28 Mayo 2002 Seguir en 
"En cuanto al comportamiento de los españoles en las nuevas regiones donde se asentaban, el mismo obispo (Abad de Illana) afirmó: ?Viene un español. Pone una pulpería de cosas comestibles y de licores: gana algunos pesos con que adquiere una lonja de campo en la que hace una estancia, o hace un gran acopio de mulas para revenderlas en el Perú. Con esas ganancias ya es hombre rico. El hijo, con el bien o mal ganado dinero de su padre, vive ocioso y derrocha la fortuna heredada. Le sigue el nieto que, por mucho que se esfuerce, viene a parar en pedir limosna?.
Con esa parábola, tal vez exagerada y no siempre cumplida, se acuñó un dicho de la época española: El padre pulpero, el hijo caballero y el nieto pordiosero. La misma fuente indica que trabajar con las manos era descrédito entre los españoles, pero lo más notable no era que así ocurriera entre los descendientes de los encomenderos, amos de esclavos, sino que se repitiera entre los más modestos de los españoles recién llegados.Todos, por ser españoles, se calificaban caballeros y como tales no debían rebajarse a trabajar como artesanos, o en oficios estimados viles. No se conceptuaban entre estos últimos las actividades de los pulperos y de los tenderos, porque a ellas se dedicaba la mayoría, salvando así la hidalguía española. Si los españoles recién llegados despreciaban los trabajos considerados viles, muchos de sus hijos aspiraban a ser doctores, pues la Universidad de Córdoba era un centro de atracción. En el conjunto de la población, los negros y mulatos sobrepasaron en muchos miles a los españoles y a los blancos americanos, con diferencias notables en Tucumán y Córdoba.
El reverso de esa medalla demográfica se encuentra en Jujuy, donde los indios superaban en mucho a los esclavos y mulatos y a la población blanca, que formaban la élite gobernante y social, y era en extremo muy inferior numéricamente, pues para la década de 1770, 620 encomenderos españoles poseían 11.181 indios encomendados.
La primera referencia indirecta al gaucho se debe a Hernandarias, pues en 1615, en carta al rey, señaló que los ?mozos sin oficio que andan por los campos viviendo de la matanza del ganado alzado fueron obligados a trabajar en las chacras (chácaras se las denominó inicialmente) en las épocas de cosechas?. Pero esas afirmaciones fueron refutadas por los cabildos de Corrientes y de Concepción del Bermejo, que negaron la existencia de vagos y de hombres sin ocupación cierta. A tal grado de celo llegó el Adelantado que se jactó de haberles quemado la yerba para tomar mate y roto las guitarras (1617), pues con ellas dejaban pasar las horas sin hacer nada de provecho. Al respecto escribió: ?Los grandes inconvenientes que hay en beberla (a la yerba) han llegado hasta el Perú, y en Tucumán es muy general este vicio, por demás de ser sin provecho y que consumen y gastan sus haciendas en comprarla, hace a los hombres viciosos, haraganes y abominables?. Esta última afirmación de vender sus haciendas para comprar yerba coincide con la anterior en la que sostiene que viven de matar ganado alzado, pues este se consideraba mostrenco (sin marca de propiedad particular), y también en párrafos posteriores, de vender los cueros".
Con esa parábola, tal vez exagerada y no siempre cumplida, se acuñó un dicho de la época española: El padre pulpero, el hijo caballero y el nieto pordiosero. La misma fuente indica que trabajar con las manos era descrédito entre los españoles, pero lo más notable no era que así ocurriera entre los descendientes de los encomenderos, amos de esclavos, sino que se repitiera entre los más modestos de los españoles recién llegados.Todos, por ser españoles, se calificaban caballeros y como tales no debían rebajarse a trabajar como artesanos, o en oficios estimados viles. No se conceptuaban entre estos últimos las actividades de los pulperos y de los tenderos, porque a ellas se dedicaba la mayoría, salvando así la hidalguía española. Si los españoles recién llegados despreciaban los trabajos considerados viles, muchos de sus hijos aspiraban a ser doctores, pues la Universidad de Córdoba era un centro de atracción. En el conjunto de la población, los negros y mulatos sobrepasaron en muchos miles a los españoles y a los blancos americanos, con diferencias notables en Tucumán y Córdoba.
El reverso de esa medalla demográfica se encuentra en Jujuy, donde los indios superaban en mucho a los esclavos y mulatos y a la población blanca, que formaban la élite gobernante y social, y era en extremo muy inferior numéricamente, pues para la década de 1770, 620 encomenderos españoles poseían 11.181 indios encomendados.
La primera referencia indirecta al gaucho se debe a Hernandarias, pues en 1615, en carta al rey, señaló que los ?mozos sin oficio que andan por los campos viviendo de la matanza del ganado alzado fueron obligados a trabajar en las chacras (chácaras se las denominó inicialmente) en las épocas de cosechas?. Pero esas afirmaciones fueron refutadas por los cabildos de Corrientes y de Concepción del Bermejo, que negaron la existencia de vagos y de hombres sin ocupación cierta. A tal grado de celo llegó el Adelantado que se jactó de haberles quemado la yerba para tomar mate y roto las guitarras (1617), pues con ellas dejaban pasar las horas sin hacer nada de provecho. Al respecto escribió: ?Los grandes inconvenientes que hay en beberla (a la yerba) han llegado hasta el Perú, y en Tucumán es muy general este vicio, por demás de ser sin provecho y que consumen y gastan sus haciendas en comprarla, hace a los hombres viciosos, haraganes y abominables?. Esta última afirmación de vender sus haciendas para comprar yerba coincide con la anterior en la que sostiene que viven de matar ganado alzado, pues este se consideraba mostrenco (sin marca de propiedad particular), y también en párrafos posteriores, de vender los cueros".







