Un fandanguillo arropa con nostalgia la brisa. Un eco de lirismo despierta un susurro de cante jondo. Un pianísimo de poesía fluye en Evocación. La vida se alborota con rumores de embarcaciones y marineros que atan y desatan su destino en El Puerto. Una procesión de rezos, de cánticos. Una suerte de carnaval místico impregna la tarde de Corpus Christi en Sevilla. Las manos y el corazón de Ralph Votapek cincelan en el teclado estas postales del alma de Isaac Albéniz (1860-1909). El pianista estadounidense -muy conocido por los tucumanos- se zambulle en el vaivén dramático, sensual, vehemente de La Valse, de Maurice Ravel (1875-1937), un tour de force para el intérprete. Misterio. Disonancias. Bríos scriabinescos adoban la Sonata en Fa mayor, de Charles Griffes (1884-1920). El latido de Votapek tremola con swing en las tres piezas de Nikolai Kasputin (1937), un ucraniano jazzero. Un gran pianista al servicio de ocho obras que le cantan al espíritu.







