La caída del bono

Dejar de emitir y rescatar la moneda espuria es la única alternativa.

23 Mayo 2002
Es sobreabundante decir que la cuestión de los bonos de cancelación de deudas que inundan la plaza y su constante depreciación constituyen actualmente un problema capital para los tucumanos. No puede ser de otra manera, si pensamos que prácticamente la totalidad de las remuneraciones salariales se abonan con esos títulos, ya que la divisa nacional ha desaparecido totalmente de la circulación.
El ciudadano se ve entonces acosado, al advertir que se le van cerrando caminos para poder mantener a su familia con tales ingresos. No sólo existe una serie de rubros fundamentales donde no se aceptan de ninguna manera los bonos, sino que se ha pasado a la inevitable etapa siguiente, o sea aquella donde quienes los recibían normalmente han empezado a aceptarlos sólo de modo parcial. No se necesita ser profeta para concluir que, de continuar la depreciación, arribará la última etapa, en la cual los bonos de cancelación de deudas no servirán, directamente, para cancelar nada. Esta es la realidad a la que corremos riesgo cierto de vernos enfrentados en muy poco tiempo más.
Como lo hemos recordado en innumerables oportunidades, el bono pudo convivir un largo tiempo, sin demasiados problemas, con la moneda nacional, porque esta circulaba y aquel constituía solamente una parte del circulante. Y fundamentalmente, porque existía confianza del comerciante en el bono. Sabía que lo depositaba, de acuerdo con la Operatoria FET, y que al cabo de un término fijado la Provincia lo canjeaba por dinero en efectivo.
Pero ese cuadro de situación se ha modificado drásticamente. Se han emitido bonos en una proporción que fue mucho más allá del punto de tolerancia del sistema, lo que dio por resultado la inmediata desaparición del efectivo, de acuerdo con la inexorable y archisabida Ley de Gresham ("la moneda mala desplaza a la buena"). Simultáneamente, la Operatoria FET empezó a dejarse de cumplir, estirándose peligrosamente -y sin certeza alguna- el plazo del rescate. Como consecuencia, el bono perdió esa confianza, que resultaba clave para su circulación sin tropiezos.
Ahora resulta curioso el recurso que el Gobierno provincial ha puesto en marcha con el propósito de sostener los bonos, y que consiste en actuar contra los lugares donde los mismos se cambian por efectivo.
Ello implica atacar las manifestaciones exteriores de un fenómeno, en lugar de operar sobre el fenómeno mismo.
Es sencillo definir qué significaría operar sobre el fenómeno mismo. En primer lugar, habría que dejar de emitir estos títulos; es decir, detener la desaforada inundación de la plaza con ellos, y proceder a revitalizar la Operatoria FET, por medio del canje de los bonos en lapsos razonables que se cumplan sin excepción. Ello además de ir retirando, paulatinamente y en la medida de lo posible, una porción de títulos en cada canje, en lugar de reinyectarlos en el circulante.
Tal sería la manera de detener la depreciación de los bonos, y de evitar que se conviertan en papeles que nadie reciba, y para cuya conversión al efectivo deban aceptarse enormes quitas.
No hay otro camino, ya que una característica de las leyes económicas es su inexorabilidad, según lo comprobamos muy dolorosamente a diario.Parece urgentemente necesario, entonces, que en esta cuestión se asista a acciones concretas, que no pueden ser otras que las obvias consignadas arriba. Si no se procede así, seguiremos en riesgo de entrar en un colapso de impredecibles consecuencias. De ellas no podrá librarse ningún sector de la sociedad, dada la férrea dependencia que la economía de todos tiene respecto del bono.

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