EL PRIMER NÚMERO. Página de comienzo de “Fruto sin flor”, de Juan B. Terán, en la edición inicial de “La Novela de Norte” la gaceta / archivo
“El sarampión de la novela literariamente designada con el nombre de ‘breve’ o ‘corta’, y editorial y popularmente con el de ‘novelita de diez centavos’, se declaró en Buenos Aires en 1917, con los caracteres más alarmantes: 12 centavos semanales por lo menos”, narra el tucumano Adolfo Rovelli en sus escritos inéditos, que consultamos por gentileza de la profesora Honoria Zelaya de Nader.
Agrega que la modalidad “hizo su aparición en Tucumán en 1921, cuando prácticamente la fiebre se extinguía en su foco. Hizo su aparición con ‘La Novela del Norte’, ya que sus congéneres metropolitanas habían impuesto la designación a partir de esa primigenia ‘Novela Semanal”, leída, según sus editores, por más de 350 mil personas en el país”.
La publicación tucumana era una empresa de Miguel C. Agüero y Benito Viola. “Tuvo una vida muy corta: creo que los títulos publicados se contaron con los dedos de una sola mano. ¿Y porqué? Me parece que por motivos igualmente poderosos: el género no daba más y los autores locales menos aún”. Tenía formato de 13 por 21 y 50 páginas con el retrato del autor en la tapa, “cosa esta última que los autores todos debieron tener por la más feliz de las invenciones”.
El primer título fue “Fruto sin flor”, de Juan B. Terán. “Me aventuro a decir, escrita unos veinte años antes del 15 de marzo de 1921, día en que salió a luz”. Se trataba de “cuadros de costumbres políticas tucumanas, con personajes fácilmente reconocibles”. Después “vendría, en el número 2, ‘El esposo espiritual’, de otro autor, que en el bizarro título de su obra se anunciaba como un superrealista, cosa asombrosa para esa época…”
Agrega que la modalidad “hizo su aparición en Tucumán en 1921, cuando prácticamente la fiebre se extinguía en su foco. Hizo su aparición con ‘La Novela del Norte’, ya que sus congéneres metropolitanas habían impuesto la designación a partir de esa primigenia ‘Novela Semanal”, leída, según sus editores, por más de 350 mil personas en el país”.
La publicación tucumana era una empresa de Miguel C. Agüero y Benito Viola. “Tuvo una vida muy corta: creo que los títulos publicados se contaron con los dedos de una sola mano. ¿Y porqué? Me parece que por motivos igualmente poderosos: el género no daba más y los autores locales menos aún”. Tenía formato de 13 por 21 y 50 páginas con el retrato del autor en la tapa, “cosa esta última que los autores todos debieron tener por la más feliz de las invenciones”.
El primer título fue “Fruto sin flor”, de Juan B. Terán. “Me aventuro a decir, escrita unos veinte años antes del 15 de marzo de 1921, día en que salió a luz”. Se trataba de “cuadros de costumbres políticas tucumanas, con personajes fácilmente reconocibles”. Después “vendría, en el número 2, ‘El esposo espiritual’, de otro autor, que en el bizarro título de su obra se anunciaba como un superrealista, cosa asombrosa para esa época…”








