21 Mayo 2002 Seguir en 
"Es evidente que un fenómeno como el del imperialismo actual -su estructura, su lógica de funcionamiento, sus consecuencias y sus contradicciones- no se puede comprender adecuadamente procediendo a una relectura talmúdica de los textos clásicos de Hilferding, Lenin, Bujarin y Rosa Luxemburg. No porque ellos estaban equivocados, como le gusta decir a la derecha, sino porque el capitalismo es un sistema cambiante y altamente dinámico que, como escribieron Marx y Engels en El Manifiesto Comunista, ?se revoluciona incesantemente a sí mismo?. Por consiguiente, no se puede entender al imperialismo de comienzos del siglo XXI leyendo solamente a estos autores.
Pero tampoco se lo puede comprender sin ellos. No se trata, por supuesto, de la monótona y estéril reiteración de sus tesis. El objetivo es avanzar en una reformulación que, partiendo desde la revolución copernicana producida por la obra de Marx -que nos suministra una clave interpretativa imprescindible e irreemplazable para explicar a la sociedad capitalista-, reelabore con audacia y creatividad la herencia clásica de los estudios sobre el imperialismo a la luz de las transformaciones de nuestro tiempo.
El imperialismo de hoy no es el mismo de hace treinta años. Ha cambiado, y en algunos aspectos el cambio ha sido muy importante. Pero no se ha transformado en su contrario, como nos propone la mistificación neoliberal, dando lugar a una economía global donde todos somos interdependientes. Sigue existiendo y oprimiendo a pueblos y naciones, y sembrando a su paso dolor, destrucción y muerte. Pese a los cambios conserva su identidad y estructura, y sigue desempeñando su función histórica en la lógica de la acumulación mundial del capital.
Sus mutaciones, su volátil y peligrosa mezcla de persistencia e innovación, requieren la construcción de un nuevo abordaje que nos permita captar su naturaleza actual. No es este el lugar para proceder a un examen de las diversas teorías sobre el imperialismo. Digamos, a guisa de resumen, que los atributos fundamentales del mismo señalados por los autores clásicos en tiempos de la Primera Guerra Mundial siguen vigentes toda vez que el imperialismo no es un rasgo accesorio ni una política perseguida por algunos Estados sino una nueva etapa en el desarrollo del capitalismo.
Esta etapa está signada, hoy con mayor contundencia que en el pasado, por la concentración del capital, el abrumador predominio de los monopolios, el acrecentado papel del capital financiero, la exportación de capitales y el reparto del mundo en distintas esferas de influencia.
La aceleración del proceso de mundialización acontecida en el último cuarto de siglo, lejos de atenuar o disolver las estructuras imperialistas de la economía mundial, no hizo sino potenciar extraordinariamente las asimetrías estructurales que definen la inserción de los distintos países en ella".
Pero tampoco se lo puede comprender sin ellos. No se trata, por supuesto, de la monótona y estéril reiteración de sus tesis. El objetivo es avanzar en una reformulación que, partiendo desde la revolución copernicana producida por la obra de Marx -que nos suministra una clave interpretativa imprescindible e irreemplazable para explicar a la sociedad capitalista-, reelabore con audacia y creatividad la herencia clásica de los estudios sobre el imperialismo a la luz de las transformaciones de nuestro tiempo.
El imperialismo de hoy no es el mismo de hace treinta años. Ha cambiado, y en algunos aspectos el cambio ha sido muy importante. Pero no se ha transformado en su contrario, como nos propone la mistificación neoliberal, dando lugar a una economía global donde todos somos interdependientes. Sigue existiendo y oprimiendo a pueblos y naciones, y sembrando a su paso dolor, destrucción y muerte. Pese a los cambios conserva su identidad y estructura, y sigue desempeñando su función histórica en la lógica de la acumulación mundial del capital.
Sus mutaciones, su volátil y peligrosa mezcla de persistencia e innovación, requieren la construcción de un nuevo abordaje que nos permita captar su naturaleza actual. No es este el lugar para proceder a un examen de las diversas teorías sobre el imperialismo. Digamos, a guisa de resumen, que los atributos fundamentales del mismo señalados por los autores clásicos en tiempos de la Primera Guerra Mundial siguen vigentes toda vez que el imperialismo no es un rasgo accesorio ni una política perseguida por algunos Estados sino una nueva etapa en el desarrollo del capitalismo.
Esta etapa está signada, hoy con mayor contundencia que en el pasado, por la concentración del capital, el abrumador predominio de los monopolios, el acrecentado papel del capital financiero, la exportación de capitales y el reparto del mundo en distintas esferas de influencia.
La aceleración del proceso de mundialización acontecida en el último cuarto de siglo, lejos de atenuar o disolver las estructuras imperialistas de la economía mundial, no hizo sino potenciar extraordinariamente las asimetrías estructurales que definen la inserción de los distintos países en ella".







