Mientras se ajustan tarifas, Moyano y Scioli se caen del tablero K

La relación con el dirigente gremial parece no tener retorno, mientras que del gobernador bonaerense todavía se espera una muestra de sumisión.

Por Patricia Vega 05 Febrero 2012
BUENOS AIRES. - Para el cristinismo puro, a estas horas, Hugo Moyano y Daniel Scioli ya son considerados dos parias: no tienen retorno. Sin embargo, peronistas al fin, ellos saben que sacar los pies del plato del PJ es un camino peligroso y, antes de dar las hurras, los dos están danzando un minué de resistencias para evitar el ostracismo.

El jefe de la CGT, más belicoso y de menos aceptación social, parece que ya ha roto todas las lanzas con el Gobierno y no las tiene todas consigo, en cuanto a que muchos gremialistas de a poco le van haciendo un vacío; el gobernador bonaerense, más paciente, con más de 54% de los votos él también en sus alforjas y vastos apoyos en su territorio, calcula hasta dónde puede aguantar su imagen, antes de que parte de la opinión pública lo pase definitivamente a la categoría de pelele.

Políticamente, el desborde de ambas situaciones hay que encuadrarlo en la actual preeminencia del grupo más radicalizado en el entorno presidencial, que podría estar llevando a Cristina Fernández a cierto desequilibrio de fuerzas. Las referencias a la "burocracia sindical" o el "llora, llora la derecha" que canta el cristinismo y los grupos afines para referirse respectivamente a los dos caídos en desgracia no es, ni más ni menos, que el marco conceptual que anima al actual núcleo ideológico gobernante. Sin embargo, aunque deja hacer, es posible que la Presidenta tenga algunas prevenciones, porque sabe muy bien que esas referencias peyorativas hacia los ex aliados, finalmente la rozan a ella y a su marido, ya que ambos se apoyaron en esos dirigentes durante ocho años. Pero es probable también que haya algún matiz en la evaluación de ambos personajes: lo de Moyano no tiene retorno; de Scioli, aún ella espera sumisión.

Igualmente, los acontecimientos se suceden y la escalada de ambos conflictos resulta de final abierto. El caso del camionero, quien todavía tiene sobre su cabeza el expediente judicial de la "mafia de los medicamentos", discurre a mayor velocidad y hay quienes se ocupan de recordar que su infortunio tiene como punto de partida la noche anterior a la muerte de Néstor Kirchner, discusión telefónica a la que la familia parece adjudicarle el disgusto y la muerte del ex presidente. Desde allí, el titular de la CGT empezó a teclear y desde las elecciones mucho más. La última reunión formal con la Presidenta tuvo lugar en Olivos el 6 de setiembre del año pasado. Más allá de los mensajes cruzados y del acto en la cancha de Huracán, resulta más que lógico que la cuestión salarial "sin techo" sea la que haya disparado el último round de la relación, sobre todo en tiempos en que, para las cuentas oficiales, ya no son más de vacas gordas ni en dólares ni en pesos.

Ajustes negados

Para cuidar las divisas está Guillermo Moreno, quien tomó nota de la balanza de pagos negativa y obligó a parar importaciones y a restringir la compra de dólares de los particulares. Por otro lado, para empezar a superar el déficit fiscal, el Gobierno se ha embarcado en recorte de subsidios que se niega como ajuste de tarifas, pero que fatalmente impactará en el bolsillo directa o indirectamente.

Moyano siente que el Gobierno lo corre por izquierda hablando de la distribución del ingreso, pero que toma actitudes conservadoras de defensa de las posturas empresarias. En su último discurso, la Presidenta señaló -enredándose algo- el concepto "fijar una pauta", que esta vez no la habría para sindicatos y cámaras empresarias, ya que van a poder, dijo, "negociar libremente sus paritarias, pero de acuerdo a las rentabilidades que tenga la empresa".

Luego, Cristina señaló que el Estado sólo es parte en la negociación con sus empleados y criticó con dureza al sector de los servicios públicos, donde "las rentabilidades están dadas por subsidios y entonces se negocia con el dinero de todos los argentinos para aumentar salarios". Pese a lo interesante del argumento, esa misma delicadeza el Gobierno no la tuvo la semana pasada a la hora de tomar para sí la televisación del automovilismo (TC), a un costo también "con el dinero de todos los argentinos" de $ 400 millones.

