Descreídos o creedores

Juan Manuel Montero
Por Juan Manuel Montero 08 Enero 2012
"Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio". Muchos (¿todos?) conocemos de memoria la frase inmortalizada por Joan Manuel Serrat en Sinceramente tuyo. El problema es que el "Nano" (tal vez a propósito), no nos dijo nunca de cuál verdad hablaba. Tal vez, como los sabios, nos tiró un dato y dejó a nuestro criterio completar la información. La verdad es que a esta altura del partido ir a preguntarle sería una falta de respeto. Cada uno de los millones de millones de habitantes que tiene este mundo tiene su verdad. Y la defiende. A veces escuchamos explicaciones de otro, que modifican nuestra verdad. Pero somos desconfiados por antonomasia. La primera verdad es la nuestra. Y esas cajas de resonancia que conocemos como redes sociales se han transformado en la verdad absoluta. Claro, de la verdad del que la escribe. Ayer el gran tema de Twitter o en Facebook fue la salud de la presidenta Cristina Fernández luego de que se conoció que, finalmente y por suerte, no tenía cáncer. ¿Y entonces? Allí salimos como perros de presa a cazar a quien nos había engañado. ¿Cómo se podía jugar con la verdad? ¿Quién había osado mentirnos tan descaradamente? Y por supuesto, los bandos tardaron menos de un segundo en disponerse a la guerra. Había que defender la verdad a como dé lugar. ¿La verdad de quién? Siempre tiene que haber algo oculto. Todo tiene que estar en el medio de una conspiración. Desde la salud de la presidenta (la misma a la que votó más del 50% del electorado) a la renuncia de Jorge Rial a Gran Hermano. No importa el tema. 
Descreídos o creedores. Tenemos un poco de las dos cosas. La verdad, por suerte, se puede ir modificando. Y se llegará a otra verdad. No es cuestión de vida o muerte. No todo es blanco y negro. Los extremos, sobre todo en política, son pésimos. Y esa es la pura verdad.

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