Casi la mitad de las internas de la cárcel de mujeres tiene causas por homicidio

En la mayoría de los casos, se trata de personas condenadas por haber asesinado a su pareja o a sus hijos. Más de la mitad de las presas no tienen antecedentes y la edad promedio supera los 25 años.

TRAS LAS REJAS. La foto muestra una de las habitaciones que comparten las internas, desde el lado de afuera. Duermen en cuchetas.
TRAS LAS REJAS. La foto muestra una de las habitaciones que comparten las internas, desde el lado de afuera. Duermen en cuchetas.
09 Febrero 2004
Muy temprano, se escucha abrir un candado. El sol caliente del verano se cuela entre las rejas. Ellas despiertan. Es un día más para tachar en el calendario. Como cada mañana, las presas deslizan sus miradas por los muros y sueñan con salir en libertad, aunque saben que ya nada será igual.
La vida en la cárcel de mujeres de la Banda del Río Salí está llena de dolor, de crueles historias. Casi el 50% de las presas de Instituto de Rehabilitación Santa Esther tiene causas por homicidios. La mayoría está acusada de haber matado a sus hijos o a sus pareja, dato que marca una diferencia con lo que sucede en gran parte de las cárceles del país, donde la mayoría de las mujeres tiene causas por drogas.
Según los datos proporcionados por la licenciada Silvina Martínez, directora del penal, en la cárcel hay un total de 37 internas. Hay 15 presas por homicidio, 14 por drogas y otras 8 por robos, asaltos y estafas.
"Desde hace dos años aumentaron notablemente las causas por homicidio. Antes había una sola presa por este motivo, mientras que la mayoría cumplía penas por causas federales", destaca Martínez.
"Casi la mitad de las presas tiene causas por homicidio. La mayoría mató a sus hijos o a su pareja. Casi ninguna reconoce el hecho y prefieren no hablar de ello. Pero en general, entienden su estadía en la cárcel como necesaria para pagar por lo que hicieron", explica.

Primarias
Hay 36 internas que son primarias: al momento de ser detenidas no tenían antecedentes. Y, mientras que hay un 15% de detenidas analfabetas, desde este año se notó que muchas de las que entraban a cumplir penas tenían un nivel cultural más alto: casi todas terminaron la escuela primaria y hay tres internas que cursan carreras universitarias. Otro dato también sorprendente es la edad promedio: supera los 25 años, mientras que entre los varones presos la media es de 22.En la cárcel, las presas toman mate, se peinan, se pintan y se cambian todos los días. Parece que están por salir de paseo. "Tratamos de sobrellevar tanta tristeza y encierro. Pero es mejor arrepentirse y llevarse bien con las compañeras para pasar una estadía digna", comenta una interna conocida como Reyna, que tiene una causa por robo.
La mayoría de las internas sueña con la libertad, con recuperar el tiempo que ellas consideran como perdido tras las rejas. Pero reconocen que el día que vuelvan a la calle nada va a ser igual. "La sentencia final la dicta la sociedad. Cuando salgamos nos van a dar la espalda. La mayoría no consigue trabajo afuera", explica Norma.

Citas a ciegas
El 80% de las presas de la cárcel de la Banda del Río Salí tiene novio o pareja en Villa Urquiza, por lo que semanalmente se organizan encuentros en el penal masculino. Otras para entretenerse, se contactan telefónicamente con presos de la cárcel de Villa Urquiza y luego organizan citas a ciegas para conocerlos personalmente.
A pesar de que muchas cumplen penas por haber matado a seres queridos, entre ellas no hablan de los delitos que cometieron. El caso que más estremece entre los muros de la cárcel de mujeres es el de Nora Esther Palavecino, de 23 años, quien está detenida por haber degollado a sus tres hijas el 2 de febrero de 2002. De todas formas, no hacen diferencias. "Aquí todas somos iguales. No importa el delito que hayamos cometido. Nadie pregunta ni acusa a nadie", aclaran.
Algunas presas deben convivir con sus hijos dentro de esos mismos muros, aunque saben que no es lo mejor. José tiene 7 meses y es uno de los primeros bebés que nació en la cárcel de Banda del Río Salí. Ella eligió tenerlo entre rejas, a pesar de reconocer que no es bueno. "Ellos absorben toda la tensión que hay en este lugar, presencian discusiones o situaciones de peligro", admite Andrea Peralta, de 22 años.

En la actualidad, cometen más delitos y mucho más graves

Las cuchetas están separadas por sólo una pequeña baldosa. No entra ni un alfiler. El Instituto de Rehabilitación Santa Esther, de Banda del Río Salí, está superpoblado. Hay sólo un pabellón, de modo que las autoridades del penal tienen que vaciar oficinas e improvisar en ellas celdas porque en el instituto cada vez entran más presas. En total, hay 37 internas (tres de ellas con hijos), aunque sólo hay lugar para 20.
La cantidad de presas ha aumentado considerablemente en los últimos años, por lo que se hace necesario crear más estructuras adecuadas en la provincia, según explicó la licenciada Silvina Martínez, directora de la cárcel.
Se calcula que en la actualidad se hacen más de seis oficios semanales de mujeres que quedan detenidas con causas, mayores de 21 años. Algunas quedan alojadas en la Brigada Femenina de la Policía (hay 30); otras llegan al penal de Banda del Río Salí, y las otras son repartidas en celdas de la Policía Federal o en Gendarmería.
Para quienes defienden la teoría de que la delincuencia y el encarcelamiento femeninos han crecido en relación directa con su emancipación, Martínez aportó una lista de motivos bien distintos. "Tiene mucho que ver la crisis social y cultural que se vive actualmente", expresó, aunque reconoció que la falta de límites en la mujer contribuyó al aumento de su participación en el delito. Martínez aportó que también cambió el tipo de delitos que cometen las mujeres. "Son mucho más graves", especificó.

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