03 Marzo 2012 Seguir en 
Cuando se inicia el período lectivo en Tucumán, se comprueba la existencia de cierto inconveniente habitual: que en los locales escolares no se han realizado los imprescindibles trabajos de reparación, o que los mismos están todavía en plena ejecución.
En nuestra edición de ayer mencionamos, entre otros ejemplos, el caso de la Escuela "Patricias Argentinas", que es notable por la importancia del establecimiento. Claramente expresó su directora que "es imposible iniciar las clases en medio de escombros y albañiles". Se trata de un problema que se reproduce puntualmente todos los años.
Entre los locales estatales, los destinados al funcionamiento de escuelas son los que deben soportar el más intenso trajín cotidiano, por la índole particular de su actividad. Y si agregamos que una buena cantidad de esos inmuebles tienen ya muchos años de existencia, es lógico que requieran un vasto arco de reparaciones: sanitarios, puertas y ventanas, techos, cañerías e instalaciones eléctricas, entre otros rubros. Es decir que cada vez que concluye un período de clases, se torna imprescindible efectuar concienzudos trabajos de reacondicionamiento, a fin de que puedan iniciar el siguiente en un razonable estado.
Esto es perfectamente conocido por las autoridades. Y por esa razón, no se entiende por qué, fatalmente, tales reparaciones no se efectúan durante los tres meses de vacaciones, en los que por estar suspendida la actividad escolar, resulta posible llevarlas a cabo sin perturbaciones de ninguna especie.
Por el contrario, sabemos que como algo normal es las tareas aludidas comienzan a ejecutarse tardíamente, en el último momento, cuando ya está encima el comienzo de las clases. Así, por lo general, no se llega a tiempo, y lo que suele suceder es que finalmente los trabajos quedan concretados a medias -o ceñidos sólo a lo indispensable- después de haber complicado la puesta en marcha de la actividad de enseñanza y de aprendizaje. Cualquiera sabe que la descripta es una situación común, y por eso mismo resulta inexplicable que se reitere sin correcciones.
Es evidente que semejante tesitura podría ser modificada de raíz, con una adecuada planificación. Se requiere establecer, antes de que termine el ciclo de actividad, las reparaciones que será necesario cumplimentar. Y, luego, dar comienzo a las mismas ni bien concluyan las clases, de modo que estén totalmente terminadas a la hora del recomienzo de aquellas. Se trata de un procedimiento bastante obvio, que alguna vez debiera empezar a aplicarse.
Casi no es necesario decir que la tarea que se cumple en las escuelas es una de las fundamentales dentro de la vida de toda comunidad moderna. El Estado tiene el deber de colocar entre sus prioridades todas las que se vinculen a su normal desarrollo. Esto implica tanto hacer las previsiones presupuestarias para afrontar los arreglos, como disponer los recaudos para que los mismos, repetimos, se desarrollen en la temporada de receso y estén concluidos al inicio de la nueva campaña.
Puesto que, en la temática que nos ocupa, se cuenta ya con una más que aleccionadora experiencia sobre los problemas que genera la demora, sería deseable que se ensaye el sensato procedimiento de prever y ejecutar las obras con la debida anticipación. Porque el período lectivo debe desarrollarse sin tropiezos desde el comienzo hasta el fin.
En nuestra edición de ayer mencionamos, entre otros ejemplos, el caso de la Escuela "Patricias Argentinas", que es notable por la importancia del establecimiento. Claramente expresó su directora que "es imposible iniciar las clases en medio de escombros y albañiles". Se trata de un problema que se reproduce puntualmente todos los años.
Entre los locales estatales, los destinados al funcionamiento de escuelas son los que deben soportar el más intenso trajín cotidiano, por la índole particular de su actividad. Y si agregamos que una buena cantidad de esos inmuebles tienen ya muchos años de existencia, es lógico que requieran un vasto arco de reparaciones: sanitarios, puertas y ventanas, techos, cañerías e instalaciones eléctricas, entre otros rubros. Es decir que cada vez que concluye un período de clases, se torna imprescindible efectuar concienzudos trabajos de reacondicionamiento, a fin de que puedan iniciar el siguiente en un razonable estado.
Esto es perfectamente conocido por las autoridades. Y por esa razón, no se entiende por qué, fatalmente, tales reparaciones no se efectúan durante los tres meses de vacaciones, en los que por estar suspendida la actividad escolar, resulta posible llevarlas a cabo sin perturbaciones de ninguna especie.
Por el contrario, sabemos que como algo normal es las tareas aludidas comienzan a ejecutarse tardíamente, en el último momento, cuando ya está encima el comienzo de las clases. Así, por lo general, no se llega a tiempo, y lo que suele suceder es que finalmente los trabajos quedan concretados a medias -o ceñidos sólo a lo indispensable- después de haber complicado la puesta en marcha de la actividad de enseñanza y de aprendizaje. Cualquiera sabe que la descripta es una situación común, y por eso mismo resulta inexplicable que se reitere sin correcciones.
Es evidente que semejante tesitura podría ser modificada de raíz, con una adecuada planificación. Se requiere establecer, antes de que termine el ciclo de actividad, las reparaciones que será necesario cumplimentar. Y, luego, dar comienzo a las mismas ni bien concluyan las clases, de modo que estén totalmente terminadas a la hora del recomienzo de aquellas. Se trata de un procedimiento bastante obvio, que alguna vez debiera empezar a aplicarse.
Casi no es necesario decir que la tarea que se cumple en las escuelas es una de las fundamentales dentro de la vida de toda comunidad moderna. El Estado tiene el deber de colocar entre sus prioridades todas las que se vinculen a su normal desarrollo. Esto implica tanto hacer las previsiones presupuestarias para afrontar los arreglos, como disponer los recaudos para que los mismos, repetimos, se desarrollen en la temporada de receso y estén concluidos al inicio de la nueva campaña.
Puesto que, en la temática que nos ocupa, se cuenta ya con una más que aleccionadora experiencia sobre los problemas que genera la demora, sería deseable que se ensaye el sensato procedimiento de prever y ejecutar las obras con la debida anticipación. Porque el período lectivo debe desarrollarse sin tropiezos desde el comienzo hasta el fin.





