12 Enero 2004 Seguir en 
Jerusalen.- El primer ministro israelí puso como condición para reabrir el diálogo de paz con Siria que ese país deje de apoyar a grupos guerrilleros.
"Israel demanda a Siria el desarme de los grupos extremistas que operan fuera de su territorio como un prerrequisito para reiniciar los diálogos", expresó ayer Ariel Sharon. La definición fue formulada en medio de la presión sobre Israel para que responda a declaraciones del presidente sirio, Bashar Assad, quien dijo que su país desea renovar el diálogo de paz, abandonado en 2000.
Las conversaciones en esa época se centraban en el pedido de devolución de las Alturas del Golán, una región ocupada por Israel en 1967, a cambio de garantías de seguridad. Siria interrumpió las negociaciones porque Israel se negaba a una retirada completa de la zona.
Mientras los líderes continúan discutiendo, las víctimas del conflicto en Medio Oriente se acumulan. En Naplusa, Cisjordania, dos palestinos murieron; uno de ellos, al estallar una bomba que transportaba; y el otro, por disparos de soldados israelíes. Previamente, soldados israelíes habían matado, también en Naplusa, a un palestino de 18 años. El joven fue baleado cuando lanzaba piedras contra vehículos blindados israelíes.
El muro de la vergüenza
Desde Cisjordania, el primer ministro palestino Ahmed Qurie, con la espalda en la valla que Israel está construyendo en Cisjordania, dijo ayer que el muro destruye los esfuerzos de paz, y solicitó la intervención de la comunidad internacional.
Israel sostiene que la barrera -una mezcla de vallas y muros a lo largo de 150 kilómetros, en Cisjordania- está ahí para evitar la entrada de militantes suicida que vayan a cometer atentados. Los palestinos dicen que -en realidad- se trata de anexionar o fragmentar tierras ocupadas.
El recorrido serpenteante de la valla ha separado a agricultores palestinos de sus campos y ha echado abajo el comercio entre pueblos y localidades mercantiles como Qalqilya, donde 40.000 personas están rodeadas por cemento, excepto por una salida en la que hay un control del ejército israelí. (Reuter y DPA)
"Israel demanda a Siria el desarme de los grupos extremistas que operan fuera de su territorio como un prerrequisito para reiniciar los diálogos", expresó ayer Ariel Sharon. La definición fue formulada en medio de la presión sobre Israel para que responda a declaraciones del presidente sirio, Bashar Assad, quien dijo que su país desea renovar el diálogo de paz, abandonado en 2000.
Las conversaciones en esa época se centraban en el pedido de devolución de las Alturas del Golán, una región ocupada por Israel en 1967, a cambio de garantías de seguridad. Siria interrumpió las negociaciones porque Israel se negaba a una retirada completa de la zona.
Mientras los líderes continúan discutiendo, las víctimas del conflicto en Medio Oriente se acumulan. En Naplusa, Cisjordania, dos palestinos murieron; uno de ellos, al estallar una bomba que transportaba; y el otro, por disparos de soldados israelíes. Previamente, soldados israelíes habían matado, también en Naplusa, a un palestino de 18 años. El joven fue baleado cuando lanzaba piedras contra vehículos blindados israelíes.
El muro de la vergüenza
Desde Cisjordania, el primer ministro palestino Ahmed Qurie, con la espalda en la valla que Israel está construyendo en Cisjordania, dijo ayer que el muro destruye los esfuerzos de paz, y solicitó la intervención de la comunidad internacional.
Israel sostiene que la barrera -una mezcla de vallas y muros a lo largo de 150 kilómetros, en Cisjordania- está ahí para evitar la entrada de militantes suicida que vayan a cometer atentados. Los palestinos dicen que -en realidad- se trata de anexionar o fragmentar tierras ocupadas.
El recorrido serpenteante de la valla ha separado a agricultores palestinos de sus campos y ha echado abajo el comercio entre pueblos y localidades mercantiles como Qalqilya, donde 40.000 personas están rodeadas por cemento, excepto por una salida en la que hay un control del ejército israelí. (Reuter y DPA)







