Desaforados con fueros

La escala de valores en el tapete del recinto.

27 Mayo 2002
Por Alvaro Jose Aurane

Gumersindo Parajón lo advertía siempre. Desde su banca y a los gritos, aunque con tono didáctico. "La discusión es ideológica", martillaba en el debate de los temas centrales que llegaban a la Legislatura. Pero en la última sesión no lo dijo.
Precisamente, el rechazo del pedido de desafuero no tuvo trasfondo ideológico. Cuando radicales, peronistas y bussistas exiliados votaban por quedarse a la sombra de sus privilegios, lo que se estaba discutiendo, en realidad, era la escala de valores de la actual composición legislativa.
Los pastores de la Iglesia Católica tucumana, en sus homilías del sábado, le asignaron a la "transparencia" el carácter de un valor reclamado por la sociedad. La mayoría parlamentaria privilegió, en cambio, un corporativismo que todo lo opaca.
Los que le tienen miedo a una investigación de la Justicia sobre sus bienes, no permitieron que quienes estaban dispuestos a ser requisados pudieran salvarse de la repulsa generalizada.
Será interesante oír mañana si los agitadores de las teorías conspirativas urden que también el clero está en campaña contra el Parlamento provincial.

Revelaciones
"Los legisladores no serán nunca molestados por los votos que constitucionalmente emitan", dice el artículo 58 de la Carta Magna tucumana, mil veces invocado por los sospechados, que consideran a la investigación judicial como una molestia.

Otros aportes provinieron de Mariano Poliche ("¡de acá nos tienen que sacar con los votos!") y de Camilo Khoder ("del mismo modo que yo, cualquier verdulero de 55 años puede tener un auto. Sin ofender a los verduleros").
Lo propio hicieron Fernando Lossi ("llegué acá por político y no por estúpido") y Juan Carlos Mamaní ("creo en la Justicia de la gente"). Este último hasta fue procaz con el titular del Poder Ejecutivo, considerando racistas a quienes no son sus aliados: "hay gente a la que le molesta que el negrito -sic- de Julio Miranda gobierne la provincia".
A la autocrítica le opusieron una peligrosa chabacanería.
Los que se aferraron a los fueros actuaron desaforadamente.

Contra ellos mismos
Establece un principio de Derecho que nadie puede alegar su propia torpeza como excusa ante una infracción. Pero así lo hicieron los imputados. Desde la Cámara se volvió a entorpecer el armado de una causa negando información. Y después, unos se rieron y otros se ofendieron por errores en determinados datos.
A la seriedad que demandaba la hora le opusieron la risotada.
Fue revelador, incluso, escuchar a los que aseguraban que no se les había dado derecho a la defensa, pero votaban contra el desafuero. Con ello, justamente, impedían que se instrumentara la investigación, en la que podrían corregir errores y defenderse de las acusaciones.
Al sentido común le opusieron incoherencias y más de 21 votos.
La Cámara de los dos tercios de sus miembros bajo sospecha se ha quedado sola. Sumida en la paranoia de que todos complotan en su contra. Sin capacidad para reconocer sus yerros. Y resentida con el Gobierno, al que acusa de haberla abandonado, luego de desautorizarla vetando la separación de Esteban Jerez de la Fiscalía Anticorrupción.
No hubo un solo parlamentario el sábado en las ceremonias conmemorativas del 25 de Mayo. Es decir, en los actos de Miranda. Ni siquiera el vicegobernador Sisto Terán, quien hizo realidad en la Cámara todos los antojos de su jefe, soñando con ser elegido otra vez como compañero de fórmula, si se logra habilitar la reelección.
Nada más duro que oponer a las apetencias la cruda realidad.

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