"El Tribunal de Cuentas necesita darse a conocer"

Terraf expresó que la imagen externa de la institución que preside desde 2004 no mejorará con la selección de personal por concurso público. "La designación de cinco, seis o siete empleados emparentados con autoridades del Estado no significa que haya nepotismo", razonó el funcionario.

NO LE COMPETE. Terraf remarcó que la designación de su hija como jueza de Paz no debe ser atribuida al Tribunal. LA GACETA / FOTO DE ANALIA JARAMILLO
NO LE COMPETE. Terraf remarcó que la designación de su hija como jueza de Paz no debe ser atribuida al Tribunal. LA GACETA / FOTO DE ANALIA JARAMILLO
Por Redacción Política 19 Noviembre 2012
Son las 8.30 del viernes 16 de noviembre. Miguel Chaibén Terraf recibe a LA GACETA en su despacho del primer piso del Tribunal de Cuentas de Tucumán (TC). Atrás quedaron el jueves de asueto por el 40 aniversario del órgano que controla cómo es gastado el presupuesto público, y el miércoles de ágape y misa de acción de gracias. "Las puertas de esta institución están abiertas a la prensa", expresa a modo de bienvenida el contador que desde 2004 preside el cuerpo colegiado, integrado vitaliciamente por los vocales Sergio Díaz Ricci y Marcelo Vidal.

La frase aparece con frecuencia en el discurso de Terraf, que está convencido de que la comunidad ignora la tarea que desarrolla la repartición, pese a la publicidad de los acuerdos en la web (www.tribunaldecuentas.gov.ar). "Todo el mundo dispone de la misma información que hay en mi computadora. Yo digo que todas las cosas malas que hago quedan escritas, firmadas por mí y en internet, cosa que cualquiera pueda pedirme juicio político", afirma sin reírse. E insiste: "El TC necesita darse a conocer". Incluso considera que la posibilidad de mejorar la imagen del órgano depende de la divulgación de su actividad, y no de la designación de personal por concurso público (el miércoles, antes de entrar a la Catedral, Terraf había anunciado que anhelaba aplicar un sistema de selección parecido al que la Corte Suprema de Justicia usó para incorporar ayudantes judiciales).

"El concurso no garantiza la prevalencia de la probidad", matiza. Luego explica cómo maneja los nombramientos discrecionales, pasa lista a la planta de 279 agentes y advierte: "la designación de cinco, seis o siete empleados emparentados con autoridades del Estado no significa que haya nepotismo".

- ¿Cuál es el escollo que impide al TC adoptar los concursos?

- Hay una variable que resulta fundamental para nosotros: la probidad de la persona, y sus condiciones morales y éticas. Yo fui contador fiscal durante más de 20 años y sé muy bien lo que pasa afuera. No sólo necesitamos gente capacitada, sino que también hay que ver de dónde proviene, cuáles son sus principios... Repito que no somos los únicos que miramos esto, aunque no sé cómo lo hacen los demás. Nuestra evolución de personal es mínima. En los últimos cuatro o cinco años tal vez hayamos nombrado 20 agentes. Cuando yo me hice cargo, en 2000, había 220 empleados y 47 contratados. Estos últimos eran asesores. Entonces pregunté: ¿para qué los queremos? Y los corrimos a todos.

- ¿Cómo constata hoy ese nivel moral y ético que, según usted, exige el Tribunal?

- Por medio de una serie de entrevistas con cada uno de los vocales y de los jefes, y de la recopilación de información: no nos conformamos con el certificado de buena conducta. Cada nuevo empleado luego es evaluado durante seis meses. Mi misión es ser desconfiado. Estoy obligado a eso. Debo creer que algo se está haciendo mal porque, si me relajo, el control también se relaja. Y mi función pasa por hacer un seguimiento permanente del personal.

- Pero, entonces, ¿cuán seria es la idea de celebrar concursos para asignar los cargos del TC?

- Estamos en conversaciones. Si bien no me quiero pronunciar sobre las necesidades de la Corte, digo que no podemos encontrar, todavía, cómo hacer que un concurso compruebe la calidad ética y moral de los postulantes. No estoy afirmando que no se pueda, sino que el concurso no garantiza la prevalencia de la probidad. Preferimos que (el empleado) sea un poquito burro, pero muy honesto. Por supuesto que el TC no es una isla de pulcritud, que nos equivocamos. Uno no termina de conocer las personas: aquí la rotación es sistemática porque entendemos que la convivencia entre el controlador y el controlado puede, a veces, generar connivencia. El trabajo está a la vista y por eso me preocupa que la comunidad no lo conozca. Uno cree que cumple publicando en internet, pero no es así. Yo repito que las puertas están abiertas, con una excepción: desde 2000 hasta aquí, nunca se sentó al frente mío un contratista o proveedor del Estado. - ¿Qué opina del nepotismo? - Sobre lo que pasó antes de mi gestión no opino. Digo que la designación de cinco, seis o siete empleados emparentados con autoridades del Estado, en una planta de 300, no significa que haya nepotismo en el TC. Si resulta que eso pasa respecto de cada uno que entra... Me parece que, con todas esas exigencias, se mira mucho la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

- Los concursos suponen un avance en materia de transparencia e igualdad en el acceso a los cargos públicos. ¿Cree que estos podrían mejorar la imagen del TC?

