23 Mayo 2002 Seguir en 
"El Dr. Sevlever, responsable de la asignatura Medicina Social del curso premédico anual de 1960, observó al auditorio que colmaba el Anfiteatro Central de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario y descerrajó: ¿Por qué eligieron estudiar medicina? Un silencio pesado siguió a su pregunta. Luego, los más desenvueltos comenzaron a desgajar motivos centrados en su mayoría en la ayuda al prójimo y la atracción por lo biológico como herramienta para curarlo. No hubo alusiones al prestigio de la profesión ni al bienestar económico que podía proveer. Eran tiempos en los que, aunque se pensara en ello, causaba pudor su mención. Por otra parte, el mensaje recibido en sus familias por la mayoría de los descendientes de inmigrantes que poblaban la sala había sido, palabras más, palabras menos: si se es buen médico, el resto vendrá por añadidura".
Otros interrogantes latían, empero, dentro de la simple pero contundente pregunta del Dr. Sevlever y ellos estaban siendo investigados desde hacía una década.
Hacia 1951, Ginzberg y colegas intentaron explicar la decisión de estudiar medicina mediante una hipótesis que la percibía como un proceso generado desde muy joven y que, de carácter irreversible y unidireccional, seguía una serie de etapas pre-establecidas llevando al interesado a evitar toda situación (sobre todo, pruebas vocacionales) que pudiera colocarlo frente a otras opciones no deseadas.
Una conjetura alternativa, defendida por Becker, surgió en 1958 planteando que tal decisión implicaba una cadena de sucesos más heterogénea y menos susceptible de predicción.
Durante los años 60, el médico argentino Juan César García compiló y analizó en su libro La Educación Médica en América Latina una multitud de datos recogidos en distintas universidades latinoamericanas sobre diferentes momentos de la carrera médica. A partir de ellos, formuló hipótesis y teorías sobre el quehacer y señaló zonas oscuras dignas de ser investigadas.
Esta suerte de biblia pagana de los educadores médicos hacía puntual hincapié en la decisión de estudiar medicina y demostraba que en la Argentina de los años 60, una importante mayoría de quienes cursaban la carrera médica había pensado por vez primera en ella antes de los 15 años y que había adoptado su decisión final dos años después. A su vez, la casi totalidad de estos aspirantes precozmente orientados hacia la medicina sentía que era la única carrera capaz de satisfacerlos, mostrando que, a mayor precocidad de decisión, mayor era la convicción acerca de la decisión tomada. Por el contrario, apenas un 10% de la población analizada había considerado carreras alternativas...(...)...
Durante la década de 1990, junto al entonces becario alumno Ignacio Javier Villar y al médico Juan Carlos Miguel, indagamos simultáneamente cambios posibles en la decisión de estudiar medicina en un país que había pasado del populismo al liberalismo neoconservador y la existencia de eventuales apoyos para las teorías de Ginzberg o de Becker".
Otros interrogantes latían, empero, dentro de la simple pero contundente pregunta del Dr. Sevlever y ellos estaban siendo investigados desde hacía una década.
Hacia 1951, Ginzberg y colegas intentaron explicar la decisión de estudiar medicina mediante una hipótesis que la percibía como un proceso generado desde muy joven y que, de carácter irreversible y unidireccional, seguía una serie de etapas pre-establecidas llevando al interesado a evitar toda situación (sobre todo, pruebas vocacionales) que pudiera colocarlo frente a otras opciones no deseadas.
Una conjetura alternativa, defendida por Becker, surgió en 1958 planteando que tal decisión implicaba una cadena de sucesos más heterogénea y menos susceptible de predicción.
Durante los años 60, el médico argentino Juan César García compiló y analizó en su libro La Educación Médica en América Latina una multitud de datos recogidos en distintas universidades latinoamericanas sobre diferentes momentos de la carrera médica. A partir de ellos, formuló hipótesis y teorías sobre el quehacer y señaló zonas oscuras dignas de ser investigadas.
Esta suerte de biblia pagana de los educadores médicos hacía puntual hincapié en la decisión de estudiar medicina y demostraba que en la Argentina de los años 60, una importante mayoría de quienes cursaban la carrera médica había pensado por vez primera en ella antes de los 15 años y que había adoptado su decisión final dos años después. A su vez, la casi totalidad de estos aspirantes precozmente orientados hacia la medicina sentía que era la única carrera capaz de satisfacerlos, mostrando que, a mayor precocidad de decisión, mayor era la convicción acerca de la decisión tomada. Por el contrario, apenas un 10% de la población analizada había considerado carreras alternativas...(...)...
Durante la década de 1990, junto al entonces becario alumno Ignacio Javier Villar y al médico Juan Carlos Miguel, indagamos simultáneamente cambios posibles en la decisión de estudiar medicina en un país que había pasado del populismo al liberalismo neoconservador y la existencia de eventuales apoyos para las teorías de Ginzberg o de Becker".







