20 Abril 2012 Seguir en 
PARIS, Francia.- La campaña electoral a la presidencia francesa se ha centrado en los temas clásicos. La seguridad interna, la política migratoria, el proteccionismo o un latente malestar con Europa son los titulares que dominaron la carrera hacia la jefatura del Estado, en la que los sondeos presentan al actual presidente, Nicolas Sarkozy, como perdedor.
La campaña electoral entró en su fase final con ultimátums, amenazas y fuertes cruces: Sarkozy quiere evitar por todos los medios que el poder vuelva a manos socialistas, algo que ocurriría por primera vez desde 1995, cuando François Mitterrand fue expulsado del poder por Jacques Chirac, compañero de partido de Sarkozy.
Las encuestas atribuyen a Sarkozy bajas opciones de hacerse con un segundo mandato. El candidato socialista François Hollande aparece con ventaja -aunque escasa- en todos los sondeos en una potencial segunda vuelta prevista para el 6 de mayo. Y parece que el último sprint de Sarkozy no podrá cambiarlo.
En la lucha por los votos, los candidatos franceses no se andan con remilgos: casi todos los 10 aspirantes hacen bandera de un fuerte patriotismo y de un latente escepticismo hacia la Unión Europea.
Sarkozy amenaza con la anulación de una Europa sin fronteras, regida por el tratado Schengen, y Hollande con la salida de la cúpula militar de la OTAN. Además, pretende renegociar el pacto fiscal si no se aprueba un programa coyuntural europeo financiado por bonos conjuntos.
Con un aislamiento mayor de Francia y también de Europa, el presidente busca atraer al electorado de la derecha extrema que apoya al Frente Nacional de Marine Le Pen.
La hija del fundador del FN, Jean Marie Le Pen, ve a Europa y también la globalización como una amenaza sobre todo para los "franceses originales". Las encuestas le atribuyen un apoyo de en torno al 15 por ciento. Los extranjeros le resultan sospechosos y no sólo exige medidas más duras contra la inmigración ilegal, sino también contra la legal.
Sobre Alemania, el socio más importante del país, Sarkozy considera que el tándem germano-francés no está actualmente equilibrado, en vista de la supremacía del "modelo alemán". Las relaciones bilaterales deben reestructurarse y no limitarse a una política económica de ahorro, cree Hollande, que critica la cercanía de Sarkozy a Angela Merkel. Como consecuencia de esas críticas, Sarkozy anuló sus previstas apariciones conjuntas con la canciller alemana.
El último tema central de la campaña fueron los atentados terroristas en Toulouse y Montauban, que reavivaron el debate en torno a la seguridad, un tema clásico de procesos electorales, que pasó al primer plano. Hasta el punto de que el diario "Libération" se preguntaba recientemente qué lugar ocupaba la crisis económica en el debate. Y respondía: "Para Sarkozy la seguridad es más atractiva que los asuntos sociales". "Lo peor es que da resultado", concluye el diario de izquierda.
Un candidato que aumenta sorpresivamente su apoyo es el ex socialista Jean-Luc Mélenchon, que ha movilizado al sector más a la izquierda del espectro político con una retórica agresiva y desplazado así al centrista François Bayrou al cuarto lugar y superando incluso a Le Pen.
Mélenchon tematiza las preocupaciones y miedos de amplias capas de la población al desempleo y la pobreza y se enfrenta a los ricos del mundo. Algunas de sus propuestas inspiraron sin embargo incluso al conservador Sarkozy, que abogó por crear un impuesto vinculado a la nacionalidad para los franceses que viven en el extranjero. El eurodiputado verde Daniel Cohn-Bendit le acusa sin embargo de ser un nostálgico. El "Dany el Rojo", como se le conoce en Francia, acusa a Mélenchon de querer enarbolar las banderas izquierdistas de los años 70. (DPA)
La campaña electoral entró en su fase final con ultimátums, amenazas y fuertes cruces: Sarkozy quiere evitar por todos los medios que el poder vuelva a manos socialistas, algo que ocurriría por primera vez desde 1995, cuando François Mitterrand fue expulsado del poder por Jacques Chirac, compañero de partido de Sarkozy.
Las encuestas atribuyen a Sarkozy bajas opciones de hacerse con un segundo mandato. El candidato socialista François Hollande aparece con ventaja -aunque escasa- en todos los sondeos en una potencial segunda vuelta prevista para el 6 de mayo. Y parece que el último sprint de Sarkozy no podrá cambiarlo.
En la lucha por los votos, los candidatos franceses no se andan con remilgos: casi todos los 10 aspirantes hacen bandera de un fuerte patriotismo y de un latente escepticismo hacia la Unión Europea.
Sarkozy amenaza con la anulación de una Europa sin fronteras, regida por el tratado Schengen, y Hollande con la salida de la cúpula militar de la OTAN. Además, pretende renegociar el pacto fiscal si no se aprueba un programa coyuntural europeo financiado por bonos conjuntos.
Con un aislamiento mayor de Francia y también de Europa, el presidente busca atraer al electorado de la derecha extrema que apoya al Frente Nacional de Marine Le Pen.
La hija del fundador del FN, Jean Marie Le Pen, ve a Europa y también la globalización como una amenaza sobre todo para los "franceses originales". Las encuestas le atribuyen un apoyo de en torno al 15 por ciento. Los extranjeros le resultan sospechosos y no sólo exige medidas más duras contra la inmigración ilegal, sino también contra la legal.
Sobre Alemania, el socio más importante del país, Sarkozy considera que el tándem germano-francés no está actualmente equilibrado, en vista de la supremacía del "modelo alemán". Las relaciones bilaterales deben reestructurarse y no limitarse a una política económica de ahorro, cree Hollande, que critica la cercanía de Sarkozy a Angela Merkel. Como consecuencia de esas críticas, Sarkozy anuló sus previstas apariciones conjuntas con la canciller alemana.
El último tema central de la campaña fueron los atentados terroristas en Toulouse y Montauban, que reavivaron el debate en torno a la seguridad, un tema clásico de procesos electorales, que pasó al primer plano. Hasta el punto de que el diario "Libération" se preguntaba recientemente qué lugar ocupaba la crisis económica en el debate. Y respondía: "Para Sarkozy la seguridad es más atractiva que los asuntos sociales". "Lo peor es que da resultado", concluye el diario de izquierda.
Un candidato que aumenta sorpresivamente su apoyo es el ex socialista Jean-Luc Mélenchon, que ha movilizado al sector más a la izquierda del espectro político con una retórica agresiva y desplazado así al centrista François Bayrou al cuarto lugar y superando incluso a Le Pen.
Mélenchon tematiza las preocupaciones y miedos de amplias capas de la población al desempleo y la pobreza y se enfrenta a los ricos del mundo. Algunas de sus propuestas inspiraron sin embargo incluso al conservador Sarkozy, que abogó por crear un impuesto vinculado a la nacionalidad para los franceses que viven en el extranjero. El eurodiputado verde Daniel Cohn-Bendit le acusa sin embargo de ser un nostálgico. El "Dany el Rojo", como se le conoce en Francia, acusa a Mélenchon de querer enarbolar las banderas izquierdistas de los años 70. (DPA)







