Tucumán desapareció en el mapa de Milei

Entre errores cartográficos, porcentajes de crecimiento y la distribución geográfica de recursos estratégicos, el mapa posteado por el Presidente exhibe la mutación económica de la Argentina.

Tucumán desapareció en el mapa de Milei
Daniel Dessein
Por Daniel Dessein Hace 3 Hs

“Los mapas son ficciones mal escritas”, dice un personaje de Purgatorio, la última novela de Tomás Eloy Martínez, en la que un cartógrafo desaparece mientras intenta delinear límites imprecisos en Tucumán. La frase vino a mi cabeza cuando leí la noticia sobre el mapa que había compartido el Presidente en sus redes en el que la provincia de Tucumán había sido absorbida por Salta. La idea de la cita se reforzó cuando el IAE Business School, citado en la imagen como fuente, advirtió que el mapa y sus datos eran falsos.

Se trató claramente de un lapsus cartográfico y sería excesivo interpretar en clave freudiana el error, sugiriendo la existencia de una aspiración reprimida detrás de un simple descuido. Pero es interesante merodear brevemente las connotaciones históricas y conjeturales del fallido fronterizo para luego reflexionar sobre el argumento de fondo de Javier Milei y los cambios que está experimentando nuestro país ligados a la política económica y a particularidades de su territorio.

Salta del Tucumán

Hubo en el pasado una Salta del Tucumán. Fue una de las intendencias del Virreinato del Río de la Plata, con capital salteña, y abarcaba los actuales territorios de Catamarca, Santiago y Jujuy, además de Tucumán y Salta. Pero fue precedida, antes de la creación del Virreinato, por la Gobernación del Tucumán, que además de los territorios de las provincias mencionadas abarcaba los de La Rioja y Salta. El límite omitido por el actual presidente sería trazado, por orden del director supremo Gervasio Posadas, en 1814.

Juguemos con la imaginación. ¿Quién sería el gobernador de esa fusión provincial? Si se produjera, fruto del dedo de un funcionario todopoderoso, y los actuales mandatarios retuvieran la totalidad de los votos obtenidos en las últimas elecciones, el mandatario tucumano aventajaría al salteño por un importante porcentaje. La pelea de fondo, como ocurre en todos los territorios en los que ciertos distritos interpretan que aportan más que otros, se daría en torno al producto generado de un lado y otro de la frontera diluida. Ganaría Tucumán en términos absolutos y perdería en un cálculo per cápita. ¿Cuál debería ser la capital? Rossana Chahla y su par salteño Emiliano Durand se trenzarían en un áspero debate. Aunque no tanto como la discusión sobre qué tipo de empanada se presentaría, ante el turismo nacional e internacional, como la más representativa de la nueva provincia.

El tema de fondo detrás de la errata es el del argumento presidencial y el de las diferencias implícitas en el desdibujado límite del mapa. Salta tiene los recursos del subsuelo que la colocan dentro de la lista de territorios ganadores del nuevo modelo y Tucumán no. Serían los salteños, en la eventual distopía, los más interesados en trazar nuevamente la histórica división ausente en el mapa defectuoso.

El argumento del Presidente

Lo que muestra el mapa posteado por Milei es un desagregado por distrito de la cifra de crecimiento económico interanual correspondiente a marzo (5,5% a nivel nacional según el Indec). El gráfico, aparentemente creado con IA y sus alucinaciones, muestra una Santa Fe con el taco de su bota extraviado y una Entre Ríos con silueta estilizada. Se desataron guerras por imprecisiones cartográficas pero ningún jugador de TEG se rasgaría las vestiduras por este tipo de arbitrariedades. Más allá de la inexactitud de los números y de las líneas, lo relevante es la idea que intenta sostenerse con la imagen.

Tucumán desapareció en el mapa de Milei

El mapa refleja los contrastes de una Argentina en metamorfosis. Las provincias que limitan con la cordillera exhiben los mejores valores -lideradas por Neuquén, San Juan y Jujuy-, impulsados por inversiones estimuladas por el RIGI y el valor estratégico del petróleo, el gas, el cobre, el oro, la plata y el litio. Las provincias del este, por el contrario, muestran números magros, encabezadas por la de Buenos Aires, con una cifra negativa, de la mano del sector industrial, el más claro perdedor del nuevo esquema económico.

¿Qué futuro le espera a Tucumán en este esquema? Esa fue la pregunta que hicieron varios empresarios tucumanos, en abril pasado, a Ricardo Arriazu, el economista que ha descripto con mayor claridad y fundamentos las perspectivas de la economía argentina. Respondió que nuestra provincia no integra la lista de los más claros perdedores como tampoco la de los más beneficiados. En el reparto de los recursos estratégicos, es una isla bordeada –al norte, al oeste y al sur- por un mar de potencial prosperidad. Esa desventaja puede ser compensada por la proximidad. El economista tucumano instó a los empresarios a agudizar su ingenio para aprovecharla. Algunos recordaron el derrame de los primeros años de Bajo de la Alumbrera. Otros buscaron en Booking alojamiento en hoteles salteños y catamarqueños.

Más que una metáfora

Arriazu es un escéptico consuetudinario ganado progresivamente por la esperanza en un país que avance hacia un porvenir en el que este logre triplicar sus exportaciones y vencer la histórica restricción externa. El valor del dólar, cree, será un termómetro del éxito y los peligros de ese tránsito. El Gobierno, según su visión, debe demostrar, contraintuitivamente, que el que apuesta al dólar pierde. También debe apelar al arte de la política económica en un escenario en el que “la destrucción avanza más rápido que la creación”.

El historiador económico Pablo Gerchunoff sostiene que el mapa argentino representa un país hemipléjico. La mitad del cuerpo se paraliza progresivamente mientras la otra se hipertrofia. La clave para un futuro sustentable, más allá de las políticas públicas nacionales que gestionen o no el proceso, será actuar -aprovechando oportunidades y anticipando riesgos- con una mirada lúcida en los cambios progresivos de esa mutación.

“Los mapas –dice la protagonista de la novela Purgatorio- no son metáforas sino metamorfosis, como las palabras y las sombras que proyectamos. Basta que un mapa dibuje la realidad para que la realidad ya no sea igual”.

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