20 Diciembre 2003 Seguir en 
Son jóvenes y la gran mayoría de ellos parece tener muchas ganas. Sin embargo, tienen que lidiar con la inexperiencia. Desde hace cuatro días, los tucumanos que transitan por el microcentro se sorprenden con la cantidad de policías que están parados en las esquinas. Son más de 300, y se les nota en la cara y en las actitudes la juventud.
"Lo primero que tenemos para dar son ganas. Después de todo lo que pasamos para poder entrar, estoy feliz con el trabajo que nos dieron", dijeron Juan Carlos Lazarte, Melisa Rodríguez y Pablo Carrizo. A los tres les reluce el uniforme nuevo, en el que llevan con orgullo el escudo de la Policía y la placa identificatoria. "Nuestros jefes nos dicen que lo que tenemos que hacer cuando recorramos las calles, es ayudar a la gente, y que debemos mantenernos atentos respecto de las mecheras y los pungas. Esperamos que dentro de pocos días ya los podamos reconocer", advirtieron.
Miguel Macías estaba solo en una esquina de microcentro. "Mi mamá pasa todos los días para verme. Está muy orgullosa de mí. Ella peleó mucho para que yo entre. Después de mucho renegar, por fin estamos donde queremos", aseguró.
Casi ninguno pasa de los 27 años, y a su inexperiencia de vida se le suma una casi nula preparación. Ellos afirman que tratan de equilibrar eso con las ganas de aprender. Fue el mismo subsecretario de Seguridad Ciudadana, Osvaldo Nieva, quien aceptó que no habían tenido tiempo de preparar adecuadamente a los nuevos policías. Es que todo se demoró a raíz de los problemas que hubo en la selección. En la anterior gestión se realizó un sorteo, pero los que resultaron beneficiados debieron pasar un nuevo filtro después de que las recién llegadas autoridades observaron que había gruesas anomalías en la selección.
Hace dos domingos, el policía Emanuel Villavicencio, uno de los recientes contratados, mató de dos balazos a un joven en San José, luego de una disputa por problemas personales. "Fue muy feo lo que le pasó a él. Todos los demás lo hablamos, y ahí nos dimos cuenta de lo que significa llevar un arma en la cintura. Podemos salvar a alguien, pero también podemos matarlo. Ojalá nunca me pase una cosa así", dijeron Marcelo, Celina y Rafael, quienes al contestar sobre esto prefirieron no dar sus apellidos.
Felices fiestas
La presencia de los policías en el microcentro está enmarcada en los operativos "Felices Fiestas", pero luego seguirán patrullando. "Uno tiene que adquirir experiencia. Es cierto que en épocas como estas es fundamental tener un sueldo; pero sabemos que no somos cualquier tipo de empleado estatal. Tenemos que elevar al máximo los valores de la Policía y lograr que la gente confíe en nosotros", dijeron, en otra esquina, Roberto Avalos, Pablo Toledo y Jesús Ferreyra.
Hay quienes, entre ellos, ven a la Policía como una salida laboral. Además, muchos son hijos, nietos o hermanos de policías. Dicen tener "sangre azul". Hay algunas personas que aún desconfían, sobre todo por la edad. Pero su presencia tranquiliza un poco. "Creemos que tener un policía cerca siempre es bueno. Ojalá que la gente piense igual y podamos ayudar a que todos se sientan un poco más seguros", coincidieron.
Ayer siete policías tuvieron que esforzarse para detener a un solo hombre que estaba ebrio y causaba desorden en la peatonal.
"Lo primero que tenemos para dar son ganas. Después de todo lo que pasamos para poder entrar, estoy feliz con el trabajo que nos dieron", dijeron Juan Carlos Lazarte, Melisa Rodríguez y Pablo Carrizo. A los tres les reluce el uniforme nuevo, en el que llevan con orgullo el escudo de la Policía y la placa identificatoria. "Nuestros jefes nos dicen que lo que tenemos que hacer cuando recorramos las calles, es ayudar a la gente, y que debemos mantenernos atentos respecto de las mecheras y los pungas. Esperamos que dentro de pocos días ya los podamos reconocer", advirtieron.
Miguel Macías estaba solo en una esquina de microcentro. "Mi mamá pasa todos los días para verme. Está muy orgullosa de mí. Ella peleó mucho para que yo entre. Después de mucho renegar, por fin estamos donde queremos", aseguró.
Casi ninguno pasa de los 27 años, y a su inexperiencia de vida se le suma una casi nula preparación. Ellos afirman que tratan de equilibrar eso con las ganas de aprender. Fue el mismo subsecretario de Seguridad Ciudadana, Osvaldo Nieva, quien aceptó que no habían tenido tiempo de preparar adecuadamente a los nuevos policías. Es que todo se demoró a raíz de los problemas que hubo en la selección. En la anterior gestión se realizó un sorteo, pero los que resultaron beneficiados debieron pasar un nuevo filtro después de que las recién llegadas autoridades observaron que había gruesas anomalías en la selección.
Hace dos domingos, el policía Emanuel Villavicencio, uno de los recientes contratados, mató de dos balazos a un joven en San José, luego de una disputa por problemas personales. "Fue muy feo lo que le pasó a él. Todos los demás lo hablamos, y ahí nos dimos cuenta de lo que significa llevar un arma en la cintura. Podemos salvar a alguien, pero también podemos matarlo. Ojalá nunca me pase una cosa así", dijeron Marcelo, Celina y Rafael, quienes al contestar sobre esto prefirieron no dar sus apellidos.
Felices fiestas
La presencia de los policías en el microcentro está enmarcada en los operativos "Felices Fiestas", pero luego seguirán patrullando. "Uno tiene que adquirir experiencia. Es cierto que en épocas como estas es fundamental tener un sueldo; pero sabemos que no somos cualquier tipo de empleado estatal. Tenemos que elevar al máximo los valores de la Policía y lograr que la gente confíe en nosotros", dijeron, en otra esquina, Roberto Avalos, Pablo Toledo y Jesús Ferreyra.
Hay quienes, entre ellos, ven a la Policía como una salida laboral. Además, muchos son hijos, nietos o hermanos de policías. Dicen tener "sangre azul". Hay algunas personas que aún desconfían, sobre todo por la edad. Pero su presencia tranquiliza un poco. "Creemos que tener un policía cerca siempre es bueno. Ojalá que la gente piense igual y podamos ayudar a que todos se sientan un poco más seguros", coincidieron.







