¡Qué suerte que existen los realitys! ¡Qué suerte que una familia entera puede irse hasta África! ¡Qué suerte que los minutos de la televisión nos permiten ver un verdadero intercambio entre culturas, lenguas e idiosincrasias radicalmente opuestas! ¡Qué afortunados que somos por tener esta versión aggiornada de National Geographic! (Y con Mariano Peluffo que parece corresponsal de guerra: para que no queden dudas hasta una camisa tipo cazadora beige tenía puesta)
Estas expresiones resultan -créanme- tan genuinas como el encuentro entre las familias argentinas y las tribus del corazón africano en el nuevo reality de Telefé. "¿Y cómo fue la bienvenida?" -preguntó una cámara muda-. "La verdad es que son (los nativos) muy simpáticos, muy alegres... divinos", dijo una mujer paquetona con la cara ardida por el sol de la sabana.
"¡Ay, qué tierno, me muero!", describía una de las hijas adolescentes el momento en el que alzó entre sus brazos a un "indiecito". Otra de las chicas se desmayó cuando divisó, a lo lejos, a la tribu que le cantaba una canción de bienvenida: sus integrantes sólo portaban taparrabos. Después explicó que le había bajado la presión, pero sonó más a excusa para no confesar que temía que resultaran antropófagos.
"Los varones de la tribu comenzaron a notar la belleza de estas jóvenes mujeres", dijo una voz en off sedienta de morbo. (Que no les resulte extraño que al tercer capítulo anuncien las existencia de escenas de sexo prohibidas entre el hijo del cacique y la adolescente porteña)
Sentados encima de un tronco los miembros de las familias escucharon las reglas de convivencia y los requisitos para convertirse al aborigenismo de la boca del concejo tribal: "no escupir, los varones duermen fuera de las chozas, las mujeres se sientan con las piernas cerradas..."
Antes de que la tribu los nomine para abandonar la comunidad, tendrán que demostrar que son capaces de ser más aborígenes que ellos (si lo logran ganarán $300.000 que podrán gastar en un shopping, ¡uf!).
Tíldenme de pesimista, pero no me la creo, como tampoco puedo creer que sea otro de los exitosos productos de la televisión argentina. ¿Será que sólo damos para esto?
Estas expresiones resultan -créanme- tan genuinas como el encuentro entre las familias argentinas y las tribus del corazón africano en el nuevo reality de Telefé. "¿Y cómo fue la bienvenida?" -preguntó una cámara muda-. "La verdad es que son (los nativos) muy simpáticos, muy alegres... divinos", dijo una mujer paquetona con la cara ardida por el sol de la sabana.
"¡Ay, qué tierno, me muero!", describía una de las hijas adolescentes el momento en el que alzó entre sus brazos a un "indiecito". Otra de las chicas se desmayó cuando divisó, a lo lejos, a la tribu que le cantaba una canción de bienvenida: sus integrantes sólo portaban taparrabos. Después explicó que le había bajado la presión, pero sonó más a excusa para no confesar que temía que resultaran antropófagos.
"Los varones de la tribu comenzaron a notar la belleza de estas jóvenes mujeres", dijo una voz en off sedienta de morbo. (Que no les resulte extraño que al tercer capítulo anuncien las existencia de escenas de sexo prohibidas entre el hijo del cacique y la adolescente porteña)
Sentados encima de un tronco los miembros de las familias escucharon las reglas de convivencia y los requisitos para convertirse al aborigenismo de la boca del concejo tribal: "no escupir, los varones duermen fuera de las chozas, las mujeres se sientan con las piernas cerradas..."
Antes de que la tribu los nomine para abandonar la comunidad, tendrán que demostrar que son capaces de ser más aborígenes que ellos (si lo logran ganarán $300.000 que podrán gastar en un shopping, ¡uf!).
Tíldenme de pesimista, pero no me la creo, como tampoco puedo creer que sea otro de los exitosos productos de la televisión argentina. ¿Será que sólo damos para esto?







