En la película "La vida es bella", Guido, el personaje de Roberto Benigni, está encerrado con su hijo Giouse en un campo de concentración de los nazis y sabe que no tiene futuro. Su único objetivo es hacer que su hijo no se dé cuenta de que está en medio del infierno, y por ello le disfraza la realidad diciéndole que todo es un gran juego.
El Tucumán de estos días recuerda mucho a esa película. La gente padece como si estuviera en el infierno, y las imágenes de los niños que no tienen alimento en las escuelas o en los comedores infantiles son sobrecogedoras. La situación, que era precaria, explotó en marzo, cuando apareció en LA GACETA la foto de Dalía Rocío Manrique, la niña desnutrida de Concepción.
Por compulsión
Pero los políticos no vieron ese infierno. Reaccionaron por vergüenza y por compulsión, recién cuando el país puso los ojos en Tucumán. Cuando apareció por televisión la alumna Barbarita Flores, de la escuela Nougués, gritando que no tenía qué comer, y cuando llegaron las donaciones para los desnutridos.
Demasiado tiempo ha pasado desde el 2 de marzo, cuando los médicos pidieron ayuda para los desnutridos severos. Desde el 16 de abril, cuando se supo que los alumnos se desmayaban de hambre en la escuela Nougués. Desde el 11 de mayo, cuando se denunció que el 40% de los chicos de Villa Quinteros estaba desnutrido, y que sólo había alimento para 200 de los 900 alumnos de la escuela Tambor de Tacuarí. Esperaron a que murieran seis niños en la Maternidad para reaccionar. Recién ahora se hacen los pedidos de informes y se motorizan proyectos legislativos para ayudar a la Maternidad o a las poblaciones del sur. ¿Cambiará esta manera de actuar de los políticos cuando la polvareda se aplaque?
El triste papel de la Legislatura hace pensar que no: desde enero a hoy, la Cámara nunca se reunió para analizar la crisis social. Lo hizo para aprobar una nueva emisión de bonos (que contribuyó a desvalorizar más el papel pintado), la prórroga de la emergencia económica y del pago con los despreciados tickets, la polémica ley del Consejo de la Magistratura (que luego derogó), la polémica ley de emergencia de las Pyme (que luego rectificó), la polémica ley que sacaba al fiscal anticorrupción (que luego derogó) y, finalmente, la triste defensa de sus privilegios, al rechazar el pedido de desafuero del juez Víctor Pérez, en lugar de allanarse de una vez para mostrar si el patrimonio de los legisladores creció o no con el dinero público.
Ambitos distintos
En ninguna sesión se trató el drama de los niños desnutridos ni las fallas en la distribución de alimentos a los comedores. O si es correcta o no la política del bombero que el Gobierno aplica frente a la crisis alimentaria y de salud, que se agrava cada día.
Viven a contramano, en otra realidad, como la que Guido le quería hacer creer a su hijo en la película. Sólo que el personaje tenía la esperanza de preservar la inocencia del niño, para que saliera lo más íntegro posible del infierno. En la realidad tucumana, no está muy claro en qué parte del infierno están los políticos. Si en la del personaje de Benigni, que crea una mentira piadosa, o en la de los nazis, responsables de ese infierno.







