Volvería a crecer la intención de siembra de trigo

Los productores tienen el aliciente de que fueron eliminados los derechos de exportación y los permisos de embarque (ROE). Es por ello que en nuestra región y en Tucumán, que todavía no sufre los graves problemas con las lluvias, como en la zona núcleo, se calcula que los valores en superficie aumenten respecto de los sembrados en 2016 con trigo y garbanzo.

Gustavo Frías Silva
Por Gustavo Frías Silva 22 Abril 2017

A pesar de que todavía el sector productivo de granos esta recién comenzando la trilla en la provincia de los cultivos de soja, luego de que las intensas lluvias cesaron y está permitiendo la entrada de las trilladoras a los campos a medida que los suelos se van secando, ya hay productores que están pensando en la próxima siembra invernal, un poco planificando labores futuras, pero también aprovechando el viento de cola que se viene dando en la producción de trigo nacional.

Es casi seguro que este año, con un Gobierno Nacional que está fomentando su cultivo con las medidas tomadas al principio de su gestión, el cultivo de trigo en el país está volviendo a ser tradicional, por lo que los productores esperan que el título de “granero del mundo” podrá ser nuevamente mencionado por los países compradores de nuestro cereal.

Este título que tuvo el país se fue perdiendo como consecuencia de las políticas agropecuarias y de los enfrentamientos campo-gobierno que se dieron en los gobiernos anteriores, que sólo generaron una falta de estímulo para aumentar o continuar con la siembra de granos, sobre todo los invernales.

La caída de área implantada del cereal de invierno que se dio en campañas anteriores fue consecuencia de las bajas expectativas y de la nula rentabilidad que tenían los productores, debido principalmente a una política agropecuaria desacertada.

Números en baja 

Diez años atrás, la cosecha nacional de trigo fue de 16,9 millones de toneladas y la producción mundial, de 626,7 millones.

En el último ciclo, la Argentina produjo 12,5 millones de toneladas (26% menos), mientras que el mundo alcanzó los 726,4 millones (16% más). Para la siembra de este año, en nuestro país, se pronostican caídas adicionales importantes.

Esta reducción de la producción que se registra, con altibajos en los últimos años en nuestro país, es consecuencia de la respuesta de los productores a las malas condiciones de rentabilidad y a medidas restrictivas del comercio del cereal, que determinaron que durante varias campañas los productores no pudieron vender su cosecha y la tuvieran que guardar, durante un cierto tiempo, hasta que aparecieran los compradores. Ante esa realidad, muchos productores han optado por casi no sembrar trigo en 2015, lo que perjudicó la vida económica de las comunidades pampeanas y disminuyó el ingreso de divisas para el país.

Por suerte, esa situación ya fue revertida ya que en la campaña pasada se estimó una cosecha récord de 18,3 millones de toneladas dejando un saldo exportable de 11 millones de toneladas.

En un estudio realizado por los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA) se observó que, desde el ciclo comercial 2007/8 al 2013/14, se comercializaron 86,2 millones de tn de trigo, de las cuales, por las restricciones comerciales impuestas, el 56% se negoció por debajo del valor que correspondería haber pagado mensualmente en el mercado argentino. Dentro de ese volumen (48,2 millones de tn), el 23,4% se vendió a valores menores al 70% de paridad, en tanto que el resto se comercializó con precios que representaron entre el 70% y el 90% del valor teórico correspondiente. Se refleja, así, el alto impacto en los ingresos de los productores de las restricciones cuantitativas a la actividad comercial triguera.

Es cierto que la campaña gruesa que se va trillando en el país viene sufriendo las inclemencias de las lluvias, que perjudican la recolección y se están dando pérdidas importantes en ciertas provincias, lo que aumenta la preocupación actual de actuar en lo urgente y no ver el futuro de una nueva siembra. Además, se suman los inconvenientes de la inflación y la suba de precios en general, sobre todo de insumos importantes como el combustible, que enfrían el ánimo de siembra.

Lo cierto es que para recuperar la competitividad de la actividad triguera, se requieren otros cambios que son parte de las variables macroeconómicas.

Hoy los productores tienen el aliciente de que fueron eliminados los derechos de exportación y los permisos de embarque (ROE). Es por ello, que en nuestra región y en nuestra provincia, que todavía no sufre los graves problemas que se dan en otras zonas del país con las lluvias, a pesar de lo que pasó en el sur tucumano, se calcula que para esta campaña los valores en superficie aumenten un poco más a los sembrados en 2016 con el cereal invernal y con el garbanzo. Seguramente, que si ciertos parámetros mejoran, los productores sembrarán más cultivos invernales con un poco más de tecnología.

Lo cierto es que, en nuestra región, el trigo que se produce, en general, es barato, debido a que muchos lo usan como cobertura, situación que se acentuaba con las anteriores condiciones de comercialización. Hoy, el futuro del trigo cambió por las mejores condiciones de políticas agropecuaria que hicieron aumentar el interés del productor. El sector solo espera que las autoridades nacionales puedan enderezar aún más el rumbo económico, político y social, y lograr que la producción agropecuaria sea nuevamente el pilar donde se apoya el país.

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