BUENOS AIRES.- "No podemos seguir fuera del mundo" o "debemos hacer lo que el resto del mundo nos exige" fueron las frases latiguillo que se escucharon de parte del Gobierno, del presidente Eduardo Duhalde y de sus ministros, durante las últimas semanas.
Pero ya que estamos encima del Mundial Corea-Japón es bueno recordar lo que pasó después del Mundial 78, que ganó la Argentina: vino "Resto del Mundo" a jugar a Buenos Aires y ganó.
Y en este momento la gran pregunta es quién ganará en la puja entre la Argentina y el resto del mundo. Eso tiene una traducción en términos prácticos: arreglar con el Fondo, seguir con los ajustes provinciales, cumplir los 14 puntos, o mandar todo al diablo, seguir un camino independiente, que consulte las aspiraciones nacionales y abra un futuro al pueblo argentino.
En ese punto se yergue un "Plan B", "Plan Fénix", "Plan Carbonetto", como vías para seguir un modelo nacional pero dentro del capitalismo. O bien otros agitan un trapo rojo para asustar diciendo que sería cubanizarnos. Pero ya no hay un modelo cubano o soviético para inspirarse. La lucha por ser como el resto del mundo o diferenciarse tiñe todo el debate político.
Duhalde tuvo que confesar que pensaba distinto, pero que lo convenció de "restomundizarse" la dura experiencia de casi cinco meses de gobierno y los consejos que le dieron los gobernantes europeos durante su reciente gira: "primero arregle con el Fondo Monetario Internacional y después hablamos".Eso explica el extraordinario cansancio del Presidente, que quizás determine su alejamiento en los próximos días, lo cual no significa que quien lo suceda tenga un panorama mejor.
Otros políticos proclaman: debemos decirle que no al Fondo, o al resto del mundo, y afrontar las consecuencias, como piensa la diputada Elisa Carrió; ellos han ganado puntos en los días más recientes.
Depende también de que no todos entienden lo mismo por "resto del mundo". En el Congreso las posiciones en pro o en contra de lo que podría llamarse "restomundismo" están empatadas.
Esto se vio en el debate en la Cámara Baja sobre la Ley de Subversión Económica. Todos quieren pertenecer al mundo, en general, porque si no la Argentina sería como Paraguay en la época del dictador Gaspar Francia, es decir, un país completamente segregado del exterior. Pero por entonces el paraguas de la coalición globalizadora eran Gran Bretaña y sus afanes hegemónicos.
Ante la decisión del gobierno del presidente George W. Bush, de aplicar subsidios agrícolas por 170.000 millones de dólares en diez años, el Ejecutivo argentino -en lugar de enhebrar una estrategia coherente para hacer valer sus derechos de país estafado en el comercio internacional-, se maneja con señales de humo o gestos simbólicos como amenaza de renuncias o que se vayan todos, o que todos vayan presos.
La competitividad recuperada por la Argentina después de la maxidevaluación, se ve empalidecida por la sombra de la hiperinflación y lo que puede pasar en una salida desordenada del corralito. No podremos aprovechar la ventaja de tener un tipo de cambio actualizado y que permita fundar una nueva economía, sobre la base de trabajos que tengan que ver con la inserción internacional y no con el gasto público terminado.
27 Mayo 2002 Seguir en 
Por Pablo Kandel







