16 Abril 2012 Seguir en 
ROMA.- Benedicto XVI dirige desde hace siete años los destinos de la Iglesia católica y al igual que su predecesor, Juan Pablo II, persigue un objetivo sobre todos los demás: mantener a su rebaño de más de 1.000 millones de fieles. El Papa, que quiere preparar a su Iglesia para enfrentar un mundo orientado al consumo y alejado de Dios, cumple hoy 85 años.
Las grandes celebraciones no concuerdan demasiado con el reservado teólogo de origen bávaro. Tras su reciente visita a México y a Cuba y las celebraciones de Semana Santa, Benedicto XVI agradecerá una larga pausa en su residencia de Castel Gandolfo.
Pero no será tan así. Hoy el pontífice recibirá una delegación de su Baviera natal, encabezada por el primer ministro de la región, Horst Seehofer. Y seguramente, recibirá también una amplia colección de felicitaciones en las que, teniendo en cuenta su edad, le desearán sobre todo mucha salud.
El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, no se cansa de repetir que Benedicto XVI se encuentra bien, a pesar de que desde hace meses se desplace por la iglesia de San Pedro en una estructura móvil que permite descansar a sus rodillas.
Más que por su propia salud, el Papa alemán parece sobre todo preocupado por la de su rebaño. No en vano, el Jueves Santo se refirió a la "menudo dramática situación de la Iglesia" y pidió obediencia, con la mirada puesta en algunos reformistas que reclaman que se permita la ordenación de las mujeres y el matrimonio de los sacerdotes. Joseph Ratzinger es un conservador y casi nadie espera reformas durante su pontificado.
Pero quien durante 20 años fue prefecto de la Congregación de la Fe, ya marcó algunas líneas de actuación en los últimos siete años. Los libros sobre el pontífice y sus apariciones públicas muestran a un Ratzinger más abierto y relajado, aunque no abordó las reformas más ansiadas por una parte de la Iglesia, como las referidas al celibato o la moral sexual. Benedicto publicó tres encíclicas, dedicadas al amor y la esperanza, así como a cuestiones sociales. (DPA)
Las grandes celebraciones no concuerdan demasiado con el reservado teólogo de origen bávaro. Tras su reciente visita a México y a Cuba y las celebraciones de Semana Santa, Benedicto XVI agradecerá una larga pausa en su residencia de Castel Gandolfo.
Pero no será tan así. Hoy el pontífice recibirá una delegación de su Baviera natal, encabezada por el primer ministro de la región, Horst Seehofer. Y seguramente, recibirá también una amplia colección de felicitaciones en las que, teniendo en cuenta su edad, le desearán sobre todo mucha salud.
El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, no se cansa de repetir que Benedicto XVI se encuentra bien, a pesar de que desde hace meses se desplace por la iglesia de San Pedro en una estructura móvil que permite descansar a sus rodillas.
Más que por su propia salud, el Papa alemán parece sobre todo preocupado por la de su rebaño. No en vano, el Jueves Santo se refirió a la "menudo dramática situación de la Iglesia" y pidió obediencia, con la mirada puesta en algunos reformistas que reclaman que se permita la ordenación de las mujeres y el matrimonio de los sacerdotes. Joseph Ratzinger es un conservador y casi nadie espera reformas durante su pontificado.
Pero quien durante 20 años fue prefecto de la Congregación de la Fe, ya marcó algunas líneas de actuación en los últimos siete años. Los libros sobre el pontífice y sus apariciones públicas muestran a un Ratzinger más abierto y relajado, aunque no abordó las reformas más ansiadas por una parte de la Iglesia, como las referidas al celibato o la moral sexual. Benedicto publicó tres encíclicas, dedicadas al amor y la esperanza, así como a cuestiones sociales. (DPA)







