Cumplir 60 o 65 años no debería ser el momento de empezar a preguntarse cómo será nuestra jubilación. Si estás transitando el último año de tu vida laboral antes de cumplir la edad jubilatoria, hay algo que deberías saber: jubilarte no es simplemente hacer un trámite ante Anses. Es el momento en el que se consolidarán décadas de trabajo y aportes y se determinará un haber que, en principio, te acompañará durante toda tu etapa de retiro. Por eso, un error puede salir muy caro.
¿Cómo se determina una jubilación? En el régimen general, el haber jubilatorio está compuesto por distintas prestaciones previstas por la legislación previsional. En el caso de los trabajadores en relación de dependencia, para determinar componentes importantes del haber se consideran las últimas 120 remuneraciones sujetas a aportes. Esas remuneraciones históricas no se toman simplemente por su valor nominal: deben actualizarse conforme a los índices que correspondan. A partir de allí se obtiene un promedio actualizado que tendrá incidencia en la determinación del haber.
Pero existe otro elemento fundamental: los años de servicios con aportes que hayan sido efectivamente acreditados y reconocidos en el expediente previsional. Y aquí aparece una cuestión que muchas veces el trabajador desconoce. No siempre lo que realmente trabajó durante su vida laboral aparece correctamente reflejado en los registros. Puede haber períodos faltantes, remuneraciones incorrectamente informadas, empresas que ya no existen, certificaciones de servicios que nunca fueron entregadas o documentación que hoy resulta difícil conseguir.
Entonces surge la pregunta: ¿Qué hacemos con esos años que fueron realmente trabajados y aportados, pero que no aparecen correctamente registrados? Precisamente allí comienza el verdadero trabajo previsional.
No alcanza con reunir 30 años
Existe una idea bastante extendida: “Si ya tengo 30 años de aportes, estoy listo para jubilarme”. Una cosa es reunir el requisito mínimo para acceder al beneficio y otra muy diferente es determinar cuál es el mejor haber jubilatorio que corresponde conforme a toda la historia laboral del trabajador. Si una persona tiene 35, 38 o 40 años de servicios con aportes y sólo acredita los mínimos necesarios sin analizar el impacto de los restantes períodos, podría estar perjudicando la determinación de su prestación.
Por eso, cuando estamos frente a la jubilación, no deberíamos preguntarnos solamente: “¿Me puedo jubilar?” La pregunta correcta es: “¿Cómo debo jubilarme y cuál es el haber que realmente me corresponde?” El expediente previsional cuenta la historia laboral del trabajador y también tiene que reflejar la vida familiar, a fin de percibir, en caso de corresponder, las asignaciones familiares.
Antes de iniciar una jubilación deberíamos reconstruir la vida laboral completa del futuro jubilado. Revisar los aportes registrados. Controlar las remuneraciones. Detectar períodos faltantes. Analizar certificaciones de servicios. Determinar qué pruebas pueden utilizarse cuando falta documentación. Verificar si existieron actividades comprendidas en regímenes diferenciales o especiales. Y, finalmente, realizar una estimación previa del haber.
Recién después de ese análisis estamos en condiciones de iniciar el expediente jubilatorio. Porque el objetivo no debería ser jubilarse rápido. El objetivo debería ser jubilarse bien.
¿Por qué es importante el asesoramiento profesional?
El abogado especialista en Derecho Previsional no debería aparecer cuando el expediente ya tiene un problema. Nuestro trabajo debería comenzar antes, precisamente para evitar los problemas, idealmente, durante el último año previo al cumplimiento de la edad jubilatoria. Ese tiempo permite ordenar antecedentes, solicitar documentación, acreditar servicios que no aparecen registrados, analizar la historia laboral y preparar correctamente el futuro expediente. Además, delegar la gestión profesionalmente significa algo que también tiene enorme valor: tranquilidad y tiempo.
El trabajador no tiene por qué convertirse, de un día para otro, en especialista en trámites previsionales. No debería tener que descubrir solo qué documentación necesita, cómo acreditar un período faltante, qué remuneraciones fueron consideradas, por qué un servicio no fue reconocido o si el haber otorgado es realmente el correcto. Durante décadas su responsabilidad fue trabajar y aportar, al momento de jubilarse, tiene derecho a contar con un profesional que conozca el sistema, controle el expediente y defienda correctamente su historia laboral. Los errores previsionales se pagan caros, porque las consecuencias son económicas para el trabajador y en muchos casos se sostienen durante años, solo porque el trabajador cuando inició su jubilación, desconocía todo lo que manifestamos en la presente columna. Y corregir posteriormente un beneficio mal otorgado puede requerir nuevos trámites, reclamos administrativos y, en determinados casos, mucho tiempo.
Por eso, si estás a menos de un año de cumplir la edad jubilatoria, no esperes a tu cumpleaños para comenzar a ocuparte de tu jubilación. Ese último año es el momento de revisar, ordenar, acreditar, calcular y planificar. Después de 30, 35 o 40 años trabajando, la jubilación no debería quedar librada a la improvisación. No se trata simplemente de obtener una jubilación. Se trata de obtener la jubilación que por derecho te corresponde.







