“Es lo peor que vi en mi vida. Y he visto mucha televisión”, dice un forista. “Es lo mejor que me pasó. Simplemente gracias”, le retrucan al toque. Así, entre amores y odios extremos, navegan los ocho capítulos de “Wet Hot American Summer: First Day of Camp”. Que pueden ser un raspaje de la olla ochentosa o la más ingeniosa vuelta de tuerca al revival que tan bien exploró -por ejemplo- “Guardianes de la galaxia” y tan mal abordó -siguiendo con el razonamiento- “Pixeles”. Lo que la serie jamás contagiará es indiferencia y ese es un gol (otro más) de la factoría Netflix.
La estructura no podía ser otra que la de sitcom, porque más de media hora por episodio puede indigestar. ¿O no? Depende del nivel de complicidad con la historia y con sus protagonistas. Un show vintage de gente grande haciendo y diciendo todo lo que se espera de un adolescente en un campamento de verano. ¿No será mucho? No... o sí.
Pero vamos primero a “Wet Hot American Summer”, escrita y dirigida por David Wain y estrenada hace 15 años. Por estas playas pasó directamente a los viejos y queridos videoclubes. Por momentos estúpida, por momentos brillante, la película se convirtió en un fenómeno de culto. Todo ocurría en el último día de un campamento del verano de 1981, una bola de triángulos amorosos, enredos, perros parlantes, chistes de medio pelo y la inminente caída del laboratorio espacial Skylab sobre las cabezas de todos. Al delirio lo protagonizó una interminable ristra de actores/actrices que, en interesante medida, devinieron figuras o, directamente, estrellas de Hollywood.
Wain guardó su guión y sus personajes, convencido de que la fórmula no estaba agotada, pero la secuela con la que soñaba tomó otro rumbo bajo el paraguas de Netflix. ¿Por qué no una serie? ¿Y por qué no en forma de precuela? La carta matadora que Wain sacó para convencer a la productora fue el okey del elenco. Imposible decirle que no a un show por el que desfilan (en algunos casos en fugaces pantallazos) Bradley Cooper, Paul Rudd, Janeane Garofalo, David Hyde Pierce, Amy Poehler, Elizabeth Banks, el infaltable H. Jon Benjamin, Chris Pine, Jon Hamm, Kristen Wiig, Michael Cera, Weird Al Yankovic y muchísimos más.
El espíritu es el del original, al igual que el humor absurdo, el desfile de estereotipos, los diálogos imposibles y la catástrofe espacial. Tómenlo o déjenlo; no hay respuestas a medio camino para este experimento.
La estructura no podía ser otra que la de sitcom, porque más de media hora por episodio puede indigestar. ¿O no? Depende del nivel de complicidad con la historia y con sus protagonistas. Un show vintage de gente grande haciendo y diciendo todo lo que se espera de un adolescente en un campamento de verano. ¿No será mucho? No... o sí.
Pero vamos primero a “Wet Hot American Summer”, escrita y dirigida por David Wain y estrenada hace 15 años. Por estas playas pasó directamente a los viejos y queridos videoclubes. Por momentos estúpida, por momentos brillante, la película se convirtió en un fenómeno de culto. Todo ocurría en el último día de un campamento del verano de 1981, una bola de triángulos amorosos, enredos, perros parlantes, chistes de medio pelo y la inminente caída del laboratorio espacial Skylab sobre las cabezas de todos. Al delirio lo protagonizó una interminable ristra de actores/actrices que, en interesante medida, devinieron figuras o, directamente, estrellas de Hollywood.
Wain guardó su guión y sus personajes, convencido de que la fórmula no estaba agotada, pero la secuela con la que soñaba tomó otro rumbo bajo el paraguas de Netflix. ¿Por qué no una serie? ¿Y por qué no en forma de precuela? La carta matadora que Wain sacó para convencer a la productora fue el okey del elenco. Imposible decirle que no a un show por el que desfilan (en algunos casos en fugaces pantallazos) Bradley Cooper, Paul Rudd, Janeane Garofalo, David Hyde Pierce, Amy Poehler, Elizabeth Banks, el infaltable H. Jon Benjamin, Chris Pine, Jon Hamm, Kristen Wiig, Michael Cera, Weird Al Yankovic y muchísimos más.
El espíritu es el del original, al igual que el humor absurdo, el desfile de estereotipos, los diálogos imposibles y la catástrofe espacial. Tómenlo o déjenlo; no hay respuestas a medio camino para este experimento.