Sin embargo, el anuncio más irritativo para el gremialismo pasó por el armado de la comisión informal de análisis de las empresas que anunció la Presidenta "para saber que lo que se está demandando no va a afectar la competitividad". Pese a los palos que repartió Cristina contra las empresas que no invierten y le pagan sueldos muy altos a directivos y gerentes, situación que le pidió a la AFIP que investigue, en la CGT se interpretó que la movida va a terminar siendo un laudo que aplicará el Gobierno cuando "se empantane alguna negociación", que intuyen será en contra de los trabajadores y que ahí entonces aparecerá el famoso techo.

Desde que el proyecto de escarbar en las ganancias empresarias fue boicoteado por la Casa Rosada, Moyano cree que la Presidenta ha tomado partido por el sector corporativo y que atiende sus demandas sobre costos salariales. "Hasta ayer, no creían que el salario fogoneara la inflación. Es más, decían que no había inflación. Ahora, sostienen lo mismo que los neoliberales", le dijo Moyano a sus acólitos en la terraza de la central obrera, el viernes en un asado.

Una referencia tan ofensiva como esa para el sentir del Gobierno ya había sido usada por el camionero en la televisión un día antes, a la hora de definir el concepto de "sintonía fina", a su juicio un eufemismo por el término ajuste: "Cuando comienzan con esas palabras medias (sic) especiales me hacen acordar al gobierno de Menem, a la flexibilización laboral. No estoy comparando nada, pero cuando aparecen esas palabras poco entendibles...". Cuando salió con los tapones de punta, ya Moyano le había enviado a la Presidenta la carta y el anexo sobre la situación de las Obras Sociales que distribuyó en el asado. En la misiva se enumeran los "puntos que son preocupación permanente de esta CGT", además de la cuestión salarial: el techo a las asignaciones familiares, el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, los trabajadores en negro, los subcontratados y los tercerizados.

Disparos al pecho

Más allá de las demandas, lo más fuerte son las alusiones continuas a "las políticas neoliberales" y puntualmente, en el caso de las asignaciones familiares, al "gobierno de De la Rúa, con Cavallo y Patricia Bullrich como ministros". Tampoco por el lado del Impuesto a las Ganancias, Moyano se anduvo con chiquitas, ya que recordó que "el carácter regresivo de este sistema impuesto por la dictadura militar y profundizado por los gobiernos neoliberales". Más allá de haber puntualizado que 80% de lo recaudado por ganancias personales proviene de los salarios de los trabajadores en blanco, el siguiente misil apuntó a la inflación, ya que, según la CGT, "si se hubiese actualizado", hoy el mínimo no imponible debería haber llegado a $ 11.600.

Por el lado de las Obras Sociales sindicales, Moyano volvió a recordarle a la Presidenta la deuda de más de $ 12.000 millones. Justamente, una de las primeras manifestaciones en contra del camionero fue quitarle la caja a los gremios y esta maniobra, según los sindicalistas, podría hacer que el sistema colapse.

Mariotto, el nuevo Cobos

El caso Scioli tiene otros bemoles, quizás de mayor peso ideológico como la cuestión del manejo de la seguridad como frontera innegociable con el gobierno nacional. La permanencia del su ministro de Seguridad, Ricardo Casal es irritativa para el gobierno nacional, no sólo por su persona, sino porque la política de la provincia no sigue los cánones de la ministra nacional, Nilda Garré, de tener una policía conducida por civiles.

Además, desde octubre, el gobernador tiene a su lado a Gabriel Mariotto, un gendarme dispuesto a limarlo en todas las instancias. Recibió a Garré hace unos días para diferenciarse de su jefe, camina la provincia, hace alianzas con intendentes, critica a otros por ser sciolistas y asiste a actos que van a contramano de los deseos del gobernador, como el del viernes pasado junto a los muchachos de La Cámpora y al Movimiento Evita, armado para destripar a la Bonaerense. Lo mismo que Mariotto le criticaba a Julio Cobos él se lo hace a quien debería ser su jefe directo.

Como el Cid Campeador, Moyano y Scioli ganaron grandes batallas para los Kirchner, pero ahora, desde el primer círculo presidencial, les ha llegado el destierro. Se sienten políticamente estafados, aunque no por eso saldrán tan pasivamente de la escena como el castellano, quien se fue al exilio con la cabeza gacha para no desobedecer al rey. Lamentablemente, se vienen tiempos de combates singulares.

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