Van a menudo de la mano porque una es, con cierta, frecuencia un vehículo de la otra. Y aunque suele ocupar un lugar privilegiado entre los defectos del ser humano, la falta de respeto hacia las opiniones o prácticas de los demás se ha vuelto una moneda corriente desde hace unos lustros. “La intolerancia pertenece a todos los tiempos”, sostenía el escritor francés Anatole France. La otra está presente a diario, tanto en las acciones, como en las palabras. Se la encuentra en todas partes con distintos ropajes. Es la acción de utilizar la fuerza y la intimidación para conseguir algo. “La violencia es el miedo a los ideales de los demás”, afirmaba Mahatma Gandhi. En esta ocasión, la víctima fue el arte.
La apertura de la Bienal de Fotografía Documental, que suele hacerse en la Casa Histórica de la Independencia, se vio opacada cuando horas antes un par de personas iracundas destruyeron la intervención artística “Una puerta y dos ventanas. Imagen del Bicentenario”, del fotógrafo Res, montada en la facha del solar, que consistía en pilas de diarios. “Es una lástima porque este muro de diarios iba a ser parte de la inauguración. Luego iban a ser retirados, pero estas personas ya habían venido el martes para amenazarnos, mientras armábamos la pared de diarios. El miércoles, se presentaron, nos dijeron que el arte tenía un límite; que estábamos mancillando un símbolo patrio, y entonces empezaron a tirar todas las cosas”, relató el artista. El agresor justificó su acción, diciendo: “no estoy contra del arte y su libertad, pero esto fue una falta de respeto al valor histórico y a la patria”.
La directora de la Casa Histórica, Patricia Fernández Murga, lo definió como “un acto de intolerancia, con violencia, pero que habla de la situación que vivimos. Hay que respetar la diversidad, que tanta sangre costó, como la propia Independencia” y agregó: “expresa nuestra propia identidad como argentinos, donde no se comprenden a veces los acontecimientos históricos y no se aceptan las diferencias... valoro la propuesta artística realizada en absoluta libertad”.
El artista afirmó luego que su intención estaba muy lejos de provocar a alguien. “Me parecía que era una intervención en la cual se veía cómo los medios pueden facilitar o entorpecer las emancipaciones. El concepto de la obra es la búsqueda de vincular la comunicación con la idea de independencia”, aseveró. El director de la Bienal, Julio Pantoja, señaló que la independencia de la que trata la Bienal, tiene que ver también con la libertad de expresión y que aprovecharán el desafortunado hecho para “reflexionar con más fuerza y empoderarnos desde el arte de las imágenes para mirar al futuro y confrontar estas posiciones totalitarias”.
Si estaban en desacuerdo con la obra en cuestión, en lugar de destruirla, los agresores podrían haber canalizado su protesta a través de mecanismos constitucionales y no imponiendo por la fuerza una postura nacionalista. El arte contemporáneo es un reflejo de nuestro tiempo y como tal tiene sus adeptos y sus detractores, pero lo importante es que pueda expresarse sin censura. La historia nos muestra que el fundamentalismo es el principal enemigo de la libertad. La intolerancia y la violencia se oponen al diálogo y a la democracia. “El furor de la intolerancia es el más loco y peligroso de los vicios, porque se disfraza con la apariencia de la virtud”, decía el poeta Robert Southey (1774-1843).
La apertura de la Bienal de Fotografía Documental, que suele hacerse en la Casa Histórica de la Independencia, se vio opacada cuando horas antes un par de personas iracundas destruyeron la intervención artística “Una puerta y dos ventanas. Imagen del Bicentenario”, del fotógrafo Res, montada en la facha del solar, que consistía en pilas de diarios. “Es una lástima porque este muro de diarios iba a ser parte de la inauguración. Luego iban a ser retirados, pero estas personas ya habían venido el martes para amenazarnos, mientras armábamos la pared de diarios. El miércoles, se presentaron, nos dijeron que el arte tenía un límite; que estábamos mancillando un símbolo patrio, y entonces empezaron a tirar todas las cosas”, relató el artista. El agresor justificó su acción, diciendo: “no estoy contra del arte y su libertad, pero esto fue una falta de respeto al valor histórico y a la patria”.
La directora de la Casa Histórica, Patricia Fernández Murga, lo definió como “un acto de intolerancia, con violencia, pero que habla de la situación que vivimos. Hay que respetar la diversidad, que tanta sangre costó, como la propia Independencia” y agregó: “expresa nuestra propia identidad como argentinos, donde no se comprenden a veces los acontecimientos históricos y no se aceptan las diferencias... valoro la propuesta artística realizada en absoluta libertad”.
El artista afirmó luego que su intención estaba muy lejos de provocar a alguien. “Me parecía que era una intervención en la cual se veía cómo los medios pueden facilitar o entorpecer las emancipaciones. El concepto de la obra es la búsqueda de vincular la comunicación con la idea de independencia”, aseveró. El director de la Bienal, Julio Pantoja, señaló que la independencia de la que trata la Bienal, tiene que ver también con la libertad de expresión y que aprovecharán el desafortunado hecho para “reflexionar con más fuerza y empoderarnos desde el arte de las imágenes para mirar al futuro y confrontar estas posiciones totalitarias”.
Si estaban en desacuerdo con la obra en cuestión, en lugar de destruirla, los agresores podrían haber canalizado su protesta a través de mecanismos constitucionales y no imponiendo por la fuerza una postura nacionalista. El arte contemporáneo es un reflejo de nuestro tiempo y como tal tiene sus adeptos y sus detractores, pero lo importante es que pueda expresarse sin censura. La historia nos muestra que el fundamentalismo es el principal enemigo de la libertad. La intolerancia y la violencia se oponen al diálogo y a la democracia. “El furor de la intolerancia es el más loco y peligroso de los vicios, porque se disfraza con la apariencia de la virtud”, decía el poeta Robert Southey (1774-1843).
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