El perfil aperturista y dialoguista del nuevo gabinete de Julio Miranda descoloca y pone distancia entre el gobernador y su vicegobernador Sisto Terán. La impronta negociadora y de consenso que marca a fuego a Miranda, por sus orígenes sindicales, se impuso en la gestión de los nuevos hombres del gabinete. Eso es precisamente lo que puso en evidencia las diferencias de conducta entre el jefe del Ejecutivo y su compañero de fórmula del 99.
Terán es un hombre de choque, de confrontación, sin pelos en la lengua. Su manera distinta de ver las cosas, y de actuar en consecuencia en el plano político, es lo que abonó en los últimos tiempos la versión del distanciamiento, que no es tal entre ellos.
Ambos se necesitan, como los polos magnéticos opuestos. Para Miranda, Terán es un mal necesario, ya que puede decir lo que él debe callar por su condición de hombre que siempre apostó al consenso. Así llegó al poder en Tucumán, y no cambiará.
El accionar de los nuevos colaboradores del mandatario expuso más a Terán, ya que es el único en el Gobierno que sale a decir lo que el resto no se anima, o que por aconsejable prudencia silencian.
Antes de los cambios en el Poder Ejecutivo, Antonio Guerrero y José Alberto Cúneo Vergés tampoco ahorraban palabras a la hora del choque político -más el primero que el segundo-. Pero hoy no están. Y frente a la conducta del nuevo ministro de Gobierno, Fernando Juri, de admitir que se cometieron errores -en los casos de la Justicia, como la reforma de la Ley Orgánica de Tribunales-; del perfil bajo que muestra el sucesor de Cúneo Vergés (Fernando Juri Debo); de la actitud de Alejandro Sangenis de convocar a ex bussistas a su Ministerio de Salud Pública (que aparentemente fueron los que gestaron su encuentro con Ricardo Bussi, del cual este salió a decir que el Gobierno roba), Terán parece un sapo de otro pozo.
En los últimos días, las diferencias con Miranda se hicieron más notorias en algunos temas, tales como el llamado a elecciones nacionales anticipadas (Terán la justifica, Miranda se opone), la posición frente a la Fiscalía Anticorrupción (Terán dijo que es anticonstitucional, Miranda guardó prudente silencio) o la actitud a asumir frente al diputado nacional José Ricardo Falú (Terán lo acusa de hipócrita y de manejar un sector de la Justicia, Miranda siempre fue cauto al respecto).
En el nuevo cuadro del gabinete, con los colores tenues que impone Miranda, Terán brilla de más. En este último tramo de la gestión del mirandismo, donde se quiere cambiar la imagen del Gobierno frente a la sociedad -con personalidades que reflejan lo que pretende Miranda-, Terán sobresale por sus posiciones radicales. Desentona con el nuevo discurso del mirandismo.
No levantó vuelo, sucede que el resto decidió volar más bajo. Y seguirá así porque no es fusible y porque no lo pueden callar, pese a que desde el propio Miranda para abajo le pidieron que bajara los decibeles.
Sólo la Justicia -o una parte de ella, manejada por Falú, como le gusta repetir al vicegobernador- le puede causar un dolor de cabeza con la continuidad de la investigación por el supuesto cohecho en el voto por la reforma constitucional. El futuro de Terán depende de la Justicia.
29 Mayo 2002 Seguir en 
Por Juan Manuel Asis







