Se puede hacer un buen uso del estrés

La competencia, el individualismo y la prioridad a los valores materiales generan actitudes que crean permanentes consultas.

23 Noviembre 2003
Por José Blunda. Especialista en Desarrollo y Capacitación de Recurso Humano
El estrés es uno de los padecimientos que afecta a cada vez más personas. Las crisis de las organizaciones y sociedad -llenas de competencia, individualismo y valores materiales como lo prioritario en nuestras vidas- generan valores y actitudes populares que crean permanentes consultas por este fenómeno en los profesionales de la salud.
El estrés es el resultado de una inadecuada interacción entre una persona y su medio (empresa, sociedad, familia) y/o su mundo interior. Aparece cuando existen fuertes diferencias, desde la percepción de la persona que lo padece, entre las exigencias o demandas y la capacidad para responder a éstas.
Si bien es una enfermedad antigua (el término "estrés" ya se utilizaba en el siglo XV), se ha convertido en una de las enfermedades más recurrentes; tanto que el 25% de las consultas a psicólogos es para demandar ayuda ante este fenómeno.
Comprender la naturaleza del estrés y cómo se lo gestiona, puede tener importantes implicancias, pudiendo pasar de ser una fuente de sufrimiento a una oportunidad de enfrentar esta crisis y salir enriquecido, aprendiendo de ella y generando un valioso crecimiento en la madurez personal.

Principales síntomas y señales
Cuando percibimos que estamos ante un agente estresante (una crisis en el trabajo, una experiencia de desempleo, la pérdida de un ser querido o la sensación de que los problemas son cada vez más grandes y la capacidad de respuesta es menor), el organismo se prepara para enfrentarlo. Acumulamos la tensión necesaria para sortear esta dificultad, se producen innumerables cambios físicos (contracción muscular, respiración rápida, aumento de la tensión arterial, etc.). Estas son respuestas automáticas y naturales del cuerpo que siente la necesidad de prepararse frente al agente que moviliza esta reacción. Ahora bien, cuando no conseguimos liberar y "usar" esta tensión para mejorar la respuesta frente al problema, la inadecuada gestión de la respuesta ante el estrés da pie a la aparición de señales y síntomas. Ser conscientes de los signos que anuncia el estrés es el primer paso para enfrentar positivamente esta circunstancia. Estas señales pueden ser físicas, mentales, emocionales, espirituales o sociales. Poder advertirlas será el primer paso para encontrar la solución.
Los especialistas han elaborado una lista de signos de la presencia de estrés. Esta es una serie de preguntas que nos debe encender la alarma:
¿Tienes dificultades para levantarte por la mañana o para conciliar el sueño?
¿Te sientes cansado o sufres agotamiento, con mucha frecuencia?
¿Tienes alta la presión arterial?
¿Padeces dolores de cabeza o de espalda?
¿Suele faltarte el aire?
¿Padeces indigestiones, sufres de alergias o te resfrías con frecuencia?
¿Has empezado a padecer de sequedad en la garganta o boca?
¿Te cuesta pedir lo que deseas, o decir "no" a un requerimiento inadecuado?
¿Te irrita cuando la gente habla despacio?
¿Notas que no estás tan sociable y que comienzas a apartarte de los acontecimientos sociales?
¿Te enojas con facilidad?
¿Padeces ataques de ansiedad, depresiones?
¿Te aburres frecuentemente?
¿Sientes que la gente no te aprecia?
¿Haces varias cosas a la vez?
¿Te cuesta concentrarte?
¿Eres pesimista?
¿Tienes alguna fobia?
¿Niegas tus problemas?
Si la mayoría de tus respuestas a estas preguntas son positivas, el segundo paso es comenzar a identificar cuáles son las situaciones que los provocan. Luego, es necesario plantearse el desafío, y la necesidad de ayuda profesional, para mejorar la calidad de nuestras respuestas.

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