"Me cansa el formato shopping de arte", leía en un tuit ayer. Y es cierto, porque cuando se asiste a bienales o ferias nos viene como una desesperación por ver todo, y siempre fracasamos porque morimos en el intento. ¿A quién se le puede ocurrir que en una jornada de tres o cuatro horas pueden observarse 800 pinturas, dibujos, esculturas, objetos, instalaciones, diseños y grabados? Es lo que acaba de pasarles a los miles y miles de visitantes a la feria arteBA. Es que, a pesar de que el diseño de la exposición está bien realizado, tiene ese formato shopping: no alcanzamos a mirar más 30 o 40 obras, y con las demás queda el zapping obligado.
Hace muchos años le hice una entrevista al notable artista Guillermo Kuitca y le pregunté en cuánto tiempo se veía una de sus cotizadas pinturas. Calculó un instante y me respondió que no más de 10 segundos, 15 a lo más. Su contestación resignada no hizo más que despertar mi conciencia de que, lo que para unos puede ser importante, para otros, nada. En otras palabras, lo que a un artista puede llevarle años realizar, un espectador lo consume en segundos. En las ferias y bienales esa es la regla: se camina rápido intentando no perder detalles, pero al mismo tiempo no miramos nada.
Hace muchos años le hice una entrevista al notable artista Guillermo Kuitca y le pregunté en cuánto tiempo se veía una de sus cotizadas pinturas. Calculó un instante y me respondió que no más de 10 segundos, 15 a lo más. Su contestación resignada no hizo más que despertar mi conciencia de que, lo que para unos puede ser importante, para otros, nada. En otras palabras, lo que a un artista puede llevarle años realizar, un espectador lo consume en segundos. En las ferias y bienales esa es la regla: se camina rápido intentando no perder detalles, pero al mismo tiempo no miramos nada.







