El humor negro es un clásico en las redacciones de diarios. Ocurre que es un recurso frente a las tantas adversidades que conviven con los periodistas. Es casi una respuesta natural ante los asesinatos, los accidentes de tránsito, las escenas de violencia en todos los ámbitos, los desastres naturales y una larga lista de tragedias y hechos terribles con los que la prensa debe desayunar, almorzar y cenar cada día. El humor negro ayuda, en definitiva, a restarle densidad a ese cotidiano baile con la muerte y el dolor humano. Un clásico de verano, por ejemplo, son las inundaciones y las grandes tragedias. Está prohibido nombrarlas porque te tildan de "secante". Son noticias que, además, implican mucho trabajo. "Qué suerte que no hubo inundaciones en enero, espero que en febrero tampoco", disparó con malicia un periodista que ayer salía de vacaciones. Los que se quedaron le desearon las peores vacaciones.







