Las mujeres policías son más aceptadas

Riesgos y sacrificios. En sólo tres meses, se incorporaron 140 chicas. Son madres y esposas, y empuñan armas. En su trabajo, suelen estar más atentas que los hombres

DECIDIDAS. Ilda Torres y Verónica Brandán cuidan a diario a la gente que circula por el microcentro y no se acobardan ante el peligro
DECIDIDAS. Ilda Torres y Verónica Brandán cuidan a diario a la gente que circula por el microcentro y no se acobardan ante el peligro
18 Enero 2004
El esmalte rosa toma otro tono sobre sus uñas. Las manos que alguna vez arroparon a un bebé, que cocinan y lavan platos, también, de a ratos, empuñan un arma. Esas mismas manos, las de la agente Ilda Torres, trabajan de policía. Conocen bien lo que es ser mujer, madre y esposa, y saben, además, defenderse y proteger a los ciudadanos.
Ilda es una de las 140 jóvenes que fueron incorporadas, desde octubre hasta ahora, en las fuerzas policiales. Así, a los 26 años, concretó un viejo sueño postergado: con la misma intensidad con que otras chicas desean ser modelos o tener un negocio, ella ansiaba, desde siempre, ser policía. "Me anoté durante los últimos tres años, pero nunca era seleccionada", cuenta. Hoy, finalmente, recorre las calles del centro como miembro de la sección de Patrulla Urbana de Prevención.
El gusto por esta profesión le llega a Ilda por tradición familiar. Es hija y sobrina de policías, y por eso sostiene que conoce a fondo el oficio. "Es una vida sacrificada y arriesgada, pero me gusta porque siento que soy útil para los demás", dice. Ella quiere ayudar; por eso su voz ni siquiera se altera cuando habla del peligro, y tampoco siente miedo cuando cada día, cerca de las siete, se viste con el uniforme y deja en casa a su esposo y a su hija, de seis años.
Sólo en la sección de Patrulla Urbana de Prevención son 70 las oficiales mujeres, sobre un total de 600 agentes. En total, la Policía de la Provincia actualmente tiene un 10% de personal de sexo femenino, cifra muy superior a la que se venía manteniendo durante los últimos cinco años.
Este fenómeno de incorporación femenina, en opinión del jefe de la sección de Patrulla Urbana, el comisario Hugo Ramón Sánchez, encuentra su explicación en el hecho de que las mujeres son absolutamente imprescindibles dentro de las fuerzas de seguridad. "Contar con mujeres es importante, no sólo porque el rendimiento de las jóvenes es muy bueno, sino sobre todo porque ellas pueden desempeñarse en tareas que a los hombres les cuesta más, como por ejemplo, recibir denuncias de otras mujeres en casos de violaciones", explica.
Sánchez aclara, sin embargo, que la necesidad de hombres y de mujeres es igualmente importante: "Cada uno actúa mejor, según el caso y la situación de que se trate", expresó. Para los recorridos del centro, por ejemplo, Sánchez sostiene que son mejores las mujeres, porque tienen mejor aceptación por parte de la gente y suelen estar más atentas.

"No le tengo miedo al peligro"
De noche, cambia las botas y el ambo azul por un par de tacos y un lindo vestido. Emma Gómez, como cualquier otra chica de 24 años, también disfruta de los fines de semana en los boliches. Aunque durante la semana ella no es como el común de las mujeres: Emma es policía. Aunque no es su única pasión, adora ser parte de la fuerza policial. "Siempre quise hacer esto, y ahora quiero quedarme para siempre aquí", afirma la joven de Bella Vista.
Su otra pasión está vinculada a los estudios. Emma quiere estudiar Ingeniería en Sistemas y aprender Inglés. "Quiero organizar mis horarios y empezar este mismo año a estudiar, porque creo que es importante capacitarse en otros aspectos", explicó la joven, quien además tiene como pasatiempo el endurismo.
Emma todavía no tiene novio, pero asegura que el hombre que esté a su lado tendrá que aprender a entender su vocación de policía. "No tengo miedo al peligro, y los demás tienen que aceptar que yo esté en contacto con el riesgo", dice. En efecto, otra de sus pasiones tiene que ver con el peligro: del curso que tomó para ingresar a la Policía, lo que más le gustó fue la instrucción para el manejo de armas y el entrenamiento físico.

Le apasiona poder servir a la gente
La vida de Verónica Brandán está llena de vaivenes. Pero ella no tiene dudas sobre algo: su vocación de servicio. De la misma manera en que en su casa atiende a sus hijos y al resto de la familia, ella quiere servir a los demás miembros de la comunidad. Y fue en la Policía donde encontró la forma de canalizar esa necesidad.
Verónica se casó muy joven y hoy, a los 26 años, ya tiene un hijo de cinco y otro de dos años. Después de trabajar en una empresa de computación, se decidió por la profesión de su padre, de su abuelo y de sus tíos, y se anotó para entrar como contratada en la Policía. Allí pasó por Criminalística y, ahora, en Patrulla Urbana, ya sabe que lo que más quiere es seguir en la Policía.
La joven sostiene que el peligro no la acobarda. "Ya estuve en algunos procedimientos riesgosos, y sólo sentí fuerzas para cumplir con lo que tenía que hacer", dice. Ahora, incorporada a las filas policiales, Verónica se reparte el tiempo entre las tareas del hogar y las tareas de patrullar las calles del centro. Lo hace por sus hijos, a quienes promete inculcarles el mismo cariño por esta profesión. "Ya sé -sostiene- que esto es lo que más me gusta, y que quiero morir siendo mujer policía"..

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