¿Vieron eso? Ahora las chicas -por lo pronto solo ellas- fosforecen por las calles nocturnas con etiquetas flúo pegadas en el cuerpo. Esas autoadhesivas con las que marcan los precios en los supermercados de barrio. Las hay verdes, amarillas, naranjas y fucsias. Se las ponen desde el cuello hasta las caderas, en la frente, en la oreja, de manera lineal o formando una cruz...
¿Cuál es la idea? Ni la menor idea. A un par de ellas se lo pregunté: "che, ¿qué onda con eso?" "Nada, me etiquetaron", me respondieron tres o cuatro veces. Silencio. Cambio de miradas, quizás buscando el sentido de las cosas extraviado o volando por el aire. "Ahh...", me vi obligado a decir, como para romper la espiral de incomodidad. Y me ahorré el comentario, por mi bien.
Alguna osada fue más allá: "me quisieron poner precio, pero yo les dije que no, que me etiquetaran si querían, pero nada de ponerme precio. Yo no tengo precio" (pestañitas movedizas). "Ahh..."
Como si nos faltaran etiquetas, ahora nos ponemos unas flúo. Rocker, pop, indie, folk, gaucho urbano, retro, vintage, careta, bohemio, hippie, gay, bi, hétero, trans, clásico, villa, top, emo y flogger (Q.E.P.D). Y al final, de noche, todos los gatos...
Sacátela este finde
La historia va para otro lado y a medida que van desapareciendo las etiquetas, el mundo se va haciendo más grande. Empezá vos, por ejemplo, que nunca te animaste a ir a un concierto simplemente porque no sos de esa onda. Mañana toca la Sinfónica en el Alberdi; la entrada no es para nada cara y si no fuiste nunca te aseguro que vas a descubrir un mundo nuevo. No importa si no entendés de música, solo tenés que ir y dejarte llevar.
¿Alguna vez escuchaste una banda de jazz en vivo? Lo mismo, animate, no importa que lo tuyo sea el folclore: el sábado en el Virla toca la Dixie Jazz Band, a la vieja escuela.
Y si querés desparramar etiquetas por el aire, entonces el sábado en Rayuela: show de tango, clown, salsa, música en vivo, teatro y más en un verdadero varieté muy bueno para la salud.











