Las mujeres invisibles

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 17 Marzo 2012
Las prostitutas han salido a reclamar el derecho a trabajar. El reclamo, que pareciera exponer el colmo del absurdo en una sociedad de moral pública sesgada -que ha tenido que esperar la difusión pública de la protesta de Susana Trimarco para recién salir a cerrar los prostíbulos- muestra en realidad las puntas de un problema que nadie ha querido ver: las trabajadoras del sexo dicen que en las calles son consideradas un objeto y explotadas por degenerados, drogadictos, policías y corruptos; y que en cambio en los prostíbulos son protegidas y son libres de vender por su decisión su cuerpo.

Suena absurdo. Pero también es absurdo el oscuro mundo que ha sido invisibilizado por las autoridades desde siempre, arrojando a esas personas a las fauces de los explotadores, que no sólo son los proxenetas. Mundo invisibilizado para la gente, pero no para los policías: desde siempre se han encargado de arrestar por contravenciones y liberar a las prostitutas y travestis, y de incorporarlos a los archivos policiales con fotos sacadas en las constantes redadas llevadas a cabo en los prostíbulos de El Bajo, en la calle San Lorenzo, en la avenida Soldati y en determinados puntos de la periferia capitalina. ¿Se las acusaba de algo? De contravenciones, o se las llevaban en el marco de las "obligaciones de control" de la ley de profilaxis. Luego las chicas volvían a las calles y nada en el oscuro mundo del sexo pago cambió demasiado.

El caso de Marita Verón ha puesto el problema en una dimensión distinta. En los últimos años se ha sacado de la invisibilidad el tema de las redes de trata de personas, es decir a quienes obligan a mujeres a prostituirse y las esclavizan, física y psicológicamente, y en los últimos años la Justicia ha llegado, en algunos pocos casos, a los proxenetas. También ha habido una variación sustancial en la actitud frente a la venta pública de sexo, cuando hace poco más de un año la Presidenta tiró dardos contra los avisos clasificados en los diarios. Pero ha sido apenas una variante que no incomodó la hipocresía social que observa como una confusa mezcla tanto las mujeres que se ofrecen por alto precio en departamentos (y que parecen actuar por su cuenta) como la gente prostituida en calles y prostíbulos por pocos pesos. En el medio de esa trama indistinta, los grupos radicalizados y feministas ven cómo los proxenetas hacen su negocio.

¿Hacia dónde va la sociedad? En Holanda las prostitutas se exhiben en escaparates donde reciben a sus clientes cerrando una cortina, y en Suecia se ha aplicado el concepto de que hay que criminalizar a proxenetas, traficantes y clientes, definiendo claramente que las mujeres en ningún caso están en venta. Por eso se procesó a Julian Assange, fundador de Wikileaks, acusado agresión sexual. Argentina aún no empezó el debate: La Rioja ha sacado una ley provincial -la 8.166- que regula la actividad de los prostíbulos y obliga a los funcionarios a tener un registro en blanco de las prostitutas y de sus condiciones "de trabajo". Esa ley polémica ha sido denunciada porque viola la ley nacional que prohíbe los prostíbulos. O sea, hay espacio para discutir largamente.

De hecho, la Fundación Verón y Susana Trimarco no plantean que se persiga a las prostitutas, sino a quienes aprovechan su situación para explotarlas y a las redes de trata que hacen desaparecer gente para prostituirla. Y señalan que el poder no hace nada para evitarlo: por eso de la denuncia pública de Trimarco, publicada el domingo, se derivaron las clausuras. Pero la denuncia judicial había sido hecha hace tres años. Es que para fiscales, policías y funcionarios nada ha cambiado, y todo indica que cuando se aplaque la polvareda las cosas volverán a como era entonces y las prostitutas volverán a su mundo invisible y sórdido

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