Sobre las "contradicciones" de los Evangelios
Algunos detractores de la fe cristiana resaltan las incoherencias que se observan en los evangelios canónicos, las que, a su juicio, demuestran su falta de verosimilitud. La Última Cena, por ejemplo, es situada en dos momentos distintos por diversos escritos del Nuevo Testamento.
LA ÚLTIMA CENA. Mural de Leonardo Da Vinci, pintado a fines del siglo XV. YCDYCZ.COM

Por Hugo A. Berreta - Para LA GACETA - Tucumán
En primer lugar, debemos analizar la situación política, social y religiosa de Occidente en la época de Jesús. En un mundo regido por la ley romana, que era implacable pero garantizaba estabilidad y permitía alguna libertad de culto, nace el cristianismo como una secta más del abanico religioso judaico, dentro de una relativa tolerancia de las autoridades religiosas del Templo y en un momento en que la gente estaba esperando a Dios. Mientras el judaísmo ardía en ansias mesiánicas, en las sociedades grecorrománicas nacían preocupaciones individuales referentes al sentido de la existencia y el origen y destino del hombre, que las religiones vigentes, antiguas y primitivas, no podían satisfacer.
Al difundirse la noticia de la resurrección del Maestro, muchos discípulos comenzaron a predicar la Buena Nueva, en forma imperfecta y a veces contradictoria, porque no siempre podían recordar exactamente las circunstancias y las enseñanzas que habían recibido, en forma directa o a través de relatos transmitidos. Por eso aparecen contradicciones y diferentes narraciones en los Evangelios, si bien se trata, en su mayor parte, de detalles que no alteran sustancialmente el contenido teológico del texto.
Así, varía de un Evangelio a otro el orden en que se incorpora cada uno de los Doce al peregrinaje de Jesús. Los sinópticos no coinciden con Juan en la narración y ubicación temporal de la expulsión de los mercaderes del Templo; Mateo y Lucas narran en forma distinta la muerte de Judas, hay diferencias sobre la figura de Barrabás y respecto a las personas que contemplaron primero a Jesús resucitado, etcétera, pero estas contradicciones pueden también deberse a necesidades teológicas variables según la época en que se escribió cada Evangelio y la comunidad a la que estaba dirigido. Además, el mensaje bellísimo de las Bienaventuranzas no se altera por el hecho de haberse pronunciado en una montaña o en una llanura.
La Última Cena
El caso más trascendente de aparente contradicción se vincula con el momento en que tuvo lugar la Ultima Cena: mientras los sinópticos la ubican "en la fiesta de los ázimos, llamada Pascua", Juan dice que se celebró "antes de la fiesta de la Pascua". Parece irrefutable la crítica pero ocurre que en 1947 se descubren en las grutas de Qumrán, cerca del Mar Muerto, rollos de cuero recubiertos de signos, copiados por los esenios entre el siglo III a.C. y el siglo I d.C., que revelan que en los tiempos de Jesús coexistían en el mundo judío dos calendarios distintos en su uso, según las diferentes clases sociales.
En el judaísmo la importancia de los calendarios residía en la determinación de las fiestas y la organización del culto, y cada día comenzaba legalmente al anochecer del día anterior. El primer calendario, llamado "solar" (basado en el curso del sol), tenía 364 días, con 52 semanas justas, por lo que todos los años caían las fiestas importantes en miércoles, día en que comenzaba la semana. Fue el único que se usó en los primeros tiempos, pero en el siglo II a.C., por influencia del helenismo, la clase de mayor cultura adoptó el calendario "lunar" (basado en las fases de la luna), en el que todos los meses comenzaban con luna nueva y las fiestas se celebraban según las fases. Así, la Pascua debía coincidir cada año con luna llena, pero las fiestas ya no caían siempre en miércoles, sino que podían ubicarse en cualquier día de la semana, y por lo tanto también en sábado. Esto sucedió en el año 30 de nuestra era, en el que, según la mayoría de los exégetas, murió Jesús. Si suponemos que Jesús cenó con sus discípulos el martes a la noche, los sinópticos -que hablan según el calendario antiguo- tienen razón al referirse "al mismo día de la Pascua", y también es correcto que Juan diga que cenó "antes de la Pascua", porque siendo el más culto de los apóstoles seguía al nuevo calendario.
También la suposición de que la Última Cena se realizó un martes a la noche soluciona la dificultad que surge si se acepta que se celebró el jueves (Jueves Santo), y que al día siguiente (Viernes Santo) a la hora 15 expiró Jesús, ya que existe una gran cantidad de episodios que es muy difícil que puedan desarrollarse en un lapso tan breve.
Después de su arresto a la medianoche en Getsemaní, Jesús es llevado ante Anás para un primer interrogatorio. De allí pasa a la casa de Caifás, Sumo Sacerdote de aquel año, para ser juzgado por el Sanedrín, compuesto por 71 miembros. Seguramente fueron convocados de urgencia, pero debieron tardar un tiempo en concurrir dado lo intempestivo de la hora. Para que el proceso fuera legal se debía conseguir por lo menos dos testigos acusadores y además esperar hasta el amanecer, porque la legislación judía no permitía al Sanedrín sesionar de noche. Asimismo, la ley judía fijaba que entre el arresto de una persona y su condena a muerte debía transcurrir un mínimo de 24 horas, a fin de que la decisión que se adoptara fuera debidamente analizada. Por lo tanto, si la aprehensión de Jesús se realizó el jueves a la noche, tampoco pudo cumplirse este requisito básico de los procesos judiciales prescripto en el Antiguo Testamento.
El juicio de Jesús debió comenzar recién a la madrugada, pero los testigos se contradecían y se dilataba el proceso. Al fin, luego de deliberaciones que debieron llevar algún tiempo, el Sanedrín condenó a muerte a Jesús y lo humilló con golpes, escupitajos y burlas. Después llevaron a Jesús ante Pilato, previa reunión privada de los acusadores con el procurador romano. Luego, este interroga al reo y considera que es inocente, pero al enterarse que es galileo lo remite a Herodes Antipa, quien lo recibe en su palacio (distaba medio kilómetro del pretorio), goza con su presencia, le hace burla y como el reo nada responde, para ponerlo en ridículo lo cubre con un magnífico manto y lo devuelve a Pilato. El romano vuelve a reunir a los sacerdotes y al pueblo, discute sobre la culpabilidad del reo y, previa nueva conversación con Jesús, consulta a los reunidos su liberación o la de Barrabás. Siguen luego la flagelación y la coronación de espinas, la sentencia de Jesús, el vía crucis, su crucifixión y muerte.
En resumen, creo que por las obligatorias disposiciones legales judías mencionadas y el tiempo que requieren las secuencias narradas por los evangelistas, la Última Cena tuvo lugar el día miércoles (martes a la noche), no fue la cena judía de Pascua y no hay contradicción en la narración de este episodio de la Pasión. En tal caso debemos meditar que los sufrimientos de Jesús abarcaron un tiempo cuatro veces mayor que el que evocamos según la liturgia cristiana.
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Hugo A. Berreta - Ingeniero civil, escritor.
Autor del libro Meditaciones religiosas.








