Yo con todos

Por Silvina Cena 15 Junio 2012
Es difícil hoy ser consecuente con un programa de televisión. Podemos estar más o menos conformes con la calidad del producto, respetar a sus actores o conductores y conmovernos con un guión o una entrevista, pero esto no garantiza que nos convoque otra vez. Ni siquiera impide que, a mitad de camino, decidamos probar mejor distracción en otros canales. Esto no sólo se explica por el zapping: si estamos acostumbrados a abrir múltiples pestañas en un navegador de Internet y somos capaces de atender simultáneamente a todas, ¿por qué no intentar lo mismo con la televisión? Y claro, si nos perdemos algo, en pocas horas probablemente lo encontraremos en YouTube. Nada es imprescindible.

En ese éxtasis del 'yo con todos' hay un condimento que ha logrado anclar el interés (también la simpatía) de muchos televidentes: la nostalgia. Esa complacencia que produce el recuerdo de un pasado bonito es lo que da cuenta de buena parte de la entusiasta recepción que ha tenido y que mantiene "Graduados". Sin negar las destrezas actorales (los trabajos de Mirta Busnelli y Roberto Carnaghi son sublimes, y ha sido un acierto poner a Paola Barrientos y Mex Urtizberea en papeles cercanos a los protagonistas), la tira ha basado su promoción en la música que a cada rato cuela en la historia y en el esmero que dedica a los flashbacks, con vestuarios, peinados y expresiones propias de fines de los 80 pensados al detalle. Y, es verdad, ¿a quién no se le aflojan las piernas cuando escucha a Soda Stereo o a Erasure durante la novela de la cena? Es un lindo estrujamiento del corazón.

Pero hay algo más. "Graduados" versa sobre la época a la que la mayoría definimos como la mejor de nuestras vidas: la adolescencia. Con sus referencias a los amores escolares y a los ideales juveniles, es una versión mejorada y actualizada de esas series con las que crecimos (¡esas sí que nos enganchaban!). De hecho, Nancy Duplaá fue también la cara principal de uno de las novelas emblemas de aquellos años, "Montaña Rusa". Reencontrarla ahora implica, para algunos, atar dos puntas de su línea del tiempo y enfrentarse a la nostalgia sin temores. Y eso no puede garantizarlo ni la más sofisticada página de Internet.

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