14 Diciembre 2003 Seguir en 
De a poco, las mujeres han empezado a ganarse un lugar en la Policía de Tucumán. Actualmente representan el 10% de la fuerza y, aunque es bajo el número todavía, fue muy importante el crecimiento en los últimos cinco años, dado que hasta entonces apenas llegaba al 5%.
Sin embargo, todavía hay muchos oficiales jefe que prefieren que no haya mujeres a su cargo. "Generan problemas; si son muy jóvenes, se alborota la tropa y, si son mayores, no quieren trabajar", explicó un comisario inspector que, para no ser tildado de machista prefirió que no se publique su nombre.
Para otros el problema es de seguridad. "Vamos al choque muy seguido con delincuentes, en villas y zonas peligrosas, y tal vez sea exponerlas demasiado", señaló un subcomisario.
Pero hay otros que están satisfechos con el trabajo de las mujeres que tienen a su mando. Es el caso del subcomisario Mario Rojas, quien está a cargo de la Dirección de Drogas Peligrosas. "Se hacen al trabajo y se convierten en uno más del grupo. Nunca tuvimos problemas por tener mujeres con nosotros, y ellas pueden hacer cosas que los hombres no siempre logran", destacó.
Infiltradas
Las mujeres de esa sección (por razones estratégicas no se brindó el número), hacen tareas de espionaje y de infiltración en bandas de narcotraficantes, y luego participan en los allanamientos."Aunque, en esos casos, a la casa entra primero un hombre, siempre, para protegerlas", añadió Rojas.
"Tienen más agallas"
También en la Dirección de Investigaciones hay varias mujeres que hacen de todo. "Hay muchas que son más responsables que algunos hombres, y que hasta tienen más agallas. Nunca tuve problemas por trabajar con mujeres; todo lo contrario", aseguró el comisario inspector Jesús Brito, quien incluyó por primera vez oficiales del llamado sexo débil a la Dirección, cuando estaba a cargo de Seguridad Personal.
El subjefe de la Patrulla urbana, comisario Carlos Coronel, aseguró: "son muy efectivas en la prevención de arrebatos y en la detección de ?pungas?, y son más cumplidoras que muchos hombres".
Para ellas tampoco es sencillo ganarse un lugar y el respeto entre sus pares. "Muchas veces creen que somos muy frágiles, que tendríamos que lavar los platos de la comisaría y listo; pero hay muchas chicas que se las juegan más que los hombres y que obtienen mejores resultados", señaló una oficial que lleva tres años en la fuerza.
El espacio que se están ganando está todavía lejos del protagonismo que tienen los hombres. Son muy pocas las que salen a patrullar en los móviles o las que están cerca de la acción. Por lo general, ocupan puestos administrativos o de vigilancia preventiva en las calles del centro.
Una ex maestra que atrapa delincuentes
Patricia Cardozo de Sosa es cabo 1ª por vocación. Fue maestra de Técnicas Agropecuarias en la escuela de El Rodeo, Trancas, hasta que hace 10 años se abrió el libro de pases en la administración pública y optó por cumplir el sueño de su vida. No fue una decisión fácil, porque ya estaba casada y con tres hijos (tiene cuatro en total).
El martes pasado persiguió a dos ladrones armados a través de un sembradío cerca de Villa Carmela, y, cuando recibió refuerzos, detuvo a uno de los jóvenes que habían asaltado el colectivo en el que volvía a su casa, luego de haber pasado la noche en vela cuidando a una detenida que dio a luz a las 6 de la mañana.
"Fue la primera vez que me tocó algo así, y me puso orgullosa haberlo hecho bien, y mis hijos (de 6, 11, 15 y 19 años) también sienten orgullo de mí", dijo con una gran sonrisa.
Cardozo de Sosa estuvo siete años en la Brigada Femenina, y la experiencia le sirve en su nuevo destino, la Patrulla Urbana. "Conozco a casi todas las ?pungas? y mecheras, y eso me ayuda a hacer bien las cosas", se jactó.
La mujer policía asegura que nunca se sintió discriminada por los hombres con los que trabaja. "Son muy buenos compañeros; una es la que tiene que ganarse el respeto y el lugar que corresponde, como cualquiera", dijo.
"Para ser policía hay que ser fuerte y tener ganas; no es cuestión de quedarse en una oficina... A mí me encantaría ponerme el uniforme de combate y salir a patrullar de noche. No tengo miedo", aseguró, desafiante.
También ellas pueden cometer equivocaciones
A los actos de valentía que protagonizaron muchas mujeres policías se contraponen los excesos o errores que pueden cometer las uniformadas, como ocurre con los hombres.
A principios de noviembre, mientras perseguían a un delincuente, la agente María Norma Manno baleó en la espalda a un vecino que estaba haciendo las compras con su hija de dos años.
Luis Alejandro Dino Domiján regresaba a su casa de Paso de los Andes y España, y quedó en medio del fuego cruzado entre policías y ladrones. Se agachó para proteger a la nena, y la agente lo hirió. Los vecinos se indignaron porque la mujer habría gritado: "¡bajé a uno!".
