De los epistolarios

(De la introducción de Alba Omil a "Epistolarios", por varios autores, Ediciones del Rectorado, UNT, Tucumán).

25 Mayo 2002
"Reunimos en este volumen algunos estudios sobre el género epistolar, y también un breve apéndice con unas cartas sumamente ricas, no sólo por sus actores -aquellos que hablan, o de los cuales se habla- representativos de algún momento y de algún aspecto de nuestra historia; inclusive por el reflejo de época: descripción de ambientes, de costumbres, narración de acontecimientos, lenguaje, en fin, que pueden ser elementos motivadores para futuros trabajos.
Quien escribe una carta ofrece información sobre sí mismo y sobre todo lo que lo rodea, aunque hay que tener en cuenta que esta información está presentada a través del cristal de su apercepción, es decir, teñida de subjetividad, modificada por su ideología, por su posición social, por su cultura, por el estado de ánimo con que se escribe, por las motivaciones que lo llevan a comunicarse, et al.Hay que tener presente que las cartas son textos que en la intención del autor, por lo general no tuvieron un destino literario (Lázaro Carreter, 2000, p. 191) sino una intención comunicativa específica, íntima, personal y deliberada. Sin embargo, independientemente de ella, conllevan una función histórica que las trasciende, con o sin la determinación, con o sin conocimiento, del locutor que en ellas se expresa.
Es decir que las cartas podrían considerarse dentro del campo de textos referenciales, de los que habla Phillippe Lejeune, que pretenden aportar información sobre una realidad exterior al texto. Y esto es lo que les concede valor referencial.
Hace medio siglo Alfonso Reyes, en su estudio preliminar a un Epistolario memorable (1956), señalaba: ?Sin el estudio de las cartas, la cultura en general (tesoro espiritual acumulado por las generaciones), la historia, la biografía, las letras, presentan zonas de silencio, o a veces, carecen de explicación. Ellas, como decía el Dr. Johnson, nos permiten apreciar los actos en sus motivos, los sistemas en sus elementos, sin contar con el deleite desinteresado de viajar por otros paisajes interiores del hombre que sólo las cartas nos franquean?.
En el precitado estudio, Alfonso Reyes hace, al pasar, una clasificación general de las cartas: privadas, semiprivadas y públicas. Al margen de las múltiples clasificaciones que se puedan establecer en esta materia, nos apoyamos en esta general, para referirnos al material aquí reunido, ateniéndonos a las diferencias que se observan en la actitud del actor-narrador.
El apéndice aludido registra una carta privada -personal- de Dolores Helguero a su hermano dentro de un marco de identidad que, a su juicio, jamás trascendería del ámbito familiar. Esto le confiere a la epístola un sabor de intimidad-verdad casi indiscutible.
Las cartas privadas generan mundos autónomos donde caben el remitente y el destinatario. Son microclimas que encierran múltiples elementos en clave, prietos, enrollados, que el destinatario descodificará, expandiendo el mensaje, y donde interactúa el yo que escribe con el yo del otro, a quien se dirige, que puede contestar y dar su propia opinión, en coincidencia, o no, con la del remitente".

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