Cinco pasos para tomar una decisión reflexiva en cinco minutos
En tiempos en que los gestos dicen más que las palabras, los que tienen cargos de conducción deben aguzar la estrategia para transmitir un mensaje claro y conciso a los colaboradores. Las claves sugeridas a los jefes para manejar los vicios en que, generalmente, suelen caer al hablar con el empleado.
10 Junio 2013 Seguir en 
Desde que el psicólogo armenio y profesor emérito de la Universidad de California-Los Ángeles, Albert Mehrabian, expuso "la regla 7%-38%-55%", los expertos en comunicación organizacional han tratado de revertir la tendencia. Las técnicas apuntan a preservar el valor de las palabras por sobre el resto del lenguaje.
Mehrabian indagó acerca del poder relativo de los mensajes verbales y no verbales en encuentros interpersonales. Y llegó a la siguiente conclusión:
• El 7% del significado proviene de las palabras (contenido).
• El 38% del significado deriva del elemento no verbal del mensaje, es decir, del tono, velocidad e inflexión del discurso.
• El 55% restante proviene del lenguaje corporal visual (gestos, postura, expresión facial).
En el mundo de las organizaciones, hasta el silencio habla. La forma en que nos paramos en una reunión o a la hora de dar un discurso, suele delatarnos sobre cuál es nuestro estado de ánimo.
"La postura corporal puede denotar dudas o certezas; si la persona está a la defensiva o a la ofensiva. El cuerpo también habla", explica a LA GACETA Marina Sturfeiguen, consultora y facilitadora de Inside Comunicación Interna Estratégica. Frente a aquella investigación de Mehrabian, la calidad del mensaje que se transmita es fundamental en las relaciones interpersonales laborales. Particularmente, para aquellos que tienen cargos de conducción. Me tomo cinco minutos, me tomo un té. La recordada publicidad de una primera marca da la pauta de lo que se necesita en el mundo de las comunicaciones interpersonales: el tiempo justo para reflexionar antes de tomar cualquier decisión acerca de algún proyecto. Sturfeiguen sostiene que esos cinco minutos pueden marcar un punto de inflexión entre una conducta impulsiva de otra reflexiva, sobre la base de tres factores fundamentales para que fluya el mensaje: escuchar, empatía y emitir. En otras palabras, un gerente, un jefe o un supervisor debe centrarse en el problema que se le plantea, poniéndose intelectualmente en el lugar emocional del otro, con un lenguaje sencillo, de tal modo que lo que se diga sea claro y conciso.
"Para que la escucha sea empática, quien tiene un rol de conducción no debe juzgar; tampoco dar consejos, ni interpretar; mucho menos criticar", puntualiza la facilitadora, que vino a Tucumán en el marco de la Diplomatura de Mandos Medios, que se dicta en la Universidad San Pablo-T.
Aquellos cinco minutos pueden salvar una relación laboral, cambiar conductas y hasta definir las respuestas requeridas. Un café en medio de una reunión de trabajo o una consulta a colaboradores puede constituir una excusa para evitar acciones impulsivas. Pero también esos cinco minutos pueden servir para estructurar una emisión efectiva, bajo cinco pasos sugeridos por Sturfeiguen: - Un tema candente. Hacer foco en el tema más importante que tenemos comunicar. - Datos duros: estadísticas o informes concretos que permitan justificar las razones que respalden tal o cual decisión o proyecto. - Clip: atar al mensaje a la emoción con metáforas, mensajes o videos que impliquen generar el sentido de pertenencia del equipo al proyecto. - Propuestas: ¿qué alternativas de solución se nos presentan? ¿Qué tendrán que hacer las partes involucradas? - Cierre interactivo: comunicar al interlocutor el deseo de saber qué piensa y explicitar qué espero que suceda.
Al jugar contrarreloj, es fundamental quitarse ciertos vicios de la comunicación. La especialista los define como rellenos que son, entre otros, los comentarios preliminares o preámbulos de las reuniones, las pausas sonoras (muletillas), las transiciones (escaparse por las ramas), los chistes y las anécdotas (tal vez no sean compartidos por todos los participantes) y las oraciones largas (la gente se pierde).
Para que todo esto sea posible, quien conduce equipos de trabajo deberá ser creativo en su propuesta y jamás deberá dar por supuesto nada. Además, el feedback o la retroalimentación con el personal es el mejor camino para que el mensaje sea transmitido claramente.
La interacción con el personal contribuirá a transparentar no solamente el mensaje (verbal y no verbal), sino también la relación jefe-empleado. Sturfeiguen insiste en cinco pasos sobre cómo un jefe puede recibir feedback de sus colaboradores cuando se presente un problema o inconveniente:
- Repitan y resuman la opinión.
- Pidan pruebas.
- Expongan su versión de los hechos.
