Los vecinos del barrio Padilla no se animan ni a esperar el colectivo

Aseguran que los robos y arrebatos son constantes; hay rejas y alarmas en las casas. Los habitantes del pasaje Coronel Roca al 3.600 denuncian que nunca ven pasar a la Policía y que la cuadra no está iluminada

DESIERTO. Por los robos, se perdió la costumbre de sentarse en la vereda. LA GACETA / FOTO DE JOSE NUNO
DESIERTO. Por los robos, se perdió la costumbre de sentarse en la vereda. LA GACETA / FOTO DE JOSE NUNO
13 Mayo 2012
Es sábado a la tarde, pero en el barrio Padilla no se ve gente caminando por las calles ni personas sentadas en la vereda. En la misma cuadra donde el jueves a la siesta asaltaron a Magdalena Ahumada de Acuña (en pasaje Coronel Roca al 3.600) casi todos los vecinos sufrieron uno o más robos.

Es imposible ver las casas, que están ocultas detrás de enormes portones y enrejados. Los carteles que advierten que la propiedad está protegida por un sistema de alarmas también se repiten en cada vivienda. "Los vecinos tomamos todas las precauciones que podemos, antes las casas no tenían rejas pero ahora son cada vez más altas", dice Sara Ascárate, una de las tantas vecinas que vive atemorizada.

"A mí me entraron a robar dos veces y en la cuadra a casi todos ya le robaron", agrega la mujer, mientras señala que hasta instaló un portón con cierre automático para no tener que bajar del auto cada vez que entra. Es que ese sistema hubiese evitado el ataque que sufrió Ahumada, quien fue abordada por un individuo dentro del garaje de su casa. El hombre la golpeó, la empujó, se metió dentro del auto y le arrancó de las manos la cartera a su hija, que además tenía en los brazos a una beba de 11 meses.

"El pasaje Roca es bastante inseguro y no está bien iluminado", sostiene algunos metros más adelante Mauricio Escobedo. Su propiedad es una de las pocas que todavía no tiene rejas y eso se ha convertido en un problema para su familia. "A veces se meten en la entrada de mi casa a fumar marihuana y una vez encontré a una travesti", recuerda. A él también lo asaltaron. Lo amenazaron con una navaja y le arrancaron el celular en la puerta de su casa.

Por la vereda de enfrente, un matrimonio (que prefiere no dar su nombre) pasea al perro. "Él me acompaña porque me da terror salir sola", confiesa la mujer. Ellos cuentan que en la zona roban todos los días y a cualquier hora. "Es muy peligroso, no se ve a la Policía y nadie anda en la calle, si uno grita no hay quien lo auxilie", manifiesta la señora. Su marido añade que lo peor es esperar el colectivo. "Pasan en las motos y te arrancan lo que lleves", advierte.

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