02 Marzo 2012 Seguir en 
Sin duda, el mejor tributo que se puede dedicar a un pensador es editar sus escritos. Esta sabida verdad puede enunciarse a propósito de los hombres de la llamada "Generación del Centenario", que rodearon nuestra máxima creación cultural: la Universidad, proyectada en 1909, hecha ley en 1912 y puesta en marcha en 1914.
Como es conocido, fue el doctor Juan B. Terán (1880-1938) quien tuvo la feliz idea de crear la casa y quien la dirigió durante casi tres lustros. Terán, una de las grandes figuras intelectuales del país, desarrolló una vasta labor escrita, que consta en varios libros y en varias decenas de monografías, folletos y artículos.
Y bien, sucede que las llamadas "Obras Completas" de Terán, editadas en 1980 en 12 volúmenes, están agotadas desde hace ya largo tiempo. Esto además de que nunca fueron realmente "completas", dado que no se cumplió en su totalidad el plan inicial, que preveía, como se informa al final cada uno de los tomos editados, la impresión de dos más, y que comprendían, respectivamente, "Ensayos, conferencias, discursos" y "Escritos póstumos".
El fallecimiento de los miembros de la comisión compiladora y quienes con ella colaboraban, fue una de las causas determinantes de que las "Obras Completas" quedaran truncas. Lamentablemente, no se tomaron medidas posteriores para encargar a otras personas la tarea. Pero, de cualquier manera, como decimos, los tomos aparecidos no están hoy accesibles al público, lo que tampoco es de extrañar, si se piensa que han transcurrido 27 años desde su aparición.
Como lo hicimos notar días pasados, este año se cumple -el próximo 2 de julio- el centenario de la promulgación de la ley creadora de nuestra casa de estudios; y dentro de dos años se cumplirá el siglo desde que inició efectivamente su funcionamiento. Nos parece que, entre los festejos con que sin duda ha de evocarse fecha tan significativa, debiera estar la reedición de la obra completa del fundador. No solamente los doce tomos impresos en 1980, sino también los que estaban previstos y no vieron la luz.
Una medida de esa índole no solamente implica gratitud hacia quien creó la casa. También, proporciona a las generaciones actuales -desde el estudioso hasta el hombre común- la posibilidad de conocer en su fuente el pensamiento de este tucumano fundamental. Y, al mismo tiempo, nos parece que se debieran rescatar también del limbo de la bibliografía agotada, las obras de otros hombres que rodearon la fundación de la casa desde su primer momento. La compilación de trabajos de algunos de ellos, como los doctores Miguel Lillo, Alberto Rougés o Juan Heller, figura felizmente en el programa de ediciones del Centro Rougés, de la Fundación Lillo. Pero no ocurre así con otros. Del doctor Julio López Mañán, por ejemplo, podrían reeditarse su "Tucumán antiguo" y los textos de su brillante actuación de ministro, diputado nacional y experto en cuestiones jurídico-económicas. O del doctor Ernesto Padilla, sería justa la reedición de "Discursos", "De la reciente actuación" y "Un tercer cuaderno". Esto para citar sólo algunas posibilidades de una lista nutrida.
En suma, pensamos que, con motivo de su siglo de vida, la Universidad Nacional de Tucumán puede y debe rescatar la obra de su fundador y de sus primeros sostenedores. Para cumplir un deber de reconocimiento, a la vez que una tarea de cultura.
Como es conocido, fue el doctor Juan B. Terán (1880-1938) quien tuvo la feliz idea de crear la casa y quien la dirigió durante casi tres lustros. Terán, una de las grandes figuras intelectuales del país, desarrolló una vasta labor escrita, que consta en varios libros y en varias decenas de monografías, folletos y artículos.
Y bien, sucede que las llamadas "Obras Completas" de Terán, editadas en 1980 en 12 volúmenes, están agotadas desde hace ya largo tiempo. Esto además de que nunca fueron realmente "completas", dado que no se cumplió en su totalidad el plan inicial, que preveía, como se informa al final cada uno de los tomos editados, la impresión de dos más, y que comprendían, respectivamente, "Ensayos, conferencias, discursos" y "Escritos póstumos".
El fallecimiento de los miembros de la comisión compiladora y quienes con ella colaboraban, fue una de las causas determinantes de que las "Obras Completas" quedaran truncas. Lamentablemente, no se tomaron medidas posteriores para encargar a otras personas la tarea. Pero, de cualquier manera, como decimos, los tomos aparecidos no están hoy accesibles al público, lo que tampoco es de extrañar, si se piensa que han transcurrido 27 años desde su aparición.
Como lo hicimos notar días pasados, este año se cumple -el próximo 2 de julio- el centenario de la promulgación de la ley creadora de nuestra casa de estudios; y dentro de dos años se cumplirá el siglo desde que inició efectivamente su funcionamiento. Nos parece que, entre los festejos con que sin duda ha de evocarse fecha tan significativa, debiera estar la reedición de la obra completa del fundador. No solamente los doce tomos impresos en 1980, sino también los que estaban previstos y no vieron la luz.
Una medida de esa índole no solamente implica gratitud hacia quien creó la casa. También, proporciona a las generaciones actuales -desde el estudioso hasta el hombre común- la posibilidad de conocer en su fuente el pensamiento de este tucumano fundamental. Y, al mismo tiempo, nos parece que se debieran rescatar también del limbo de la bibliografía agotada, las obras de otros hombres que rodearon la fundación de la casa desde su primer momento. La compilación de trabajos de algunos de ellos, como los doctores Miguel Lillo, Alberto Rougés o Juan Heller, figura felizmente en el programa de ediciones del Centro Rougés, de la Fundación Lillo. Pero no ocurre así con otros. Del doctor Julio López Mañán, por ejemplo, podrían reeditarse su "Tucumán antiguo" y los textos de su brillante actuación de ministro, diputado nacional y experto en cuestiones jurídico-económicas. O del doctor Ernesto Padilla, sería justa la reedición de "Discursos", "De la reciente actuación" y "Un tercer cuaderno". Esto para citar sólo algunas posibilidades de una lista nutrida.
En suma, pensamos que, con motivo de su siglo de vida, la Universidad Nacional de Tucumán puede y debe rescatar la obra de su fundador y de sus primeros sostenedores. Para cumplir un deber de reconocimiento, a la vez que una tarea de cultura.





