Una denuncia inquietante

Debe haber una depuración del sistema representativo.

22 Mayo 2002
La mesa del Diálogo Argentino convocada por el presidente Duhalde hace cuatro meses parece ocupar ahora un segundo plano en el interés público, pese a que su tarea concertadora constituye una radiografía histórica de la realidad nacional que debe ser atendida. Especialmente por la precisión y por las graves propuestas para superar una crisis cuyo mayor riesgo es el de una sociedad fragmentada por los intereses sectoriales. Graves advertencias en ese sentido han sido planteadas en una reciente reunión organizada por la Asociación para la Reflexión Estratégica Argentina (AREA) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, alertando de los riesgos que se ciernen sobre los destinos de la República. Convocado por el presidente Eduardo Duhalde a poco de asumir, al Diálogo Argentino han concurrido 500 entidades representativas de otros tantos sectores e intereses, y se recibieron además alrededor de 1.500 propuestas. Resultado de todo ello ha sido el borrador de un compromiso que actualmente circula entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.
Ha sido uno de los dos representantes de la Iglesia, el obispo de San Isidro y titular de Cáritas, monseñor Jorge Casaretto, quien en esa oportunidad y ante medio centenar de personalidades expuso una visión inquietante del panorama observado durante el intenso diálogo con aquellos sectores. La clave de la crisis que conmueve al país -resumió el prelado- es el poderío de los sectores, a los que debe "desenmascararse porque tratan de disfrazar el interés sectorial de bien común".
Con franqueza poco frecuente, monseñor Casaretto subrayó que lo primero que le impresionó al comenzar el diálogo, juntamente con el representante de las Naciones Unidas, fue "la gran dispersión de los argentinos, el individualismo profundo y una fuerte fragmentación de la sociedad". Consecuentemente, el mayor obstáculo es "la fortaleza, el poderío y la intransigencia de los sectores para construir entre todos el bien común". La conclusión del titular de Cáritas y de otros expositores comprometidos en el Diálogo Argentino es la firme convicción en que la solución para la crisis generalizada que padece la República es fundamentalmente política. "Tenemos que seguir apestillando a los políticos para que se conviertan y lograr que una gran cantidad se vaya", sentenció el prelado.
Con esa dirección, la mesa del Diálogo Argentino ha propuesto un proyecto de reforma donde se plantea el relevo de todos los cargos electivos en el futuro comicio, desde gobernadores hasta legisladores, pasando por intendentes y concejales, con la finalidad de hacer más confiable a la dirigencia para la sociedad. Si ese acuerdo no se lleva a cabo, aclaró Casaretto, el país sabrá que el diálogo ha sido frustrado por la falta de renunciamiento y de coherencia con el diálogo a que se convocó.
Hay mucho de verdad y bastante poco de sorpresa en esa advertencia sobre los resultados del Diálogo Argentino, pues los hechos cotidianos que provocan la incertidumbre en que se desenvuelve la vida argentina la confirman en todos sus términos.
Acaso donde no aparece del todo clara es en lo que concierne a la alternativa del relevo dirigencial, especialmente político, pues la totalidad del cambio sugerido implicaría una serie de reformas constitucionales -nacional y provinciales- que la transición presente no está en condiciones de contemplar.
Por otra parte y más allá de la justa indignación que ese mensaje premonitor deja traslucir, los cambios que el país demanda no han de significar necesariamente un corte drástico entre el pasado y el futuro, sino una depuración del sistema representativo que permita el acceso de una nueva dirigencia potencial.

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