- Soliciten ideas sobre cómo puede mejorarse la situación.
- Consideren la opinión de la otra persona.
Pero, también, la capacitadora indica que hay dos conductas que un personal de conducción deberá evitar para no perder de vista su misión: 1- "No enojarse, ni ponerse a la defensiva, mucho menos justificar". 2- "No confesarse culpables inmediatamente".
Mehrabian indagó acerca del poder relativo de los mensajes verbales y no verbales en encuentros interpersonales. Y llegó a la siguiente conclusión:
• El 7% del significado proviene de las palabras (contenido).
• El 38% del significado deriva del elemento no verbal del mensaje, es decir, del tono, velocidad e inflexión del discurso.
• El 55% restante proviene del lenguaje corporal visual (gestos, postura, expresión facial).
En el mundo de las organizaciones, hasta el silencio habla. La forma en que nos paramos en una reunión o a la hora de dar un discurso, suele delatarnos sobre cuál es nuestro estado de ánimo.
"La postura corporal puede denotar dudas o certezas; si la persona está a la defensiva o a la ofensiva. El cuerpo también habla", explica a LA GACETA Marina Sturfeiguen, consultora y facilitadora de Inside Comunicación Interna Estratégica. Frente a aquella investigación de Mehrabian, la calidad del mensaje que se transmita es fundamental en las relaciones interpersonales laborales. Particularmente, para aquellos que tienen cargos de conducción. Me tomo cinco minutos, me tomo un té. La recordada publicidad de una primera marca da la pauta de lo que se necesita en el mundo de las comunicaciones interpersonales: el tiempo justo para reflexionar antes de tomar cualquier decisión acerca de algún proyecto. Sturfeiguen sostiene que esos cinco minutos pueden marcar un punto de inflexión entre una conducta impulsiva de otra reflexiva, sobre la base de tres factores fundamentales para que fluya el mensaje: escuchar, empatía y emitir. En otras palabras, un gerente, un jefe o un supervisor debe centrarse en el problema que se le plantea, poniéndose intelectualmente en el lugar emocional del otro, con un lenguaje sencillo, de tal modo que lo que se diga sea claro y conciso.
"Para que la escucha sea empática, quien tiene un rol de conducción no debe juzgar; tampoco dar consejos, ni interpretar; mucho menos criticar", puntualiza la facilitadora, que vino a Tucumán en el marco de la Diplomatura de Mandos Medios, que se dicta en la Universidad San Pablo-T.
Aquellos cinco minutos pueden salvar una relación laboral, cambiar conductas y hasta definir las respuestas requeridas. Un café en medio de una reunión de trabajo o una consulta a colaboradores puede constituir una excusa para evitar acciones impulsivas. Pero también esos cinco minutos pueden servir para estructurar una emisión efectiva, bajo cinco pasos sugeridos por Sturfeiguen: - Un tema candente. Hacer foco en el tema más importante que tenemos comunicar. - Datos duros: estadísticas o informes concretos que permitan justificar las razones que respalden tal o cual decisión o proyecto. - Clip: atar al mensaje a la emoción con metáforas, mensajes o videos que impliquen generar el sentido de pertenencia del equipo al proyecto. - Propuestas: ¿qué alternativas de solución se nos presentan? ¿Qué tendrán que hacer las partes involucradas? - Cierre interactivo: comunicar al interlocutor el deseo de saber qué piensa y explicitar qué espero que suceda.
Al jugar contrarreloj, es fundamental quitarse ciertos vicios de la comunicación. La especialista los define como rellenos que son, entre otros, los comentarios preliminares o preámbulos de las reuniones, las pausas sonoras (muletillas), las transiciones (escaparse por las ramas), los chistes y las anécdotas (tal vez no sean compartidos por todos los participantes) y las oraciones largas (la gente se pierde).
Para que todo esto sea posible, quien conduce equipos de trabajo deberá ser creativo en su propuesta y jamás deberá dar por supuesto nada. Además, el feedback o la retroalimentación con el personal es el mejor camino para que el mensaje sea transmitido claramente.
La interacción con el personal contribuirá a transparentar no solamente el mensaje (verbal y no verbal), sino también la relación jefe-empleado. Sturfeiguen insiste en cinco pasos sobre cómo un jefe puede recibir feedback de sus colaboradores cuando se presente un problema o inconveniente:
- Repitan y resuman la opinión.
- Pidan pruebas.
- Expongan su versión de los hechos.
- Soliciten ideas sobre cómo puede mejorarse la situación.
- Consideren la opinión de la otra persona.
Pero, también, la capacitadora indica que hay dos conductas que un personal de conducción deberá evitar para no perder de vista su misión: 1- "No enojarse, ni ponerse a la defensiva, mucho menos justificar". 2- "No confesarse culpables inmediatamente".







