13 Mayo 2012 Seguir en 
BRASILIA.- En Brasil, grupos de agentes armados vuelan por todo el país en helicóptero, golpeando puertas e infundiendo miedo en los corazones de aquellos que infringen la ley. No son policías: son de la agencia de recaudación de impuestos. La llamada Receita Federal, que ha ganado renombre mundial por sus tácticas duras y creativas, será clave para las perspectivas económicas de Brasil este año.
La presidenta Dilma Rousseff cuenta con las proezas de los recolectores de impuestos de la agencia para ayudar a su gobierno a cumplir los ambiciosos objetivos presupuestarios sin asfixiar la economía del país. La agencia, conocida como "El León" por su emblema oficial, así como por su persecución feroz de los evasores de impuestos, no ahorra esfuerzos, desplegando, por ejemplo, operativos armados hasta los dientes a metros de barriles de cerveza en las cervecerías para asegurar que los individuos y las empresas declaren y paguen sus impuestos.
La agencia utiliza incluso helicópteros para inspeccionar casas de millonarios y asegurarse de que sean coherentes con sus declaraciones de impuestos. Los métodos de la agencia, así como los altos y extremadamente complejos impuestos, despiertan quejas entre los brasileños, quienes apuntan a la infraestructura deplorable, a la educación y otros servicios públicos decrépitos y dicen que no están recibiendo lo suficiente a cambio del dinero que aportan. Sin embargo, otros expresan su admiración por una historia de éxito poco común de la recaudación de impuestos en América Latina.
"Cuando se trata de la recaudación de impuestos, los brasileños son muy buenos. Ellos son probablemente algunos de los mejores del mundo", dijo Italo Lombardi, analista de Standard Chartered en Nueva York.
Rousseff necesitará toda la habilidad de la agencia en lo que está demostrando ser un año sorprendentemente difícil para la economía de Brasil. Su gobierno se ha comprometido a cerrar este año con un superávit presupuestario primario -ingresos menos gastos, excepto los pagos de la deuda- de alrededor de 139.000 millones de reales (U$S 72.000 millones). Esta meta es seguida de cerca por los inversores para medir si el gobierno está inyectando mucho dinero en la economía. Una caída por debajo del objetivo podría indicar una mayor inflación, lo que a su vez podría poner en peligro toda la agenda de Rousseff, incluyendo su ofensiva para bajar las tasas de interés.
Uno de los secretos detrás del buen desempeño de la Receita Federal, dicen distintas autoridades, es la voluntad de la agencia de ignorar la condición social y las conexiones políticas en un país donde a menudo la elite recibe un grado de protección en los tribunales y en otros lugares. En abril, los medios de comunicación locales informaron que la policía incautó un coche deportivo de propiedad de Luis Fabiano, una estrella del popular club de fútbol Sao Paulo. Fabiano, un ex miembro de la selección de Brasil, negó que haya dejado de pagar los impuestos de su Audi, que vale alrededor de medio millón de reales. "El papel de la autoridad fiscal es permitir que los contribuyentes sepan que estamos manteniendo un ojo sobre ellos y que ellos deben hacer lo correcto", dijo Caio Cándido, subsecretario de la agencia para la inspección.
Los propios agentes también tienen un buen historial de hacer lo correcto. Los casos de corrupción son pocos y mayormente aislados, un fuerte contraste con la avalancha de acusaciones contra funcionarios de la policía y otras instituciones públicas.
La presidenta Dilma Rousseff cuenta con las proezas de los recolectores de impuestos de la agencia para ayudar a su gobierno a cumplir los ambiciosos objetivos presupuestarios sin asfixiar la economía del país. La agencia, conocida como "El León" por su emblema oficial, así como por su persecución feroz de los evasores de impuestos, no ahorra esfuerzos, desplegando, por ejemplo, operativos armados hasta los dientes a metros de barriles de cerveza en las cervecerías para asegurar que los individuos y las empresas declaren y paguen sus impuestos.
La agencia utiliza incluso helicópteros para inspeccionar casas de millonarios y asegurarse de que sean coherentes con sus declaraciones de impuestos. Los métodos de la agencia, así como los altos y extremadamente complejos impuestos, despiertan quejas entre los brasileños, quienes apuntan a la infraestructura deplorable, a la educación y otros servicios públicos decrépitos y dicen que no están recibiendo lo suficiente a cambio del dinero que aportan. Sin embargo, otros expresan su admiración por una historia de éxito poco común de la recaudación de impuestos en América Latina.
"Cuando se trata de la recaudación de impuestos, los brasileños son muy buenos. Ellos son probablemente algunos de los mejores del mundo", dijo Italo Lombardi, analista de Standard Chartered en Nueva York.
Rousseff necesitará toda la habilidad de la agencia en lo que está demostrando ser un año sorprendentemente difícil para la economía de Brasil. Su gobierno se ha comprometido a cerrar este año con un superávit presupuestario primario -ingresos menos gastos, excepto los pagos de la deuda- de alrededor de 139.000 millones de reales (U$S 72.000 millones). Esta meta es seguida de cerca por los inversores para medir si el gobierno está inyectando mucho dinero en la economía. Una caída por debajo del objetivo podría indicar una mayor inflación, lo que a su vez podría poner en peligro toda la agenda de Rousseff, incluyendo su ofensiva para bajar las tasas de interés.
Uno de los secretos detrás del buen desempeño de la Receita Federal, dicen distintas autoridades, es la voluntad de la agencia de ignorar la condición social y las conexiones políticas en un país donde a menudo la elite recibe un grado de protección en los tribunales y en otros lugares. En abril, los medios de comunicación locales informaron que la policía incautó un coche deportivo de propiedad de Luis Fabiano, una estrella del popular club de fútbol Sao Paulo. Fabiano, un ex miembro de la selección de Brasil, negó que haya dejado de pagar los impuestos de su Audi, que vale alrededor de medio millón de reales. "El papel de la autoridad fiscal es permitir que los contribuyentes sepan que estamos manteniendo un ojo sobre ellos y que ellos deben hacer lo correcto", dijo Caio Cándido, subsecretario de la agencia para la inspección.
Los propios agentes también tienen un buen historial de hacer lo correcto. Los casos de corrupción son pocos y mayormente aislados, un fuerte contraste con la avalancha de acusaciones contra funcionarios de la policía y otras instituciones públicas.







