29 Mayo 2002 Seguir en 
"En el comienzo del Libro III Virgilio anuncia la Eneida, donde ensalzaría el triunfo de Octavio (Augusto), el fin de las guerras y el advenimiento de un período nuevo para el mundo romano: el fin de las guerras civiles y de conquista, que inauguraría, para el mundo antiguo, la paz Augústea.El deseo de Octavio fue sugerido a Virgilio por Mecenas: Octavio deseaba que se le perdonase su ambición dominadora que quería legitimar y al mismo tiempo apuntaba al deseo de restaurar las antiguas virtudes de la raza italiana: el gusto por la agricultura, el regreso de los romanos a la tierra. Después de tantas guerras civiles y de conquista en el exterior, Octavio forja su programa de Estado. La paz que programa tiene como referente máximo al hombre romano, que fuera propietario de pequeñas parcelas de tierra, y que había abandonado para hacerse soldado al servicio de Roma.
Además, Octavio deseaba reconquistar el amor al suelo italiano en los grandes terratenientes, cuyos latifundios se encontraban convertidos en enormes campos de cacería. Por otra parte, la clase dirigente se confiaba ahora en las cosechas de trigo que enviaban a Roma provincias como Egipto y Africa. Roma se alimentaba de ellas.
Virgilio se había ganado la aquiescencia del público romano con las Bucólicas, su obra anterior. Al sentir el incentivado mandato de Mecenas, el poeta se instaló en Nápoles, gozando también de una propiedad en Nola, cercana a la ciudad, un retiro campestre, cesión debida a Octavio.Virgilio planificó su obra en cuatro libros. El primero trata sobre la naturaleza del suelo; el segundo, sobre los árboles, en especial la vid; el tercero, sobre la cría del ganado; y el cuarto, sobre la apicultura.
En toda la obra surgen los sentimientos religiosos y morales. Frente al ateísmo de Lucrecio, predecesor de Virgilio, este confirma su creencia en la Providencia divina, en la íntima dependencia que existe entre lo humano y lo divino. Así se explica la constante invocación a los dioses, diosas, divinidades menores, genios protectores... Las Geórgicas están cargadas de la religión romana, en el mejor sentido de la palabra. A su vez, esta religiosidad romana, vívida, tiene como compañera una vida modesta consagrada al trabajo.
En Las Geórgicas, el lector moderno puede apreciar la sensibilidad humana y artística de Virgilio. Por ello, la Naturaleza toda se personifica, cobra vida, se humaniza.Finalmente, el libro IV se cerraba con un elogio al poeta Cornelio Galo, a quien Virgilio había celebrado en la décima Bucólica. Pero como Cornelio Galo perdió el favor de Octavio y se quitó la vida, Virgilio sustituyó el elogio al nombrado poeta por el episodio del amor de Orfeo y Eurídice. A nuestro parecer, es la sublime finalización de Las Geórgicas, debida a la sin par sensibilidad poética y humana de Virgilio".
Además, Octavio deseaba reconquistar el amor al suelo italiano en los grandes terratenientes, cuyos latifundios se encontraban convertidos en enormes campos de cacería. Por otra parte, la clase dirigente se confiaba ahora en las cosechas de trigo que enviaban a Roma provincias como Egipto y Africa. Roma se alimentaba de ellas.
Virgilio se había ganado la aquiescencia del público romano con las Bucólicas, su obra anterior. Al sentir el incentivado mandato de Mecenas, el poeta se instaló en Nápoles, gozando también de una propiedad en Nola, cercana a la ciudad, un retiro campestre, cesión debida a Octavio.Virgilio planificó su obra en cuatro libros. El primero trata sobre la naturaleza del suelo; el segundo, sobre los árboles, en especial la vid; el tercero, sobre la cría del ganado; y el cuarto, sobre la apicultura.
En toda la obra surgen los sentimientos religiosos y morales. Frente al ateísmo de Lucrecio, predecesor de Virgilio, este confirma su creencia en la Providencia divina, en la íntima dependencia que existe entre lo humano y lo divino. Así se explica la constante invocación a los dioses, diosas, divinidades menores, genios protectores... Las Geórgicas están cargadas de la religión romana, en el mejor sentido de la palabra. A su vez, esta religiosidad romana, vívida, tiene como compañera una vida modesta consagrada al trabajo.
En Las Geórgicas, el lector moderno puede apreciar la sensibilidad humana y artística de Virgilio. Por ello, la Naturaleza toda se personifica, cobra vida, se humaniza.Finalmente, el libro IV se cerraba con un elogio al poeta Cornelio Galo, a quien Virgilio había celebrado en la décima Bucólica. Pero como Cornelio Galo perdió el favor de Octavio y se quitó la vida, Virgilio sustituyó el elogio al nombrado poeta por el episodio del amor de Orfeo y Eurídice. A nuestro parecer, es la sublime finalización de Las Geórgicas, debida a la sin par sensibilidad poética y humana de Virgilio".