- No tiene nada que ver una cosa con la otra. Esa mejoría pasa por divulgar lo que hace el Tribunal. Estas entrevistas nos vienen bien para contar que por año hacemos más de 30.000 intervenciones y dictamos casi 4.000 acuerdos; que estamos presentes en la Administración Pública centralizada, descentralizada y autárquica; que controlamos a los tres poderes del Estado, a las 93 comunas rurales, al fondo fiduciario provincial y a la obra pública, y que esta institución trabaja desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche. El desconocimiento de la población sobre el TC no va a ser revertido por un concurso sino por la actitud de los conductores. También es cierto que estoy muy sensible con la forma en que se informa porque noto cierta inclinación a informar mal. Prefiero, en ese caso, la falta de información a la otra porque esta última desestabiliza instituciones, no personas. Yo recogí una frase escrita por (el secretario de Redacción de LA GACETA) Juan Manuel Asís en el Panorama Tucumano del 26 de julio de 2012: "la realidad no interesa, importa lo que se haga creer". Eso es muy duro y terrible porque, entonces, tengo que pensar que no interesa la realidad del TC, sino lo que se haga creer sobre él.

(N. de la R.: la oración aludida pertenece a la columna "Inútil pelea por el relato" y está inserta en este párrafo: "relato y agenda. Estas dos cuestiones son, en el fondo, los motivos de las peleas políticas en todos los niveles, desde la Presidencia para abajo, hasta el último concejal. Se trata de imponerlos, desde el lugar que sea -oficialismo u oposición-, tanto el relato propio como la agenda de temas para que la opinión pública atienda únicamente esos mensajes dirigidos. La realidad no interesa, importa lo que se haga creer"

).

- ¿Qué opina de la decisión del Poder Ejecutivo de designar a su hija como jueza de Paz de Tafí Viejo? (N. de la R.: Terraf, Díaz Ricci y Vidal enviaron cartas documento a este diario para exigir la rectificación de la información y análisis crítico sobre esta designación discrecional que Federico van Mameren, secretario de Redacción, escribió en la columna publicada el 22 de abril de 2012)

- Mi hija Gabriela tiene 26 años y es psicóloga.Trabaja desde los 18 llevando chicos a Disney y como encargada del salón de fiestas infantiles de otra de mis hijas, cuya suegra, me acabo de acordar, trabaja en el TC. Como toda chica de su edad, Gabriela se mueve dentro de un ámbito social normal, donde conoce gente. Un día me dice que le habían ofrecido trabajar como jueza de Paz. Yo le digo: "vos sos psicóloga e hiciste una muy buena carrera. Me parece que deberías desarrollar tu profesión". Ella me contesta: "ya sabés qué difícil es eso...". Entonces le respondo: "hacé lo que quieras". No he participado (en esa designación) porque no tengo posibilidad de llevar adelante eso. No está en mí pedir porque, después, al que pide se le pide o se le puede pedir. Pero esa cuestión personal no debe ser atribuida al órgano que presido. Yo no soy el Tribunal.

- ¿El que controla no sólo debe ser independiente sino también parecerlo? ¿Usted no debería haber evitado la designación de su hija?

- La pregunta tiene implícita la respuesta. Yo no puedo decidir sobre la vida de terceros. No me compete. No sería cristiano hacerlo. O la condena es "ser hijo de" y, por ello, esos "hijos de" no pueden trabajar. Yo quiero que averiguen cómo se llevaba el Juzgado de Paz de Tafí Viejo antes de la llegada de mi hija y cómo funciona desde entonces. A ver cuántas veces por mes iba el juez anterior, y a qué hora llega y se va mi hija, qué soluciones brinda y qué demora tienen los trámites. Todo esto lo conozco porque yo la cuido. Si el ser "hijo de" te inhabilita... de esa manera, Álvaro Aurane, que es sobrino del ex secretario general de la Redacción (Carlos Abrehu), no podría ser columnista de LA GACETA. Porque, si hay ñoquis, mi hija no es el ejemplo: Gabriela no escribe dos articulitos por semana para cobrar un sueldo de todo el mes ni juega al tenis a diario ni se la pasa tomando café.

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