Día de la Patria

Hoy se requiere la fibra de los hombres de Mayo.

25 Mayo 2002
Una obligación insoslayable de las generaciones actuales -como lo fue de las anteriores y lo será de las venideras- es la conmemoración del 25 de Mayo de 1810, fecha ilustre en que los habitantes de este suelo iniciaron su aprendizaje como pueblo libre. Asumieron la responsabilidad de luchar por ese ideal, con sacrificio de su tranquilidad, de sus bienes materiales y de sus vidas, hasta asentar las bases de lo que sería nuestra República Argentina. Ello ocurrió hace 192 años.
Se inició entonces una serie de acontecimientos, tanto jubilosos como tristes, que la historia ha registrado en sus páginas para constituir la memoria de los argentinos. Sucesos que testimoniaron, en sus diversas instancias, la pugna de un pueblo por edificar su propio destino y por fijar todo eso que veneramos como valores y principios esenciales de nuestro ser nacional.
Valorada como actitud popular, la Revolución de Mayo ha sido destacada, por sus contemporáneos y por quienes analizaron posteriormente sus circunstancias y sus características, como un hecho social, militar y político de contornos especiales y nada frecuentes. Pensemos que se produjo en un ámbito económico de muy mediana importancia, signado por la incomunicación -o la comunicación muy difícil- entre las distintas radicaciones humanas de su extenso territorio. Pero, por ese sentido de unidad que a pesar de todo existía con fuerza, a la decisión tomada inicialmente por Buenos Aires se fueron adhiriendo todas las jurisdicciones sin disensión.No debemos olvidar que, sobre el movimiento, pesaba como característica negativa la pobreza de los habitantes y su escaso índice cultural, todo lo cual hubiera estrechado, teóricamente, la posibilidad de captación de los ideales políticos de avanzada que se preconizaban, y que buscaban formas de gobierno nunca aplicadas en esta parte del mapa.
Justamente, el análisis de estas condiciones no puede sino llevarnos a destacar la suma de grandeza espiritual que necesitó la generación de Mayo para adoptar la grave decisión de 1810, y que si primero se enmascaró bajo el pretexto de resguardar los derechos del monarca, manifestaría de inmediato su irrevocable afán independentista. Frente a un porvenir que se presentaba oscuro, nuestros fundadores no titubearon en obrar. Así, pronto estuvieron enfrentados a la guerra contra los realistas, con un sacrificio enorme de bienes y vidas, y con la incertidumbre de una empresa para la cual contaban con muy escasos medios.
Los años posteriores fueron durísimos y las circunstancias adversas se presentaron con toda su furia. Junto a las derrotas militares vinieron la postración económica del erario y el desentendimiento entre los distintos sectores de la dirigencia y del pueblo. Pero luego los triunfos vendrían a coronar la obra iniciada aquel "frío y lluvioso" 25 de mayo. Nuestro Tucumán y el Noroeste serían piezas clave en esa acción revolucionaria que no solamente instaló la libertad en nuestro suelo, sino que posteriormente la expandió a tres naciones de América con las campañas sanmartinianas. Y fue desde nuestra ciudad que, en 1816, se proclamó a todos los pueblos de la tierra que la Argentina era una nación libre e independiente.
A todo esto lo sabemos, pero interesa especialmente recordarlo en el aquí y ahora de nuestra Nación. Porque las fechas patrias, en un pueblo maduro, no deben ser ocasión para los grandes discursos, sino para reafirmar los valores que son su sustento, por encima del paso de los siglos.
Muchos y gravísimos problemas tiene la Argentina actual, y nadie podría discutirlo. Pero pensamos que nuestro pueblo será capaz de superarlos si es capaz de poner, en ese propósito, todo lo que aportaron aquellos humildes vecinos de 1810: la fe en sus propias fuerzas, la capacidad de sacrificio, el profundo amor a su tierra. Vale la pena pensarlo.

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