La causa, en la que Manno está imputada, se tramita en la Fiscalía VII. Por ahora se espera la resolución de la situación del ladrón que fue detenido, y a partir de entonces se empezará a trabajar con el caso de Domiján. Hasta el momento, según se supo, no está el informe médico que indica la gravedad de las lesiones sufridas, y no se descarta que se desdoblen las causas para darle mayor agilidad a la investigación.
Sin embargo, todavía hay muchos oficiales jefe que prefieren que no haya mujeres a su cargo. "Generan problemas; si son muy jóvenes, se alborota la tropa y, si son mayores, no quieren trabajar", explicó un comisario inspector que, para no ser tildado de machista prefirió que no se publique su nombre.
Para otros el problema es de seguridad. "Vamos al choque muy seguido con delincuentes, en villas y zonas peligrosas, y tal vez sea exponerlas demasiado", señaló un subcomisario.
Pero hay otros que están satisfechos con el trabajo de las mujeres que tienen a su mando. Es el caso del subcomisario Mario Rojas, quien está a cargo de la Dirección de Drogas Peligrosas. "Se hacen al trabajo y se convierten en uno más del grupo. Nunca tuvimos problemas por tener mujeres con nosotros, y ellas pueden hacer cosas que los hombres no siempre logran", destacó.
Infiltradas
Las mujeres de esa sección (por razones estratégicas no se brindó el número), hacen tareas de espionaje y de infiltración en bandas de narcotraficantes, y luego participan en los allanamientos."Aunque, en esos casos, a la casa entra primero un hombre, siempre, para protegerlas", añadió Rojas.
"Tienen más agallas"
También en la Dirección de Investigaciones hay varias mujeres que hacen de todo. "Hay muchas que son más responsables que algunos hombres, y que hasta tienen más agallas. Nunca tuve problemas por trabajar con mujeres; todo lo contrario", aseguró el comisario inspector Jesús Brito, quien incluyó por primera vez oficiales del llamado sexo débil a la Dirección, cuando estaba a cargo de Seguridad Personal.
El subjefe de la Patrulla urbana, comisario Carlos Coronel, aseguró: "son muy efectivas en la prevención de arrebatos y en la detección de ?pungas?, y son más cumplidoras que muchos hombres".
Para ellas tampoco es sencillo ganarse un lugar y el respeto entre sus pares. "Muchas veces creen que somos muy frágiles, que tendríamos que lavar los platos de la comisaría y listo; pero hay muchas chicas que se las juegan más que los hombres y que obtienen mejores resultados", señaló una oficial que lleva tres años en la fuerza.
El espacio que se están ganando está todavía lejos del protagonismo que tienen los hombres. Son muy pocas las que salen a patrullar en los móviles o las que están cerca de la acción. Por lo general, ocupan puestos administrativos o de vigilancia preventiva en las calles del centro.
Patricia Cardozo de Sosa es cabo 1ª por vocación. Fue maestra de Técnicas Agropecuarias en la escuela de El Rodeo, Trancas, hasta que hace 10 años se abrió el libro de pases en la administración pública y optó por cumplir el sueño de su vida. No fue una decisión fácil, porque ya estaba casada y con tres hijos (tiene cuatro en total).
El martes pasado persiguió a dos ladrones armados a través de un sembradío cerca de Villa Carmela, y, cuando recibió refuerzos, detuvo a uno de los jóvenes que habían asaltado el colectivo en el que volvía a su casa, luego de haber pasado la noche en vela cuidando a una detenida que dio a luz a las 6 de la mañana.
"Fue la primera vez que me tocó algo así, y me puso orgullosa haberlo hecho bien, y mis hijos (de 6, 11, 15 y 19 años) también sienten orgullo de mí", dijo con una gran sonrisa.
Cardozo de Sosa estuvo siete años en la Brigada Femenina, y la experiencia le sirve en su nuevo destino, la Patrulla Urbana. "Conozco a casi todas las ?pungas? y mecheras, y eso me ayuda a hacer bien las cosas", se jactó.
La mujer policía asegura que nunca se sintió discriminada por los hombres con los que trabaja. "Son muy buenos compañeros; una es la que tiene que ganarse el respeto y el lugar que corresponde, como cualquiera", dijo.
"Para ser policía hay que ser fuerte y tener ganas; no es cuestión de quedarse en una oficina... A mí me encantaría ponerme el uniforme de combate y salir a patrullar de noche. No tengo miedo", aseguró, desafiante.
A los actos de valentía que protagonizaron muchas mujeres policías se contraponen los excesos o errores que pueden cometer las uniformadas, como ocurre con los hombres.
A principios de noviembre, mientras perseguían a un delincuente, la agente María Norma Manno baleó en la espalda a un vecino que estaba haciendo las compras con su hija de dos años.
Luis Alejandro Dino Domiján regresaba a su casa de Paso de los Andes y España, y quedó en medio del fuego cruzado entre policías y ladrones. Se agachó para proteger a la nena, y la agente lo hirió. Los vecinos se indignaron porque la mujer habría gritado: "¡bajé a uno!".
La causa, en la que Manno está imputada, se tramita en la Fiscalía VII. Por ahora se espera la resolución de la situación del ladrón que fue detenido, y a partir de entonces se empezará a trabajar con el caso de Domiján. Hasta el momento, según se supo, no está el informe médico que indica la gravedad de las lesiones sufridas, y no se descarta que se desdoblen las causas para darle mayor agilidad a la investigación.







