29 Enero 2004 Seguir en 
"Ni a mi peor enemigo le deseo algo como lo que me pasó. Fue algo terrorífico y no me lo voy a poder olvidar jamás". Julio Gianserra todavía tenía los ojos llorosos. Hablaba con indignación, gesticulando y maldiciendo. Ayer, como él mismo lo define, nació de nuevo. Cinco hombres fueron a su casa en Pacará Pintado, San Andrés, y antes de entrar le dieron un tiro en la cabeza. A pesar de eso, pudo contar lo que vivió en una madrugada de terror.
Gianserra tiene una casa a la vera de la ruta 306, donde trabaja en su taller. Se mudó allí hace tres años, pero en los últimos meses su vida cambió radicalmente. "Me robaron dos veces, y ahora casi me matan", dijo. Los delincuentes, todos jóvenes y a cara descubierta, accedieron a su terreno luego de cortar con una pinza el alambre que rodea la propiedad. "Uno de ellos metió la mano por la ventana que da a mi pieza. Yo los había escuchado y les grité que se fueran. No me dijo nada. Me disparó para matarme", agregó Gianserra. El hombre tuvo una suerte extraordinaria. A pesar de tratarse de una bala de calibre 9 mm (uno de los más poderosos) el proyectil le atravesó el cuero cabelludo a la altura de la nuca. Justamente porque le dispararon desde cerca el proyectil no se incrustó en el hueso, sino que literalmente rebotó.
"Deben haber creído que estaba muerto. Entraron después de reventar la puerta. Fue espantoso. Mientras revolvían todo uno me apuntaba con la pistola en la cabeza. De verdad que ahora todavía no me doy cuenta de que puedo contar todo esto. Creí que no iba a sobrevivir", dijo. Los delincuentes actuaron con una saña impresionante. Gianserra tiene una pequeña perra negra, que obviamente les ladraba a los desconocidos. "La agarraron como pelota de fútbol. La patearon por todos lados. Cuando me fui a buscar a la Policía creía que la habían matado. Por suerte sólo le quebraron un diente", relató.
En un carro
Los asaltantes se llevaron un televisor, gran cantidad de herramientas, ropas y una bicicleta. Aparentemente se movilizaban en un carro tracción a sangre. Cuando se fueron, Gianserra le pidió la bicicleta a un vecino y se fue a buscar a la Policía. Sangraba profusamente, por lo que lo llevaron al hospital Padilla, donde le hicieron varios puntos de sutura.
"Una de las cosas que más me sorprendió fue cómo disparaban estos tipos. Yo no había visto nunca algo así. Usaban pistolas y gatillaban con la mano izquierda. Con la derecha agarraban las vainas que iban saltando. No sé dónde pueden haber aprendido eso", dijo. Según Gianserra, fue por eso que cuando fue la Policía no se encontraron casquillos. "Aquí estamos casi desamparados. La Policía está muy lejos. El viernes asaltaron la casa de un herrero. No sabemos qué vamos a hacer para poder vivir tranquilos", se quejó, amargamente, el hombre. Hasta anoche nada se sabía de los ladrones. "No se si estuvieron media hora dentro de mi casa, pero para mí fue una eternidad. Lo más horrible que me pasó en la vida", finalizó Gianserra.
Gianserra tiene una casa a la vera de la ruta 306, donde trabaja en su taller. Se mudó allí hace tres años, pero en los últimos meses su vida cambió radicalmente. "Me robaron dos veces, y ahora casi me matan", dijo. Los delincuentes, todos jóvenes y a cara descubierta, accedieron a su terreno luego de cortar con una pinza el alambre que rodea la propiedad. "Uno de ellos metió la mano por la ventana que da a mi pieza. Yo los había escuchado y les grité que se fueran. No me dijo nada. Me disparó para matarme", agregó Gianserra. El hombre tuvo una suerte extraordinaria. A pesar de tratarse de una bala de calibre 9 mm (uno de los más poderosos) el proyectil le atravesó el cuero cabelludo a la altura de la nuca. Justamente porque le dispararon desde cerca el proyectil no se incrustó en el hueso, sino que literalmente rebotó.
"Deben haber creído que estaba muerto. Entraron después de reventar la puerta. Fue espantoso. Mientras revolvían todo uno me apuntaba con la pistola en la cabeza. De verdad que ahora todavía no me doy cuenta de que puedo contar todo esto. Creí que no iba a sobrevivir", dijo. Los delincuentes actuaron con una saña impresionante. Gianserra tiene una pequeña perra negra, que obviamente les ladraba a los desconocidos. "La agarraron como pelota de fútbol. La patearon por todos lados. Cuando me fui a buscar a la Policía creía que la habían matado. Por suerte sólo le quebraron un diente", relató.
En un carro
Los asaltantes se llevaron un televisor, gran cantidad de herramientas, ropas y una bicicleta. Aparentemente se movilizaban en un carro tracción a sangre. Cuando se fueron, Gianserra le pidió la bicicleta a un vecino y se fue a buscar a la Policía. Sangraba profusamente, por lo que lo llevaron al hospital Padilla, donde le hicieron varios puntos de sutura.
"Una de las cosas que más me sorprendió fue cómo disparaban estos tipos. Yo no había visto nunca algo así. Usaban pistolas y gatillaban con la mano izquierda. Con la derecha agarraban las vainas que iban saltando. No sé dónde pueden haber aprendido eso", dijo. Según Gianserra, fue por eso que cuando fue la Policía no se encontraron casquillos. "Aquí estamos casi desamparados. La Policía está muy lejos. El viernes asaltaron la casa de un herrero. No sabemos qué vamos a hacer para poder vivir tranquilos", se quejó, amargamente, el hombre. Hasta anoche nada se sabía de los ladrones. "No se si estuvieron media hora dentro de mi casa, pero para mí fue una eternidad. Lo más horrible que me pasó en la vida", finalizó Gianserra.







