"Si sabés cantar, no hay por qué mostrar la cola" - LA GACETA Tucumán

"Si sabés cantar, no hay por qué mostrar la cola"

La lengua de Miley Cyrus. Los pechos de Nicki Minaj. La cola de Lady Gaga. Las habilidades amatorias de Justin Bieber. Cualquier atributo que proyecte sexualidad en los artistas pasa a un primer plano antes que su talento. ¿Puede llegar a imponerse esta tendencia en Tucumán? Cantantes locales lo consideran lejano, pero no niegan la fuerza de la sensualidad para lograr impacto

16 Nov 2013
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DESINHIBIDA. En su aparición en los últimos MTV Awards, Miley Cyrus escandalizó a la opinión pública con una coreografía llena de poses sexuales. REUTERS

Su lengua es sexo. Su lengua -carnosa, empapada, flexible- grita sexo. Basta ver el rubí de esos labios abriéndose suavemente ante el frío acero para que todas las sensaciones se ciñan a un único sofocón, a un calor que cae en el cuerpo como un relámpago. Y entonces sí, pasado ese temblequeo, esa parálisis de los sentidos, el oído tal vez quiera reponerse y escuchar la voz de Miley Cyrus (antes de fondo) en "Wrecking ball", la canción en cuyo video se desnuda y lame empalagosamente un martillo para decirle a un chico que lo extraña. Rihanna va mucho más allá. Su video de "Pour it up" es la muestra de que se puede tener sexo sin necesidad de otro. Trepada sobre un sillón, enredada en un caño o emergiendo de entre aguas turbias, la cantante se rinde (y hace rendir a su público) ante la desnudez, la sensualidad, el exhibicionismo. No hay ni intención de sutileza en las imágenes, al punto de que el clip fue borrado unos días de YouTube por su contenido sexual explícito. Mucho después, ya arrasado por el aluvión de erotismo, al espectador le queda tiempo para enterarse -si acaso quiere- que la canción habla sobre el dinero. O sobre el derroche. Qué importa.

La cola de Lady Gaga (que llena la portada de su último single "Do what u want"). La cama de Justin Bieber (un video del adolescente durmiendo con una brasileña acumula millones de visitas en YouTube). Los pechos de Nicki Minaj (los suele mostrar apenas cubiertos en su cuenta de Instagram). La piel de Britney Spears (protagonista en todas sus producciones). La regla básica del mundo del espectáculo actual es que cualquier atributo físico que proyecte sexualidad sea puesto por delante del talento. Más curioso que eso: que sea puesto como carnada para, más tarde y si la táctica funciona, llevar la atención hacia el talento. Una especie de flecha de desvío, de reflector histérico. En definitiva, sexo para vender música.

La fórmula no es ciertamente una novedad, pero encuentra en esta época sus manifestaciones más extremas; tanto, que algunos medios llaman a la contemporánea la "generación porno pop". ¿Qué es Madonna hoy revolcándose provocativamente en un vestido de novia como en sus épocas de "Like a virgin"? Una mojigata. ¿Qué es Janet Jackson hoy destapándose un pecho ante la masiva audiencia del SuperBowl? Una principiante. ¿Qué es Elvis Presley hoy haciendo desmayar a miles de mujeres con sus sacudones pélvicos? Una risa, incluso un tierno, un pasado muy pasado.

Jugar con el erotismo
"Esto de que el sexo vende música, entre otras cosas, es algo eterno, no lo venimos a descubrir ni con Justin ni con Miley. Es viejísimo y no se reduce a un estilo musical. Es más, el sexo vende tanto como el no sexo: uno de los datos más populares de los Jonas Brothers, por ejemplo, es que los tres usan un anillo de castidad -señala Juan Pablo "Chipi" Merino, cantante de la banda tucumana Valdez-. Pero es un arma de doble filo, porque el erotismo llama la atención, no hay con qué darle, cualquier artista internacional que haya alcanzado la fama ha expuesto en algún nivel su sexualidad. Sin embargo, cuando eso desaparece, lo que pasa al centro de la escena es la música. Y hay que estar muy bien preparado en esa instancia".

Merino opina que los artistas tucumanos parecen estar exentos de esa tendencia, aunque reconoce que la provocación es un ingrediente constante en el escenario. "Cuando salís a dar un show no estás de entrecasa y ese respeto por la imagen implica entender que la sensualidad es importante. Yo juego con el erotismo. No a un nivel Marilyn Monroe (risas), pero sí de una forma seria. Eso sí: cuando no tenés nada que transmitir desde la música, podés ser Brad Pitt, pero no va a funcionar", sostiene.

"Todo entra por los ojos", define la solista Agustina Vita. "Lo estético no debería influir tanto, pero el mundo está dándole mucha bola. Después de 'Soñando por cantar' yo dejé de actuar y, cuando hace siete meses decidí volver, me sugirieron hacer unas fotos sexys para que el regreso llamara la atención. No es a lo que apunto, pero vende. La puesta en escena es un todo: debe destacar la voz, pero también el físico".

En su condición de profesora de Técnica Vocal, la soprano Valeria Albarracín se ha codeado con decenas de adolescentes. Y, según cuenta, el exhibicionismo que parece obsesionar a los jóvenes artistas internacionales no ha hecho mella en las aspiraciones de sus alumnos. "Los adolescentes tienen intereses mucho más profundos de los que la gente cree. Tengo una carrera docente de más de 16 años y en mis clases lo sexual nunca se ha planteado como una prioridad. No vienen con comentarios como 'quiero lucir sexy' o 'quiero ser el galán'. Los jóvenes quieren expresarse; la obsesión por la sensualidad es más de quienes se encargan de la producción de un show, de quienes tienen a su cargo vender el producto y del mundo en que vivimos, que entiende que un escándalo es más rentable que una buena voz".

Lo sexual, reflexiona Albarracín, garantiza una venta masiva, pero de baja calidad. "Cuando le demostrás al público que sabés cantar, actuar o bailar, no hay por qué mostrar la cola o recurrir a la cosa grosera. Esa forma de vender no demuestra talento o preparación y creo que el público se está cansando de esas cosas. La gente quiere ver un espectáculo completo. Quiere ver a artistas haciendo magia en el escenario".

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