A tres años y medio del conflicto que enfrentó al Gobierno nacional con el agro argentino, la tensión entre ambos sectores se mantiene intacta como el primer día. El paso del tiempo no parece haber sido suficiente para que el kirchnerismo, en la persona de la presidenta Cristina Fernández, se relaje y decida encarar un nuevo vínculo con el campo, la actividad productiva que vino sosteniendo el modelo económico vigente en la Argentina.
Durante el extenso discurso que la mandataria pronunció el jueves último, en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, hubo palos para todos los que no comulgan con la fe kirchnerista, y en esa volteada no podía quedar afuera el sector agropecuario. Cristina fustigó a los ruralistas por sus reclamos de asistencia financiera estatal ante una sequía que, insistió, no será tan crítica a los efectos de la cosecha como adelantaron desde las entidades rurales. Y remarcó que impulsará la toma de seguros obligatorios multirriesgo contra las inclemencias climáticas, porque no se puede dejar "todo a las manos de Dios y cuando haya problemas, que el Estado tenga que subsidiar" a uno de los sectores a los que, recalcó, "le fue muy bien en los últimos ocho años". Para convalidar esta aseveración, anunció que se registraron récords de producción de trigo y leche en 2011, al tiempo que anticipó que la cosecha de maíz rondará en 22 millones de toneladas y la soja en 48 millones de toneladas. En el Congreso, la Presidenta volvió a intentar una fórmula que emplea cada vez que se refiere al ruralismo argentino, que es abundar en datos sectoriales -de cuestionable origen- con ironías que divierten mucho al público kirchnerista, pero absolutamente nada a quienes sienten que el Estado nacional es demasiado demandante de recursos, y poco afecto a atender las necesidades que el campo viene planteando. Luego, otra faceta de la mandataria es mostrar un destello de conciliación, como cuando en su alocución recordó el conflicto Gobierno-campo, en 2008. "Enfrentados no hemos logrado nada", manifestó, y resaltó que durante aquella crisis "cinco, siete, 10 grandes firmas se quedaron con todo y se la llevaron toda". En esta línea, Cristina convocó a "la unidad y la organización de los sectores productivos argentinos" para que actúen coordinadamente "los trabajadores, los empresarios, el Estado".
Sin embargo, los últimos reclamos ruralistas parecen haber sacado de las casillas a la Presidenta, porque llegan justo en el momento en que el Gobierno pretende ahorrarse cada centavo que sea posible, a través de la quita de subsidios, por ejemplo, y de una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA) que, según análisis de opositores como el ex presidente de la entidad monetaria, Martín Redrado, tendría por objeto el constituir una "caja paralela" para disponer de recursos en tiempos de ajuste.
De cualquier manera, los hombres de campo no se sorprenden de la reacción oficial al pedido de asistencia a los damnificados por la sequía. De hecho, el agrodiputado tucumano Juan Casañas. "Aunque la Presidenta dice que no hay nada peor para los productores que una sequía, es mucho peor la persistencia de las trabas a exportar, los ROE y la falta de políticas adecuadas para la producción", subrayó. También lamentó que la jefa de Estado "siga insistiendo en que los efectos del fenómeno son mínimos, y en involucrar a un organismo serio como el INTA en esta afirmación, cuando todos los que pisamos el campo sabemos que serios fueron los daños, especialmente en el maíz, aunque la mandataria lo haya negado". Hay mucho descontento en el campo, en momentos en que el Gobierno soporta uno de los momentos más difíciles que le tocó afrontar.
Durante el extenso discurso que la mandataria pronunció el jueves último, en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, hubo palos para todos los que no comulgan con la fe kirchnerista, y en esa volteada no podía quedar afuera el sector agropecuario. Cristina fustigó a los ruralistas por sus reclamos de asistencia financiera estatal ante una sequía que, insistió, no será tan crítica a los efectos de la cosecha como adelantaron desde las entidades rurales. Y remarcó que impulsará la toma de seguros obligatorios multirriesgo contra las inclemencias climáticas, porque no se puede dejar "todo a las manos de Dios y cuando haya problemas, que el Estado tenga que subsidiar" a uno de los sectores a los que, recalcó, "le fue muy bien en los últimos ocho años". Para convalidar esta aseveración, anunció que se registraron récords de producción de trigo y leche en 2011, al tiempo que anticipó que la cosecha de maíz rondará en 22 millones de toneladas y la soja en 48 millones de toneladas. En el Congreso, la Presidenta volvió a intentar una fórmula que emplea cada vez que se refiere al ruralismo argentino, que es abundar en datos sectoriales -de cuestionable origen- con ironías que divierten mucho al público kirchnerista, pero absolutamente nada a quienes sienten que el Estado nacional es demasiado demandante de recursos, y poco afecto a atender las necesidades que el campo viene planteando. Luego, otra faceta de la mandataria es mostrar un destello de conciliación, como cuando en su alocución recordó el conflicto Gobierno-campo, en 2008. "Enfrentados no hemos logrado nada", manifestó, y resaltó que durante aquella crisis "cinco, siete, 10 grandes firmas se quedaron con todo y se la llevaron toda". En esta línea, Cristina convocó a "la unidad y la organización de los sectores productivos argentinos" para que actúen coordinadamente "los trabajadores, los empresarios, el Estado".
Sin embargo, los últimos reclamos ruralistas parecen haber sacado de las casillas a la Presidenta, porque llegan justo en el momento en que el Gobierno pretende ahorrarse cada centavo que sea posible, a través de la quita de subsidios, por ejemplo, y de una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA) que, según análisis de opositores como el ex presidente de la entidad monetaria, Martín Redrado, tendría por objeto el constituir una "caja paralela" para disponer de recursos en tiempos de ajuste.
De cualquier manera, los hombres de campo no se sorprenden de la reacción oficial al pedido de asistencia a los damnificados por la sequía. De hecho, el agrodiputado tucumano Juan Casañas. "Aunque la Presidenta dice que no hay nada peor para los productores que una sequía, es mucho peor la persistencia de las trabas a exportar, los ROE y la falta de políticas adecuadas para la producción", subrayó. También lamentó que la jefa de Estado "siga insistiendo en que los efectos del fenómeno son mínimos, y en involucrar a un organismo serio como el INTA en esta afirmación, cuando todos los que pisamos el campo sabemos que serios fueron los daños, especialmente en el maíz, aunque la mandataria lo haya negado". Hay mucho descontento en el campo, en momentos en que el Gobierno soporta uno de los momentos más difíciles que le tocó afrontar.





