La tragedia del cadete de policía Kevin Samuel Rueda, asesinado ayer a la madrugada en la esquina de Fortunata García y Colón, al suroeste de la capital, reabre dolorosamente la inquietud por lo que ocurre en la periferia urbana, después del ataque a cuchilladas sufrido por un colectivero el domingo pasado al noreste, en el barrio 130 Viviendas. Lo que hace una semana fue calificado por el jefe de Policía como “un hecho aislado” ha dejado lugar a la tragedia incomprensible. El joven cadete, de 21 años, no habría opuesto resistencia a los asaltantes y recibió un balazo a quemarropa. La policía buscaba anoche a los agresores, a partir de los datos que pueden surgir de las cámaras de seguridad, de testimonios de vecinos -hay pocos, hasta ahora un testigo, porque el ataque ocurrió a las 5 de la mañana- y de las pericias que se puedan realizar en las motocicletas, ya que tanto la de la víctima como la de los asaltantes ya fueron encontradas. Anoche hubo una persona detenida.
Noches de peligro
El sangriento ataque reaviva los fantasmas de esta zona del sur capitalino, que tiene un largo historial de episodios muy violentos, asaltos, agresiones y homicidios, en esa avenida y alrededores, hasta Los Chañaritos y más allá. “Esta es una zona peligrosa para cualquiera que circule de noche. Los delincuentes salen a cazar motos. Antes eran arrebatos; ahora directamente te apuntan con un arma”, dijo la vecina Azucena de García. La secuencia de inseguridad se repite en las zonas periféricas. Hace dos semanas era el sector de avenida Adolfo de la Vega al 700, donde los vecinos relataron la historia de una joven que regresaba de trabajar de madrugada. “La arrastraron, le quebraron la pierna y le arrebataron el vehículo”, contaron. Añadieron que allí los robos de celulares son cotidianos, “Es hartante y angustiante vivir de esta manera. Siempre andás pendiente por si pasa algo, te perseguís ante el mínimo ruido durante la noche, salís a comprar y te andás cuidando de todo”, dijo el vecino Gastón. Pidieron que la Policía ponga una garita en medio de la avenida y la respuesta fue que se iba a hacer la gestión, porque había 400 pedidos similares.
Después de esos ataques en la Adolfo de la Vega hubo presencia policial. “Sólo patrullaron las primeras dos noches, luego desaparecieron“, dijo una vecina. Un reclamo similar hizo la gente de la zona del barrio 130 Viviendas, al noreste, donde fue apuñalado el chofer Juan Pablo Brau Carabajal. Contaron que bajo el puente de la avenida de Circunvalación se juntan asaltantes y que atacan sobre todo en las primeras horas del día, cuando la gente lleva sus hijos a la escuela. Allí hay una garita policial y hay iluminación de noche, pero falta el patrullaje, según los vecinos, que dijeron que después del ataque hubo presencia de agentes. “Hasta que los policías dejen de venir. Cuando ellos dejen de estar ahí, ya se vuelve de nuevo el caos”, dijo una señora.
No hace mucho el Gobierno destacaba cómo las cifras de la inseguridad han ido descendiendo en los últimos tiempos. Fue cuando se dieron a conocer los datos del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) que marcaba la baja en homicidios y robos. En nuestra provincia se registraron 47 homicidios en 2025, luego de los 67 de 2024 (disminución interanual el 29,8%) y en lo que va de este año se cuentan unos 27. La tasa de homicidios es de 2,7 cada 100.000 habitantes, por debajo de la media nacional, que fue de 3,6. Los robos pasaron de 18.088 hechos en 2024 a 13.692 en 2025 (baja del 24,3%). Los datos, entonces, indican, en la óptica del Gobierno, el resultado “del trabajo coordinado entre las distintas áreas del Estado y de las políticas implementadas para fortalecer la prevención del delito y la seguridad de los tucumanos”, según dijo el gobernador Osvaldo Jaldo en la nota “Cuáles son los desafíos que se deben afrontar en seguridad en Tucumán”, de Gustavo Rodríguez, el 11 de junio pasado.
Cambios de paradigmas
Las autoridades suelen decir que hay una conjunción de factores. El nuevo Código Procesal Penal; el aumento de policías; los operativos preventivos en barrios -ya no se oye hablar de los violentos “trencitos policiales” de 2024- y el traslado de detenidos y revoltosos a la cárcel de Benjamín Paz, más los operativos con la ley contra el narcomenudeo.
Sin embargo, son datos que son puestos en duda ante las tragedias como la de ayer o los episodios de las últimas dos semanas. ¿Hay menos episodios o hay menos denuncias? El crecimiento del narcomenudeo en los barrios vulnerables ha derivado en cambios de paradigma, según explica el operador social Emilio Mustafá, que trabaja en esas zonas: por un lado, hay quienes han dejado el arrebato para dedicarse a la venta de drogas y al robo entre vecinos para sustentar el comercio de estupefacientes. En esos lugares la gente ya no deja solas sus viviendas y tampoco hace denuncias, describe. Y también hay presiones de prestamistas, que ahora pululan en los barrios, para salir a robar y pagar el consumo.
Acaso hay que estudiar esos nuevos paradigmas para entender la dinámica de la inseguridad en toda la periferia, que apenas se percibe con los testimonios esporádicos del vecindario cuando ocurren hechos como los denunciadas. O cuando se desatan tragedias como la que ahora enluta a Tucumán.








