Una apuesta a la intranquilidad

Por Juan Manuel Asis 02 Marzo 2012
No apures para hoy lo que puedes hacer intranquilo mañana. Sí, no leyó mal. Es una variante negativa del famoso "no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy". Es lo que parece marcar a la sociedad actual, que vive en el apuro constante, en el asfixiante último momento. Una actitud que sólo puede generar frustraciones, malos momentos, incomodidades y ofuscación. Así, por ejemplo, las negociaciones salariales entre Gobierno y docentes, en vez de empezar en diciembre y concluir en enero -sin afirmar que esto pueda ser efectivo- se hacen en febrero, cerca del inicio de clases, con la fecha acorralando las tratativas y llevando presión a ambas partes. Y hay que apurarse para cerrar y seguir, como sea, incluso con las escuelas sin estar aptas para recibir a los chicos. Así, en consecuencia, afloran de repente las necesidades -postergadas hasta el último minuto- de los padres de los alumnos. La escena de desesperación de los últimos dos días se expuso en el diario. Pensando que las clases podían empezar la semana que viene, los mayores abandonaron la tranquilidad de hacer las compras con tiempo y salieron a chocarse los últimas jornadas por el centro, con lluvia y con calor. "No se preocupe, déjelo para mañana"; esa parece ser la costumbre que ganó espacios en el último tiempo. El presente se destina a otra cosa, allí parece no caber el pensar en el mañana, sino privilegiar el apuro y la necesidad del hoy. Es una maña que contagió a todos, gobernantes y gobernados, como si en los nuevos genes hubiera ganado espacio el olvidarse de ser previsor. ¿Qué viene luego? ¿No prevenir nada? En este punto habría que detenerse en ese otro "es mejor prevenir que curar". ¿También la gente se olvidará de eso para vivir en el apuro permanente de tener que curarse a último momento, en circunstancias extremas y riesgosas? Siguiendo con esa línea, lo que cabría luego es que desaparezcan las proyecciones, que se fomente la despreocupación por el futuro -a quién le importa el calentamiento global y sus efectos en los que aún no han nacido, por ejemplo- y que se viva un presente de apuro, de corridas innecesarias, lleno de contratiempos e imprevistos.

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