lucidez y reserva. De hecho, acaba de ser tentado para trabajar con el mismísimo Steven Spielberg y ya hay críticos que lo catalogan como el Brad Pitt mexicano. Dice que conoce a muchas mujeres llamadas Gael pero que nunca se ha interrogado por el significado de su nombre. A sus padres, actores, les gustó y bastó. Su madre tenía 18 años cuando lo tuvo, así que los primeros nueve meses de vida de Gael fueron una pura gira teatral. "Ser actor es lo único que no he escogido. Desde pequeño lo he sido. Incluso pensaba que mis padres lo eran porque así lo había elegido yo. Vivíamos como gitanos, de teatro en teatro, y pensaba que así era el mundo. No es que mis papás hayan fomentado mi vocación, sino que para estar cerca de ellos tenía que estar en ese ambiente del teatro", recuerda el artista.
Estudió en su Guadalajara natal, en un colegio británico enfocado hacia las artes. "Siempre estuve en un tipo de escuelas activas y de izquierda", dice. A los 17 años se instaló en Londres y se ganó la vida como camarero y albañil, hasta que con el dinero de una beca se matriculó en la Central School of Speech and Drama (fue el primer latinoamericano que lo logró). Ya había hecho algunos trabajos en México, como la telenovela "El abuelo y yo", donde coincidió con su gran amigo Diego Luna. "Somos amigos de manera muy pura, porque somos muy distintos, pero nos divertimos con las mismas cosas", señaló.
Saltó a la fama en 2000 con "Amores perros", de Alejandro González Iñárritu. Pero "Y tu mamá también" (Alfonso Cuarón, 2001) lo convirtió en una estrella. "Hasta entonces todo había sido un juego, incluido ?Amores perros?. Los juegos son algo serio, no hay más que ver cómo se concentran los niños cuando juegan. Ahora estoy entrando en un momento en el que me doy cuenta que todo esto es artesanal. Y tiene que ver con tomar las cosas con calma, trabajar solo en lo que me gusta, hacer lo que yo quiero, cuidarme a mí mismo, quererme a mí mismo", dijo.
El cambio
Esta elección lo llevó a aceptar dos papeles muy disímiles entre sí, pero que lo conviertieron en Cannes en el actor más aplaudido. Porque no es común que un artista de 25 años llegue a uno de los festivales más importantes del mundo para presentar dos de las películas más esperadas que él mismo protagoniza: "La mala educación", de Pedro Almodóvar y "Diarios de motocicleta", de Salles. Pero fue el papel del "Che" el que lo cambió para siempre. "Hubiera sido un desperdicio que no me hubiera cambiado", dijo el actor mexicano. Comentó asimismo que afrontó su personaje con miedo y con la sensación de que no se lo merecía y que, pese a la intensa preparación, que lo llevó a documentarse sobre la situación política de los países latinoamericanos que a mediados del siglo pasado conoció Guevara, tenía la sensación de que no estaba del todo preparado. "Tenía la sensación de que no me lo merecía, pero conforme transcurrió el tiempo hubo un momento en particular que fue como una válvula de escape para que las cosas comenzaran a funcionar mejor", relató el actor.
Gael habla cuatro idiomas y tritura registros y acentos. Pero va por la vida sin la obsesión de construir una carrera, con discurso propio y dejando al paso una mezcla de ímpetu, dulzura, lucidez y reserva. De hecho, acaba de ser tentado para trabajar con el mismísimo Steven Spielberg y ya hay críticos que lo catalogan como el Brad Pitt mexicano. Dice que conoce a muchas mujeres llamadas Gael pero que nunca se ha interrogado por el significado de su nombre. A sus padres, actores, les gustó y bastó. Su madre tenía 18 años cuando lo tuvo, así que los primeros nueve meses de vida de Gael fueron una pura gira teatral. "Ser actor es lo único que no he escogido. Desde pequeño lo he sido. Incluso pensaba que mis padres lo eran porque así lo había elegido yo. Vivíamos como gitanos, de teatro en teatro, y pensaba que así era el mundo. No es que mis papás hayan fomentado mi vocación, sino que para estar cerca de ellos tenía que estar en ese ambiente del teatro", recuerda el artista.
Estudió en su Guadalajara natal, en un colegio británico enfocado hacia las artes. "Siempre estuve en un tipo de escuelas activas y de izquierda", dice. A los 17 años se instaló en Londres y se ganó la vida como camarero y albañil, hasta que con el dinero de una beca se matriculó en la Central School of Speech and Drama (fue el primer latinoamericano que lo logró). Ya había hecho algunos trabajos en México, como la telenovela "El abuelo y yo", donde coincidió con su gran amigo Diego Luna. "Somos amigos de manera muy pura, porque somos muy distintos, pero nos divertimos con las mismas cosas", señaló.
Saltó a la fama en 2000 con "Amores perros", de Alejandro González Iñárritu. Pero "Y tu mamá también" (Alfonso Cuarón, 2001) lo convirtió en una estrella. "Hasta entonces todo había sido un juego, incluido ?Amores perros?. Los juegos son algo serio, no hay más que ver cómo se concentran los niños cuando juegan. Ahora estoy entrando en un momento en el que me doy cuenta que todo esto es artesanal. Y tiene que ver con tomar las cosas con calma, trabajar solo en lo que me gusta, hacer lo que yo quiero, cuidarme a mí mismo, quererme a mí mismo", dijo.
El cambio
Esta elección lo llevó a aceptar dos papeles muy disímiles entre sí, pero que lo conviertieron en Cannes en el actor más aplaudido. Porque no es común que un artista de 25 años llegue a uno de los festivales más importantes del mundo para presentar dos de las películas más esperadas que él mismo protagoniza: "La mala educación", de Pedro Almodóvar y "Diarios de motocicleta", de Salles. Pero fue el papel del "Che" el que lo cambió para siempre. "Hubiera sido un desperdicio que no me hubiera cambiado", dijo el actor mexicano. Comentó asimismo que afrontó su personaje con miedo y con la sensación de que no se lo merecía y que, pese a la intensa preparación, que lo llevó a documentarse sobre la situación política de los países latinoamericanos que a mediados del siglo pasado conoció Guevara, tenía la sensación de que no estaba del todo preparado. "Tenía la sensación de que no me lo merecía, pero conforme transcurrió el tiempo hubo un momento en particular que fue como una válvula de escape para que las cosas comenzaran a funcionar mejor", relató el actor.






