18 Enero 2004 Seguir en 
Durante el recorrido diario por los barrios y por el microcentro, los agentes de la Patrulla Urbana de Prevención encuentran siempre la misma preocupación en la gente: el temor a los delitos callejeros.
De a dos, los efectivos recorren el microcentro y cerca de 30 barrios de la ciudad. Son 600 policías que todos los días atienden los problemas de los vecinos y de los comerciantes, e intentan evitar algunos delitos.
En este acercamiento hacia los ciudadanos, los oficiales recogen distintas opiniones. Las preocupaciones más recurrentes son los delitos callejeros: arrebatos, robos y asaltos. Los ciudadanos también se quejan por la falta de iluminación, por los terrenos baldíos, por los basurales y por los robos en viviendas.
La presencia
"Lo más importante es la presencia de los agentes en las calles, porque disminuye la sensación de inseguridad que tienen los vecinos", explicó el subsecretario de control del Ministerio de Seguridad, Fernando Hevia.
Algunos efectivos que recorren los barrios contaron a LA GACETA que la gente está muy conforme. "La simple presencia ofrece mayor seguridad, los ciudadanos se sienten contenidos; tienen a alguien que escucha los reclamos vecinales y cuáles son sus necesidades", contaron Víctor Molina y Verónica Brandán.
La función principal de la Patrulla Urbana de Prevención es el acercamiento de la Policía al ciudadano y la prevención del delito. Y tiene como objetivo final que la gente recupere las calles. "Queremos que las personas vuelvan a salir sin miedo a las calles, que los niños puedan jugar en las veredas y en las plazas", explicó el jefe de la sección de Patrulla Urbana, el comisario Hugo Ramón Sánchez.
Otro de los objetivos finales de este proyecto de seguridad ciudadana es que cada barrio tenga sus policías, que establezcan una buena relación con los vecinos y que conozcan a la perfección los movimientos de la zona y los problemas que más aquejan a los habitantes del lugar.
Los agentes de la patrulla están armados y pueden actuar ante un delito o para evitarlo. Por ahora, el único problema es la falta de equipo de comunicación, ya que no tienen radios ni celulares. No obstante, los oficiales, en caso de urgencia, piden a los vecinos prestado el teléfono para pedir apoyo policial.
Aunque en los barrios más conflictivos (La Bombilla, El Sifón, Trulalá, 11 de Marzo), los agentes enfrentaron actitudes de rechazo, en la mayoría de los barrios y en el microcentro, los oficiales son bien aceptados.
De a dos, los efectivos recorren el microcentro y cerca de 30 barrios de la ciudad. Son 600 policías que todos los días atienden los problemas de los vecinos y de los comerciantes, e intentan evitar algunos delitos.
En este acercamiento hacia los ciudadanos, los oficiales recogen distintas opiniones. Las preocupaciones más recurrentes son los delitos callejeros: arrebatos, robos y asaltos. Los ciudadanos también se quejan por la falta de iluminación, por los terrenos baldíos, por los basurales y por los robos en viviendas.
La presencia
"Lo más importante es la presencia de los agentes en las calles, porque disminuye la sensación de inseguridad que tienen los vecinos", explicó el subsecretario de control del Ministerio de Seguridad, Fernando Hevia.
Algunos efectivos que recorren los barrios contaron a LA GACETA que la gente está muy conforme. "La simple presencia ofrece mayor seguridad, los ciudadanos se sienten contenidos; tienen a alguien que escucha los reclamos vecinales y cuáles son sus necesidades", contaron Víctor Molina y Verónica Brandán.
La función principal de la Patrulla Urbana de Prevención es el acercamiento de la Policía al ciudadano y la prevención del delito. Y tiene como objetivo final que la gente recupere las calles. "Queremos que las personas vuelvan a salir sin miedo a las calles, que los niños puedan jugar en las veredas y en las plazas", explicó el jefe de la sección de Patrulla Urbana, el comisario Hugo Ramón Sánchez.
Otro de los objetivos finales de este proyecto de seguridad ciudadana es que cada barrio tenga sus policías, que establezcan una buena relación con los vecinos y que conozcan a la perfección los movimientos de la zona y los problemas que más aquejan a los habitantes del lugar.
Los agentes de la patrulla están armados y pueden actuar ante un delito o para evitarlo. Por ahora, el único problema es la falta de equipo de comunicación, ya que no tienen radios ni celulares. No obstante, los oficiales, en caso de urgencia, piden a los vecinos prestado el teléfono para pedir apoyo policial.
Aunque en los barrios más conflictivos (La Bombilla, El Sifón, Trulalá, 11 de Marzo), los agentes enfrentaron actitudes de rechazo, en la mayoría de los barrios y en el microcentro, los oficiales son bien aceptados.







