14 Diciembre 2003 Seguir en 
Unos tres kilómetros antes de llegar a la Villa de Leales, el pequeño cementerio del lugar se esconde entre sembradíos y cañaverales. Ni siquiera se lo divisa desde la ruta 306, de la cual hay que desviarse para llegar al camposanto. "Cuando vean tres casitas y la gruta de la Virgen, doblen por el camino de tierra, y ahí nomás está el cementerio...", le indicaron a LA GACETA dos adolescentes.
Alguien aprovechó lo recóndito y la soledad del lugar y profanó sin inconvenientes al menos 19 monumentos. Los delicuentes causaron destrozos y se robaron placas, candelabros y hasta las flores de plástico y tela ofrendadas a los muertos.
La primera denuncia fue asentada por el jefe del correo de la zona, José Antonio Caro, quien el 4 de diciembre descubrió que el mausoleo de sus parientes había sido saqueado.
Luego, varios vecinos del pueblo denunciaron a LA GACETA que las puertas de alrededor de 19 monumentos habían sido violentadas con barretas, y que vándalos habían robado floreros, algunos herrajes de ataúdes (especialmente los tornillos o mariposas que tienen en los extremos para fijar las tapas) y candelabros de bronce. También se llevaron cubrecajones bordados y hasta flores de plástico y de tela.
A la denuncia de Caro se sumaron las de Silvia Acosta y Rosa González. "Hasta ahora 14 familias realizaron la denuncia de este extraño hecho. Nosotros informamos a la Regional Este y tomó intervención la División Criminalística. Sacaron fotos y tomaron huellas, pero todavía no se sabe nada", informó el oficial auxiliar Julio César Monteros.
Confundidos
Lo curioso fue que no se observó que los malhechores hayan arrancado las placas ni las imágenes de Cristo -de bronce- amuradas en los nichos y monumentos.
"Esto nos deja confundidos -precisó Augusto Méndez, quien tiene a su madre y a un hermano en ese cementerio- porque los ladrones dejaron muchos féretros con las tapas y los tornillos de los extremos flojos. Al abrir los ataúdes se comprobó que las chapas estaban soldadas...".
Este testimonio coincidió con el del sargento Ricardo Albornoz -de turno en la comisaría de Villa Leales-, y luego con el que brindó en Santa Rosa de Leales el oficial Monteros, de la jefatura de la Zona III.
Ningún poblador de la zona -ni los propios policías- logran entender cuál fue el propósito que movilizó a los malvivientes. "Hasta ahora el único delito es haber violentado las puertas y robado algunas cosas. Pero que estén flojos los tornillos de los cajones y que no hayan tocado los cuerpos es muy raro... Nosotros les sugerimos a los denunciantes que, para mayor tranquilidad, hagan verificar si están los restos de sus parientes... De lo contrario, no nos queda mucho por hacer; no hay pruebas de que se hayan profanación los ataúdes", reflexionó Monteros.
Llamó la atención que hayan aflojado las tapas de los féretros y que los cuerpos no fueran tocados por los delincuentes.
Alguien aprovechó lo recóndito y la soledad del lugar y profanó sin inconvenientes al menos 19 monumentos. Los delicuentes causaron destrozos y se robaron placas, candelabros y hasta las flores de plástico y tela ofrendadas a los muertos.
La primera denuncia fue asentada por el jefe del correo de la zona, José Antonio Caro, quien el 4 de diciembre descubrió que el mausoleo de sus parientes había sido saqueado.
Luego, varios vecinos del pueblo denunciaron a LA GACETA que las puertas de alrededor de 19 monumentos habían sido violentadas con barretas, y que vándalos habían robado floreros, algunos herrajes de ataúdes (especialmente los tornillos o mariposas que tienen en los extremos para fijar las tapas) y candelabros de bronce. También se llevaron cubrecajones bordados y hasta flores de plástico y de tela.
A la denuncia de Caro se sumaron las de Silvia Acosta y Rosa González. "Hasta ahora 14 familias realizaron la denuncia de este extraño hecho. Nosotros informamos a la Regional Este y tomó intervención la División Criminalística. Sacaron fotos y tomaron huellas, pero todavía no se sabe nada", informó el oficial auxiliar Julio César Monteros.
Confundidos
Lo curioso fue que no se observó que los malhechores hayan arrancado las placas ni las imágenes de Cristo -de bronce- amuradas en los nichos y monumentos.
"Esto nos deja confundidos -precisó Augusto Méndez, quien tiene a su madre y a un hermano en ese cementerio- porque los ladrones dejaron muchos féretros con las tapas y los tornillos de los extremos flojos. Al abrir los ataúdes se comprobó que las chapas estaban soldadas...".
Este testimonio coincidió con el del sargento Ricardo Albornoz -de turno en la comisaría de Villa Leales-, y luego con el que brindó en Santa Rosa de Leales el oficial Monteros, de la jefatura de la Zona III.
Ningún poblador de la zona -ni los propios policías- logran entender cuál fue el propósito que movilizó a los malvivientes. "Hasta ahora el único delito es haber violentado las puertas y robado algunas cosas. Pero que estén flojos los tornillos de los cajones y que no hayan tocado los cuerpos es muy raro... Nosotros les sugerimos a los denunciantes que, para mayor tranquilidad, hagan verificar si están los restos de sus parientes... De lo contrario, no nos queda mucho por hacer; no hay pruebas de que se hayan profanación los ataúdes", reflexionó Monteros.







